Jamie Oliver, de "Dios de lo sano a Satán de la grasa"

El chef predica el consumo de comida sana, pero al parecer no lo aplica. Algunos de los platos de este reconocido chef británico son perjudiciales para la salud.
Jamie Oliver, de "Dios de lo sano a Satán de la grasa"

Si usted es de las personas que les gusta cuidarse y comer sano, probablemente no se le pasaría por la cabeza comerse una Big Mac. A lo mejor iría a la fija con un sándwich de albóndigas con verduras de la lista de recetas de Jamie Oliver, conocido por ser un defensor de la comida saludable. Pero, ¿qué pasaría si se entera de que lo que escogió tiene 692 calorías más que la tan criticada hamburguesa?

De acuerdo con el último reporte del Comité de Médicos para la Medicina Responsable, entidad especializada en nutrición y en ética investigativa, varias de las recetas publicadas en el libro Las comidas en 30 minutos de Jamie Oliver, que vendió más de un millón de copias, son perjudiciales para la salud. En el caso específico del sándwich de albóndigas, por ejemplo, se habla de 1.182 calorías, es decir, el doble de colesterol, sodio y grasas saturadas que una hamburguesa que contiene 490.

Pero más allá de contar calorías y de hacer comparaciones, lo que verdaderamente preocupa es que la credibilidad de uno de los chefs más premiados y queridos de estos últimos tiempos, está a punto de freírse. A sus 36 años, Jamie Oliver tiene en su hoja de vida 15 programas de televisión y más de 25 galardones y menciones que le valieron el nombre del “dios de lo sano”. Sus programas Jamie’s School Dinners, orientado a mejorar la calidad de la comida en los colegios, y Ministry of food, que buscan inculcar buenos hábitos alimenticios entre los británicos, lo catapultaron por encima de chefs como Gordon Ramsey y Anthony Bourdain, quienes también tienen programas de cocina.

El problema está en que los ingredientes que usa, a pesar de ser vegetales, al momento de combinarse representan más calorías de lo recomendable. “Lo que Jamie Oliver ha hecho para concientizar a las personas a comer sano es increíble; sin embargo, la mayoría de las recetas de su libro tienen más porcentaje de grasa y sodio que la comida procesada, o bien llamada “chatarra”, aseguró Susan Levi, vocera del Comité de médicos para la medicina responsable. Esto empeoró después que Cash, una organización que promueve la reducción del contenido en sal de la dieta para evitar problemas de salud, publicara en una investigación que las salsas de tomate para pasta de Jamie Oliver tienen más sal que ninguna otra en el mercado inglés.

Entonces, ¿con qué criterio puede este hombre opinar sobre el consumo de comida chatarra y vender la idea de una alimentación sana cuando sus propias recetas, hechas en su casa, con productos cultivados en su jardín, son más perjudiciales para el cuerpo que una dona o unas papas fritas? El chef británico no se ha pronunciado al respecto, lo que aumenta la tensión porque el público está acostumbrado a verlo en todo lado hablando sobre su comida, e incluso disfrazado de verduras para promocionar sus recetas. Sin embargo, un vocero del chef dijo que la gente tiene que entender que a la hora de comer hay que equilibrar, y que las recetas de Oliver son un balance entre comida sana y uno que otro gusto de vez en cuando.

Pero la gente ya no parece creerle mucho. Esta revelación fue el detonante para que varios de sus seguidores empezaran a quejarse de que las recetas de su libro Las comidas en 30 minutos de Jamie Oliver, en realidad no están listas en menos de hora y media. Edit Biharo, una de las más de 100 personas que han hecho pública su indignación, escribió en Amazon: “Después de abrir el libro, descubrí que las recetas de media hora solo existen en cocinas equipadas con más de 300 dólares en implementos, así que para lograr un comida decente hay que gastar una hora en la preparación y 30 minutos en la cocción”.

Como van las cosas, si Jamie Oliver no replantea sus recetas, o por lo menos, da la cara a las críticas, lo más probable es que su imagen de dios de la comida sana se queme. Y ahí no habrá ningún secreto culinario que lo salve.

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