!Que suenen las fichas!

Colombia ya batió el récord de asistencia a un torneo de Póquer en Latinoamérica. El nivel del juego ha subido tanto que un bogotano está a punto de consagrarse como el jugador del año en la región. !A barajar!
!Que suenen las fichas!

“El póquer es como el fútbol”. Lo dice Pablo González, el colombiano que encabeza la tabla de clasificación de la cuarta temporada del Latin American Poker Tour (LAPT) y que el próximo 24 de febrero, en la gran final de São Paulo, Brasil, podría coronarse como el jugador del año 2011 en Latinoamérica. Puede que no haya sido el de más ganancias, pero sí el más consistente en los torneos en los que ha participado.

El LAPT es una serie de torneos que se juegan cada año en diferentes ciudades latinoamericanas (Lima, Punta del Este, Viña del Mar…) y que el año pasado incluyó por primera vez una ciudad colombiana: Medellín. Y la razón no fue otra que el inusitado auge del juego del póquer en Colombia. Tanto es así que la parada de Medellín batió el récord de asistencia para un torneo de sus características, con 681 jugadores inscritos, 60 más que el de Viña del Mar.

Hace cuatro años, cuando se iniciaron los campeonatos latinoamericanos, Colombia ni siquiera se asomaba en las listas de vencedores. Pero gracias a los torneos en internet, auspiciados por las páginas pokerstars.net (en las que se juega con dinero ficticio) y pokerstars.com (en las que se juega con dinero real), los colombianos han adquirido un nivel de profesionalismo que ahora se ve en las mesas de juego reales. Sin ir más lejos, de los nueve jugadores que llegaron a la mesa final en Medellín, y que terminó ganando el argentino Julián Menéndez llevándose una bolsa de 123 millones de pesos, cinco eran colombianos. Y ni siquiera Pablo González estaba entre ellos.

A Pablo las cartas, simplemente, no lo favorecieron. Sentado con resignación a un lado de las mesas del casino, con unos prominentes audífonos colgados al cuello, y que suele usar en los torneos para no distraerse, no parecía estar molesto por haber sido eliminado. Al fin y al cabo es muy rara la ocasión en que un jugador profesional se altere en público por haber perdido. Son gajes del oficio. Como muchos de sus colegas, Pablo comenzó a jugar póquer por diversión, primero en las casas de los amigos, luego en las mesas que fueron surgiendo en Bogotá. Y se contagió de la fiebre hasta el punto de decidir tomar el juego como una profesión.

El póquer es tan complejo que es legendaria la frase de que es el único deporte que te tardas una hora en aprenderlo y toda la vida en dominarlo. “Es como el fútbol –dice Pablo, para intentar explicar su propia teoría acerca del juego–. Debes entrenar mucho, trazar muy bien las estrategias dependiendo de los rivales que vas a enfrentar, saber cuándo defenderte y cuándo atacar, y cuándo aprovechar las deficiencias de los contrincantes. Pero con todo y eso, por más bueno que seas, no puedes garantizar que ganes siempre. Un solo error te puede costar el partido”.

EGO, MALDITO EGO

De hecho, casi nunca se triunfa y son contadas las ocasiones en que se ganan dos torneos seguidos, como lo logró en 2010 el argentino Nacho Barbero, uno de los pocos suramericanos que ha aparecido en televisión jugando en la misma mesa con los grandes monstruos del póquer mundial: Phil Hellmuth, Daniel Negreanu, Jonathan Duhamel, Joe Hachem. Ese año fue mágico para Nacho en el LAPT. Ganó en Punta del Este (Uruguay) y luego en Lima, y con los torneos en los que participó en Europa y Estados Unidos logró acumular más de un millón de dólares en premios. Y sin embargo, en 2011 las cosas no le salieron como esperaba. Prácticamente no cobró y en Medellín los sacaron en las primeras manos. “Es difícil controlar el ego –dice Nacho con cierto dejo de frustración–. El año pasado gané todo y en cambio en éste… Quizás me ha faltado confianza y el ritmo de vida que adquieres al ganar tanto dinero, termina volviéndose en tu contra”. Es una cuestión sicológica. Como en el fútbol, diría Pablo González. Hay momentos en que un buen delantero entra en una racha en que patea y patea al arco y nunca le entra. En el mundo del póquer es así: lo que se obtiene, por más grande que sea, se pierde igual de rápido. Del millón de dólares, admite Nacho, queda más bien poco.

Porque los jugadores de póquer no solo se capacitan para ganar millones, sino para derrocharlos. Una vez concluido un torneo, suelen irse de farra para celebrar la victoria o ahogar la pena de la eliminación. “Y si te pasas y te acostumbras, te jodes”, confiesa Pablo. “Es muy complicado sostener ese ritmo de vida –continúa el colombiano–. Yo he estado en celebraciones en que los jugadores prácticamente nos tomamos un bar hasta que acabamos con el trago del establecimiento. Y entonces nos vamos para otro… y así. Por fortuna, yo he logrado controlarme porque tengo una familia que sostener. No voy a feriarme la plata de mis hijos”.¿Y los que no tienen obligaciones? Mayu Roca, otro de los grandes fenómenos colombianos de los últimos años, lo tiene claro. Comenzó jugando por internet hace seis años, mientras estudiaba Economía en la Universidad de los Andes. Pronto se dio cuenta de que tenía las suficientes aptitudes para vivir del póquer. Sólo que lo hizo racionalmente. Primero, acumulando un cierto monto de dinero que destinaría exclusivamente al póquer y apartándolo de sus ganancias ocasionales; y luego respetando ese monto y aumentándolo o restringiéndolo durante el juego, para ir progresando sin riesgo de entrar en bancarrota. Así, cuando pierde, solo pierde lo que estaba destinado a perder. Sin complejos, sin dramas. “Jugaba, ganaba plata e invertía. Es la única manera de mantenerse solvente sin arriesgar el patrimonio. El 90% de los descalabros es por la irresponsabilidad del jugador que lo arriesga todo sin reservas. Eso no lo hace un profesional”.

INTERNET, LA SENSACIÓN

El año pasado, a Mayu, como a Pablo, tampoco le fue muy bien en Medellín. Pero es que los torneos en mesas reales suelen ser engañosos a la hora de medir a los grandes jugadores. Su especialidad es el póquer en línea y en esta modalidad ya ganó un torneo del circuito mundial de póquer y ha acumulado ganancias por más de un millón de dólares.

El póquer en línea es mucho más rentable para los profesionales como Mayu y como Nacho Barbero. Pueden jugar en varias mesas al mismo tiempo y esquilmar rápidamente a los novatos. Si les va mal en una o dos mesas virtuales, puede que les esté yendo bien en las demás para compensar. Barbero, en particular, juega unos 4.000 dólares al día en Internet y puede ganarse 200.000 al final de la jornada. Por eso no se dejó tentar con la posibilidad de jugar un evento paralelo en Medellín cuya sola entrada costaba siete millones de pesos. “En Internet, jugando en 10 mesas, tengo garantizada la plata. En un torneo en mesas reales pierdes demasiado tiempo y corres el riesgo de que te vaya mal”.

Quizás por eso (y, claro, porque se puede jugar tranquilo desde la comodidad de la casa) es que el crecimiento del número de jugadores por internet se ha disparado en los últimos años. En 2011 fue del 35%. Sólo en las salas de pokerstars el aumento fue del 45% en usuarios de mesas gratuitas, y de 57% en mesas de dinero real. Sus usuarios en el mundo sobrepasan los 38 millones, 900.000 de ellos inscritos solo en Colombia.

LA EMOCIÓN DE UNA MESA REAL

Sin embargo, nada se compara con la emoción de una mesa real, con el sonido estimulante de las fichas, con la algarabía que suscita una buena mano y la decepción que provoca una derrota sorpresiva. En internet es poco lo que se puede comentar. En cambio en las mesas reales los eliminados buscan casi con desesperación a algún desprevenido entre el público que les oiga sus cuitas, la forma en que perdieron injustamente, los errores que los llevaron al descalabro. Las ganas de desahogarse son tantas que en muchos torneos los organizadores suelen contratar a alguien exclusivamente para que tenga la paciencia de escuchar a los perdedores en un rincón del casino destinado intencionalmente para ello.

Por eso profesionales y novatos acuden en masa a las mesas de los torneos, para sentir la adrenalina correr por su venas y jugarse su suerte en el verde paño del póquer en vivo. Hasta las celebridades se dejan tentar por la ocasión. Al comediante Jeringa se le vio perder feliz contra el profesional brasileño Andre Akkari. Y al mago José Simhon (que empezó a jugar póquer en Las Vegas mucho antes de que la televisión hiciera popular el juego) hacer malabares con las fichas y luego uno que otro truco de cartas después de quedar eliminado. El actor Luis Fernando Salas salió decepcionado tras anunciar victorioso un trío de sietes que le mataron con un trío de nueves casi imposible de adivinar. Todos con sus agüeros, rituales y amuletos, haciendo su mejor cara de póquer al lado de fenómenos como el costarricense Humberto Brenes, quien ha jugado con éxito varios campeonatos mundiales. Y por eso vuelven.

Muchos profesionales asisten a los torneos porque pertenecen al equipo de Pokerstars para torneos de mesas reales, y éste les cubre los montos de las entradas. A este club privilegiado luchan colombianos como Mayu Roca y Freddy Torres, dos de los mejores jugadores latinoamericanos de póquer en línea. “Son buenos prospectos –comenta Juan Manuel Carreño, gerente de Pokerstars para Colombia–. Pero no es el único. En el país ya existen al menos 90 jugadores de talla profesional”.

Unos 40 de ellos, incluidos Torres, Pablo González y Mayu Roca, viajarán a São Paulo para la gran final del LAPT. Sólo entonces se sabrá si González puede mantenerse en el primer lugar del escalafón y convertirse en el mejor jugador de la temporada 2011. Sería todo un privilegio para Colombia, y para él, por supuesto, pues tendría garantizadas todas las entradas del LAPT de 2012.

De vicio a deporte

El póquer se despojó de su imagen de mala muerte cuando ESPN comenzó a transmitir los campeonatos mundiales por televisión a todo el mundo, a finales de los 90. En vez de viciosos desempleados, los jugadores de póquer comenzaron a ser tratados como estrellas. La victoria de un novato como el estadounidense Chris Moneymaker en la Serie Mundial de 2003, por la cual se embolsilló 2,5 millones de dólares tras invertir apenas 40 en un torneo satélite para ganarse la entrada al torneo (cuyo costo era de 10.000 dólares), hizo pensar a todos los aficionados que era posible no solo volverse famoso sino millonario. Y entonces el número de jugadores se multiplicó. Si en 2003 habían participado 839 jugadores, tres años después el número creció a la impresionante cifra de 8.773. Ese año el ganador, Jamie Gold, se llevó 12 millones de dólares. En adelante, el número de participantes disminuyó debido a que tanta gente se hacía incontrolable. El más reciente ganador, en noviembre de 2011, fue el alemán de 22 años Pius Heinz, quien levantó un bote de 8’711.956 dólares. La popularidad del evento ha crecido también por la facilidad que permite el póquer en línea de desarrollar jugadores de alto nivel en cualquier parte del planeta. Sobra decir que ganar la Serie Mundial de Póquer es el sueño de cualquier jugador.