Mauricio "Chicho" Serna, juega de restaurantero

El exfutbolista paisa completa siete años de un agitado retiro. Empresario, representante de jugadores y ahora anfitrión del lugar que siempre soñó tener: un restaurante museo para seguir celebrando la pasión por el fútbol.
Mauricio "Chicho" Serna, juega de restaurantero

Aunque el presente del Chicho Serna está lleno de éxitos como empresario, sabe muy bien que lo más lindo en la vida se lo ha dado el fútbol. Por eso recuerda con tanto fervor la noche del 27 de noviembre de 2000 cuando, junto a sus compañeros del Boca Juniors argentino, como en una suerte de mística, consiguieron un 2-1 para la gloria. Ese día, rodeado de 12.000 hinchas xeneizes, celebró el triunfo de la Copa Intercontinental en Japón contra el Real Madrid, con el trofeo en una mano y la bandera de Colombia en la otra. El Chicho, ese jugador de 1,67 de estatura y voz ronca, hacía historia.

En 2005 se retiró del fútbol profesional. Se despidió en el equipo de sus amores, el Atlético Nacional. Tenía 37 años, que le habían alcanzado para ser campeón de torneos locales e internacionales y ser ídolo de uno de los equipos más prestigiosos del mundo. Sin embargo, la tristeza por dejar el balón casi no se le va: “Esos primeros meses fueron muy duros, yo creí que se me acababa el mundo, era como si me hubieran cortado los pies”. Sin embargo, esa etapa pasó y le sirvió para encontrar un camino como empresario. Se convirtió en agente FIFA para representar jugadores, entre ellos a Fredy Guarín, Camilo Zúñiga y Jairo Patiño.

Luego vino el “showbol”, un proyecto encabezado por Diego Maradona que convocaba grandes figuras de diferentes selecciones de América Latina y que el Chicho consiguió exclusivamente para Colombia por la amistad que comparte con el astro argentino. Así logró reunir figuras como el Pibe Valderrama, René Higuita, Óscar Córdoba, Jorge Bermúdez, Faustino Asprilla, Víctor Aristizábal y muchos otros para hacer distintas giras por Suramérica.

Desde hace varios años tiene una empresa que se llama Imagen y Mercadeo Deportivo, que le sirve como plataforma para impulsar emprendimientos como las canchas sintéticas, y “Campeones del futuro”, una iniciativa que busca identificar a niños y jóvenes de Antioquia con posibilidades de convertirse en jugadores profesionales.

Lo del restaurante era un sueño de hace tiempo. Lo hizo realidad durante un asado en su finca, en junio del año pasado, junto a sus cuatro aliados principales. Ahí nació Soccer Club, una propuesta de restaurante y museo para atraer a los amantes del deporte en Medellín. Entre los socios ilustres están el Pibe Valderrama, Óscar Córdoba, Francisco Maturana, Martín Palermo y Juan Román Riquelme, dos compañeros y amigos del Chicho desde sus épocas en el equipo xeneize.

La propuesta es ambiciosa. Un imponente lugar con una hermosa vista de la ciudad, comida gourmet, programación futbolística de primer nivel y un museo que recoge la historia del fútbol con prendas de ídolos nacionales y extranjeros. Para armar el museo, el Chicho empezó llamando a sus amigos. Así consiguió una camiseta de Hernán Darío Herrera de la Selección Colombia del 85; otra del defensa Carlos Mario Hoyos en el mundial de Italia; dos de Jaime Arango y Leonel Álvarez cuando el Nacional quedó campeón de la Copa Libertadores, y dos más de Andrés Escobar: la del mundial de Italia 90 y la de la Libertadores.

Tiene exhibida una de Maradona, la camiseta con que Riquelme ganó su último título con Boca, la última de Martín Palermo y los uniformes de Óscar Córdoba. También tiene las camisetas de Roberto Baggio, Messi, Pelé, Davor Zucker, Teddy Sheringham, unos guantes de Sergio Goycochea y, por supuesto, todas las que él vistió. En un lugar especial está la prenda con la que debutó René Higuita en primera división para Millonarios, y sus trofeos. También están las mascotas de los mundiales a escala. Todo exhibido e ilustrado con ayudas audiovisuales y fotografías.

Ese es el nuevo rincón del Chicho en Medellín. Un lugar en el que se estrenó como anfitrión desde hace dos meses y en el que da la bienvenida a muchos de los fanáticos que lo siguieron siempre: “Yo voy directamente a saludar a la gente. Me pongo a la orden y a muchos les cuento las historias que hay detrás de las camisetas. Es bueno estar presente y por eso ahora veo acá todos los partidos. Incluso dejé de ir a la cancha”. Dice que no tiene problema en acomodar sillas, juntar mesas y ayudar como cualquier empleado del restaurante: “Quiero que los que vengan estén cómodos y hasta mis hijos participan haciendo el recorrido del museo”.

El restaurante le sirvió también para que naciera un proyecto nuevo llamado Chicho a la carta, un programa de entrevistas en el que habla con personajes del fútbol. La primera charla fue con Martín Palermo, luego tuvo a Iván Zamorano y esta semana acaba de grabar un episodio con el reconocido ex jugador y presentador de ESPN, Enrique Wolff. También conduce –junto al periodista Sergio Eric Patiño– El fútbol nos une, un programa de actualidad futbolística.

Sus objetivos con Soccer Club no son pequeños. La siguiente etapa es Bogotá y luego, si todo va bien, Buenos Aires, una ciudad en la que dejó una parte de su corazón: “El fútbol me dejó muy buenos amigos”. Y por eso en algún momento tiene planes de ir a vivir allá de nuevo.

Este exvolante central, que hizo parte de la Selección Colombia más recordada de la historia, que critica sin pelos en la lengua a los dirigentes del fútbol nacional y que cree en el destino, tiene una meta por alcanzar: la de entrenador. “Me encanta, para mí es la materia que tengo pendiente”. Dice que ha recibido propuestas pero que no ha llegado el momento, que debe empezar desde abajo y que la idea de dirigir al Atlético Nacional es cada vez más lejana. Quizás ese sea uno de los motivos por los que quiera regresar a Argentina. Porque algo le dice que tal vez el idilio con la hinchada no ha terminado. Convicción es lo que le sobra.

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