Andrés Caicedo, "morir y dejar obra"

La Biblioteca Luis Ángel Arango presenta una exposición sobre la obra del escritor caleño. Hablamos con su hermana Rosario Caicedo a propósito de la muestra.  
Andrés Caicedo, "morir y dejar obra"

“El día que Andrés se mató…” lo dice sin tapujos, porque ella, Rosario Caicedo,  lo ve como el suceso más premeditado del mundo. “El día que Andrés se mató acababa de recibir su libro Que viva la música. Su muerte no me sorprendió. Es más, nunca lo cuestioné. El suicidio es la pregunta más misteriosa que uno se pude hacer”.

Tampoco se lo pregunta porque Andrés Caicedo respondió cualquier inquietud sobre la muerte en sus cartas. El trabajo epistolar del autor es quizá lo más importante de su obra. Desde la correspondencia que intercambiaba con sus amigos latinoamericanos interesados en cine hasta la memorable carta que le hizo a su mamá en uno de sus tantos intentos de suicidio.

“Por favor, trata de entender mi muerte. Yo no estaba hecho para vivir más tiempo. Estoy enormemente cansado, decepcionado y triste, y estoy seguro de que cada día que pase, cada una de estas sensaciones o sentimientos me irán matando lentamente. Entonces prefiero acabar de una vez”. Así decía la carta que se puede leer en el libro de Alberto Fuguet “Mi cuerpo es una celda”.

La ironía y el humor negro lo definían perfectamente.  Así lo dejó ver en una de las piezas más interesantes de la exposición, otra carta que escribió para el día de la secretaria cuando trabajaba en la agencia de publicidad Nicholls.

“Al terminar la jornada las teclas de mi máquina conservan las huellas de mis esforzados dedos sucios, y llego al otro día y encuentro todo pulcritud, todo fulgor. Yo que le paso una carta y usted (modestamente) cambia la mínima minúscula por la útil mayúscula, que además de que concede al destinatario el necesario tono de respeto, realza la importancia de mi pobre texto, vuelto por usted, grande e influyente”.

Sus palabras, sus letras, no son otra cosa que el reflejo de un jovencito de una precocidad literaria envidiable. Toda su obra, adaptaciones de teatro, críticas de cine, reseñas, cuentos y cartas, tiene justificación en el afán de Caicedo por devorar libros de grandes autores desde pequeño.

“Conoció la obra de Edgar Allan Poe  a los 10 años. Escribía como un loco, ni siquiera a las discotecas se iba sin su maquinita de escribir (expuesta en la Luis Ángel Arango). Y como si fuera poco, era de un orden aterrador. De todo lo que escribía hacía copia en papel carbón. Por eso recopilar su obra no fue difícil”.

Gracias a esa meticulosidad del autor sus grandes amigos, Sandro Romero y Luis Ospina (curador de la exposición) lograron consolidar una buena muestra de manuscritos, guiones, apuntes, fotografías, afiches, cartas y videos relacionados con la obra del autor caleño. La exposición está en la biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá y se puede visitar de manera gratuita hasta el 30 de marzo.

El 29 de marzo, a las 5:00 p.m. se presentará la única película que Caicedo filmó: Angelita y Miguel Ángel.