Amparo Grisales, en los ojos de todos

aunque no le gusta que le digan diva, oficia de diva. Así enloqueció a los barranquilleros y así se roba el show todos los días en yo me llamo. Sensual y explosiva.
Amparo Grisales, en los ojos de todos

Estaba radiante. Eran las nueve de la noche y en la silla de su habitación descansaban los penachos de plumas y el diminuto bikini con el que había erizado a los barranquilleros esa misma tarde. Con un cortísimo vestido negro y discreto maquillaje, Amparo Grisales nos abrió la puerta de su suite en un hotel de Barranquilla para hablar de su momento. Hacía un par de horas se había bajado de una costosa carroza en la que desbancó al popular Rey Momo y se metió de segundo lugar en la Batalla de Flores, justo después de la reina del Carnaval, Andrea Jaramillo Char.

No para de reír. Se le ve plena, satisfecha. Se declara sorprendida con lo que pasó aquella tarde, cuando miles de asistentes al desfile inaugural del Carnaval de Barranquilla gritaron enardecidos al verla salir de una camioneta 4x4 fuertemente escoltada para enfrentarse a los 40 grados del medio día, montada en una carroza. “Amparito, Amparito”, la llamaron. Ella, que ya no sabía para dónde mirar, se encaramó con algo de esfuerzo y apenas levantó los brazos y mandó el primer besó, percibió la histeria colectiva.

Quién se iba a imaginar que esta mujer que despierta tantos odios, que generó un movimiento en las redes sociales que vive para insultarla y agredirla, provocara semejante efecto. “Me ericé, me ericé”, decía el coro y como en una acompasada coreografía, hombres y mujeres levantaban el brazo haciendo la mímica de la frase que ya pasó a la historia.

Ella, la misma Amparo que suelta por igual frases antipáticas e hirientes a sus compañeros de set, a los concursantes de Yo me llamo o a Marbelle, se entregaba al público, quería hacerlo feliz. “Es mi gratitud por seguirme, por quererme. Eso demuestra que puede más el amor que el odio”. 

Es difícil hablar con ella y no preguntarle por ese sentimiento de antipatía que despierta. Pero ella interrumpe para pedir… ¡un helado! Son casi las diez de la noche y Amparo engulle con verdadero placer una copa con dos grandes bolas de helado de vainilla.

“Quiero celebrar, adiós dieta por hoy, me esforcé mucho preparándome para este día. Necesito recuperar fuerzas, hoy me comí hasta un arroz con coco” –dice ante mi cara de asombro por la confesión–. 

Pero, ¿necesita prepararse? Si usted siempre se cuida.Claro, hice tremenda dieta. Yo me cuido mucho pero cuando tengo un compromiso en el que debo mostrar el cuerpo, me preparo con una dieta muy especial durante diez días. Es la misma que saldrá en mi libro para el verano.

Y entonces, la curiosidad puede más. ¿Hay alguna mujer en el planeta que no quiera saber qué carajos hace Amparo para mantenerse así? Había que lanzar la pregunta.

¿Nos puede adelantar algo de la dieta? No comer carbohidratos ni grasas. Tomar muchas aguas orgánicas, como agua de cáscara de piña, agua de flor de Jamaica; el agua de apio con limón es lo primero que me tomo en la mañana esos diez días.¿Y para qué las aguas?Logras eliminar el líquido, no se te acumula, no te hinchas. Es para que tu piel quede así pegadita al músculo y que el ejercicio te haga marcar más. Como sin sal. Desayuno con arroz integral y pollo cocido porque el arroz integral te “jala” el líquido del cuerpo.¿Por qué tan drástica con la sal? Yo acumulaba líquidos y me inflamaba. Desde que tenía 27 años eliminé muchas cosas de mi dieta y me acostumbré. Para darle sabor a la comida le pico tomate chiquitico, con cebolla y cilantro. Es el único condimento.

Y ese bikini tan chiquito, ¿también fue idea suya? Cuando me llamaron de Caracol a decirme que me tenían una carroza para mí sola, yo sabía que quería salir como una chica de Ipanema. Es que yo viví dos años en Río de Janeiro y bailé dos Carnavales de Río con la escuela de Portella. Hice una película que se llamó Rei do Rio (Rey de Río) dirigida por los hermanos Barreto y allí interpreté a una actriz famosa y me tocaba estar en una carroza y sambé. Yo quería que el bikini fuera como un espejo y por eso lo llenamos de cristales Swarovski…Amparo interrumpe, llama a Paula, su asistente, y le pide que la comunique con Diego Guarnizo, director de Arte del Canal Caracol. “¡Mi amor, triunfé! No teimaginas lo que fue esto, fue una locura…

dime ¿cuántos cristales le pusiste al bikini?”.Le pusieron 20 paquetes de 1.444, en todos los tonos de azul. Orlando González hizo el tocado, la manilla y el accesorio de la pierna. La conversación se dispersa, porque ella no para de hablar de los detalles del día que reinó en el Carnaval de Barranquilla, pero volvemos al tema que quedó interrumpido con el helado, los secretos para la dieta y el bikini.

“Yo no sé por qué la gente no soporta cuando te ven triunfando y te ven bonita. Yo no hago ejercicio porque tenga un trabajo; lo hago porque es parte de mi vida, porque me gusta verme bien, es calidad de vida. Yo he sido atleta desde chiquita y la gente no se da cuenta de que todo esto me ha costado. He tenido mucho tiempo de trabajo. No entiendo por qué me agreden tanto por verme así”.

Sus manos recorren el cuerpo forrado en el pequeñísimo vestido negro. Y entonces, Amparo vuelve a explicar que ella no es antipática sino que cumple un rol como jurado en Yo me llamo, que su papel es calificar y advertirle a la gente que no haga el oso.  A estas alturas ya ha terminado el helado y, contra la teoría de las bebidas negras, sendas tazas de café acompañan la charla.

“Al final todas buscamos la belleza, todas queremos estar delgadas, la diferencia está en que yo lo logro trabajando, con disciplina y buena nutrición. Otras se hacen cirugías y se vuelven flojas. Lo que no es verdadero no podrá permanecer.

Está disfrutando de un cuarto de hora… Sí, de esos tantos cuartos de hora que me ha dado la vida. Gracias a Dios.

¿Y hasta cuándo va a seguir dando lora?Lo importante es trabajar porque eso no te deja poner pesimista y, combinado con el deporte, te hace tener una vida positiva, optimista, feliz. Cuando tú le das al universo cosas lindas, te devuelve bendiciones. La gente no conoce mi corazón, piensa que ser humilde es ser lastimero o agachar la cabeza. Pero a mí no me falta humildad. Al contrario, soy un ser profundo y aislado del mundanal ruido. Algún día tendré la capacidad de decir: ya no lo hago. ¿Por qué me tendría que retirar?Entra en escena una Amparo que habla de espiritualidad, de Dios, de la magia del universo. Y realmente se apasiona hablando de cómo medita con los ángeles, de que empezó cuando tenía 20 años gracias a un libro de Tasha Alvear llamado Donde cruzan los brujos. Habla de los seres de luz y de los 48 cristales que sirven para lograr diversos efectos. Le cambia la cara, se ve más adusta. Se lo toma muy en serio. Se molesta cuando Luz Amparo, su compañera de set en Yo me llamo, le arma bromas con el tema o cuando sus contradictores en Twitter le dicen que está loca.

¿Cuál es la fórmula para estar vigente tanto tiempo en este mundo donde la gente olvida muy fácil?Yo empecé muy pequeña y pude marcar una diferencia porque no había muchas ni tan improvisadas como ahora.

¿Las de ahora son efímeras?Uno no las nota porque además les gusta parecerse unas a otras, son como clones. Yo tuve la ventaja de que era un grupo más reducido y puedes poner tu impronta más fácil. El secreto es la disciplina y la autenticidad. Soy original, no trato de imitar a nadie, no vivo pendiente de lo que hacen los demás. Me concentro en trabajar y ser mejor. Es el paquete de cuerpo, mente y espíritu.

¿Eso lo da la madurez?La gente piensa que yo me quiero ver joven a la fuerza y no es eso. Quiero lograr esa armonía entre mente, cuerpo y espíritu. No es cuestión de arrugas ni es cuestión de edad. Yo trabajo constantemente proyectando mi mente en lo que quiero, en mis deseos. Todos buscamos el éxito.

Y en este medio también se necesita tener el cuero duro, ¿no?Uf. Me ha tocado verlo, sentirlo y sufrirlo. Pero por eso los regresos son más sorprendentes. Porque cuando te ven preparada y lista, la gente se sorprende y se da cuenta de que todo el tiempo has estado trabajando.

¿Así esté un poco sola?Yo la paso rico sola. Nunca me he deprimido por eso. Al contrario, me ha hecho pensar más, leer más. Además tengo más libertad. No tengo compromisos que me amarren, como los hijos. Eso hace parte de ese espíritu libre que yo he tenido siempre.

¿Y las parejas también amarran?Mis relaciones se han dañado por eso.

¿No le aguantan ese tren de vida?  No hay quien aguante.

Es el costo por ser diva. ¿Es duro de pagar?No, yo volqué mi vida en otras cosas para enriquecerme, para estar lista cuando me salga un trabajo. He aprendido a cuidarme sola. Lo de diva, yo no lo he buscado. Ya no me gusta que me digan así. Es una etiqueta que no tengo cómo quitarme, eso ya se quedó así. ¿Cómo quiere que la recuerden?¿Que me recuerden? Yo no me voy a morir todavía, me seguirán viendo, no recordándome.La carcajada inunda la habitación y queda en el aire el sarcasmo con el que marca su respuesta. “No, mi amor, todavía tengo mucha lora para dar”.