Antonio Navarro, "mi arma secreta es el diálogo"

El secretario de Gobierno de Bogotá confiesa por qué madruga tanto, revela que es excelente bailarín a pesar de la prótesis y reconoce que no es fácil tener jefe después de 22 años de independencia.
Antonio Navarro, "mi arma secreta es el diálogo"

> ¿Por qué es tan madrugador?

 Porque al que madruga Dios le ayuda y a mí me ayuda a que rinda el tiempo.

> ¿Y también es trasnochador?

 No, me acuesto a las 9, me levanto a las 4:30 y estoy en la oficina a las 5:40.

> ¿Y la gente le sigue el ritmo?

 Sandrita, la secretaria que encontré aquí, es una patriota: viene a esa hora.

> ¿Qué hace para desconectarse de su trabajo? 

 Dormir.

> ¿En qué materia le iba mal?

Dibujo, pasé con tres raspado.

> ¿Qué extraña de Pasto?

 Poder ir a almorzar a mi casa.

> ¿Y aquí no puede ir?

 No, pero hay buenos corrientazos.

> Un truco para conservar la calma.

 Tomar agua aromática. No son las mismas agüitas de Uribe.

> ¿Cuál ha sido su trago más amargo?

 Cuando me amputaron la pierna, es lo más doloroso en la vida.

> ¿Cuál es su vicio?

 Los he ido dejando. Dejé de fumar en La Picota, porque quería tener un buen recuerdo de ese carcelazo.

> ¿Qué ha querido comprar y no ha podido?

 Soy de pocas compras. Vivo con lo esencial.

> ¿Qué lo obsesiona?

 Cumplir, lograr resultados, ser efectivo.

> ¿A qué se va a dedicar cuando se pensione?

 Me falta año y medio. Algo tengo que inventarme; si no, voy a envejecer a pasos agitantados.

> ¿En que quedaron los sueños del monte?

 Están vivos, solo que ahora tengo más instrumentos para lograrlos.

> ¿Cuándo siente que mete la pata?

 Cuando he peleado con gente que no debí pelear.

> ¿A quién no le pasaría al teléfono?

 A estas alturas vivo sin rencores ni prevenciones.

> ¿Qué no le gusta de Bogotá?

 Los trancones.

> ¿Cómo es la Bogotá de sus sueños?

 La ciudad tiene muchas cosas buenas y los bogotanos no son conscientes: la tasa de homicidios más baja, la mejor educación, la vida cultural, el mejor sistema de transporte.

 ¿Cuál es su récord subiendo a Monserrate?

 Hace seis años lo hacía en 40 minutos.

> ¿No extraña su puesto en la presidencia de la Santamaría?

 ¡Para nada! Los toros me dan pesar y me asustan. Si es por la adrenalina mejor me lanzo en parapente.

> ¿Qué opina de la imitación de La Luciérnaga?

 A veces hablan mejor que Navarro.

> Un puesto soñado.

 El único cargo que quise ya no lo puedo ocupar.

> Una deuda que no ha podido pagar.

 Con la gente a la que le duele que hayamos sido guerrilleros. Tenemos que convencerlos de mirar hacia adelante, pero es difícil.

> Un gesto de independencia.

 Estar aquí. Es la primera vez en 22 años que soy subalterno, me estoy acostumbrando.

> ¿Y cómo es Petro como jefe?

 Inteligente, creativo.

> ¿Cuál es mayor defecto?

 Soy muy acelerado.

> ¿Cuál es su mejor arma?

 El diálogo.

> Una película para repetir.

 El submarino amarillo, de los Beatles, y Fanny y Alexander, de Ingmar Bergman.

> ¿En qué gasta sin pensar?

 En libros. En la librería soy un peligro.

> ¿Qué le falta aprender?

 A tener buenas relaciones con los concejales.