Mauricio Soler “De ese momento, gracias a Dios, no recuerdo nada”

Como un héroe que pierde sus poderes, este hombre, después de un grave accidente en bicicleta en Suiza, en lo mejor de su carrera, tuvo que cambiar su sueño de ganar el Tour de Francia, por la ilusión de aprender otra vez a caminar.
Mauricio Soler “De ese momento, gracias a Dios, no recuerdo nada”

Y pensar que este hombre se encontró de frente con la muerte y sobrevivió para contarlo.Todo fue muy rápido en aquella competencia ciclística en Suiza a mediados del año pasado. Su llanta delantera estalló a 72 kilómetros por hora, en medio del pelotón, mientras su cuerpo sin control volaba por los aires y se estrellaba contra una estructura metálica maciza como un yunque.

Hay que verlo, nueve meses después. Camina despacio, muy recto, con un pantalón de sudadera azul, una chaqueta gris de líneas más claras, tenis blancos y un morral en su espalda.

Se sienta con mucho cuidado, sus movimientos son los de un hombre de 29 años que teme el más mínimo roce con el mundo después de haber sufrido, en fracción de segundos, fracturas en siete costillas, tres huesos del cráneo, tres del hombro y tres de la pierna, todo de su lado izquierdo y, para rematar, con laceraciones en un riñón.

En la escala de coma de Glasgow, diseñada para evaluar el nivel de consciencia de los paciente que han sufrido un traumatismo craneoencefálico, Soler estuvo en el nivel más bajo, que es tres, sin respuesta ocular, verbal y motora. Lo más lejos que ha estado de su propia vida.

Ya pasaron nueve meses desde ese fatal 17 de junio de 2011, fecha de lo inevitable y el único día que Mauricio Soler no recuerda, el día que un impacto brutal paró de tajo los éxitos internacionales de este hombre nacido en Ramiriquí, al que la prensa especializada consideraba el nuevo deportista élite del ciclismo colombiano.Él sabe que su cuerpo fue demolido, pero también sabe que sus músculos superentrenados de deportista de alto rendimiento nunca le han fallado, y que son ellos los que lo van a levantar de nuevo piedra por piedra.

¡Qué fácil olvidamos que en el 2007, Mauricio Soler, con 25 años, se consagró como el mejor en la montaña, nada más ni nada menos que en el mítico Tour de Francia, venciendo al propio campeón de la vuelta, Alberto Contador! ¡Qué fácil olvidamos que él fue un motivo más de esas dichas efímeras que nos hacen sentir orgullosamente colombianos, el tiempo que dura un noticiero! Fin de la historia.

Después de su accidente cambiaron sus prioridades, ya no se trata de ganar carreras en tierras europeas o bajar sus tiempos, ahora lo importante para él es derrotar su parálisis facial, recuperar su motricidad, volver a pedalear y estar con su hijo de año y medio. Es por eso que los fines de semana son sagrados en Ramiriquí con su familia, mientras que de lunes a viernes vive en Zipaquirá, con Patricia, su esposa, para estar más cerca de la Clínica la Sabana, en Chía, donde hace su rehabilitación final como si se preparara para una Vuelta a Colombia.

Todavía añora cuando sus pulsaciones eran 39 por minuto. Me confiesa qué aún no ha podido bajar de 42. Sigue siendo un organismo privilegiado. Su apariencia frágil nada tiene que ver con su entereza y su elocuencia.

Por Twitter me llega una foto suya montado en una bicicleta roja por un camino destapado en medio del campo. Lo que pocos saben es que esa foto se la tomaron hace 20 días, cuando decidió ir pedaleando de su casa en Ramiriquí a la de sus papás para darles la sorpresa. “Lo hice con sumo cuidado –me confiesa– pero todavía me falta demasiado”. La camiseta de la combatividad la tiene tatuada en el alma.

Ya pasaron nueve meses desde su accidente. ¿Qué recuerdo tiene de ese momento? De ese momento, gracias a Dios, no recuerdo nada y espero que no lleguen nunca esos recuerdos. Pero algo debe recordar. De la Vuelta Suiza sí me acuerdo, el día que gané la etapa reina y que también me puse la camiseta de líder. Subirme ya al podio aquel mostraba que íbamos por buen camino para hacer un excelente Tour de Francia, y no lo pensaba sólo yo sino todo el equipo, pero bueno...Los toreros llevan la cuenta de sus cornadas, ¿los ciclistas llevan la cuenta de sus caídas? No en mi caso.Mauricio, ¿me puede hablar un poco más fuerte? Lo intentaré pues aún me cuesta…¿Qué dicen los médicos, cuánto hace falta para la recuperación total? Pues ellos dicen que como mínimo tres o cuatro meses. Pero el que de verdad lo sabe todo es Dios y todo se lo dejo en manos de Él y ya. Él sabrá por qué me pasaron estas cosas.¿Qué falló, qué pasó? ¿Ha pensado en eso? Pues, lo primero es que todo esto me pasó por estar –como dice la propaganda– en el lugar equivocado, en la posición incorrecta. Yo no me acuerdo de lo que pasó en la carretera, pero el suizo Fabian Cancellara, quien iba detrás de mí, ha dicho que entramos en un bache de los que quedan cuando levantan el asfalto para reparchar. Era un bordillo muy fino y, según Cancellara, yo intenté salir pero como la llanta es tan fina se estalló y, al estallarse, salí despedido por los aires y fui a parar contra una estructura metálica, que soporta la malla que cubre un parque infantil. Ese maldito poste me ocasionó todos los daños.¿A qué velocidad se estrelló? Yo salí volando cuando iba a 72 kilómetros por hora. Esa fue la última velocidad que registró el computador que va en la bicicleta monitoreando todo.¿Qué frecuencia cardiaca llevaba? No lo sé, y tampoco se lo he preguntado al médico porque debe estar en el registro de carrera.¿Qué pulsaciones tenía cuando estaba en plena forma? En mi mayor rendimiento llegue a tener, en reposo en la mañana, 39 pulsaciones por minuto. Pero ahora estoy “jodido”, como decimos los corredores.¿En cuántas pulsaciones anda? No he podido bajar de 42, que ya es bueno, pero quiero conseguir bajar de ahí la frecuencia.Después del accidente ¿cuánto lleva en recuperación? Dentro de dos días cumpliré nueve meses. Desde el día del accidente hasta hoy he estado todo el tiempo en una clínica.¿Qué es lo que más extraña de allá afuera? Extraño sentir la brisa que golpea la cara al ir en bici después de 20 ó 30 kilómetros, eso sí lo extraño bastante.¿Cuánto lleva aquí, en La Clínica la Sabana? Casi tres meses. La estadía acá ha sido una de las mejores porque estamos lejos de casa entre semana, pero los fines de semana vamos a Ramiriquí a compartir con el niño y con toda la familia. Eso también ha sido una terapia valiosa, la de estar en casa en el ambiente donde crecí, eso me hace sentir nuevamente vivo.¿Qué cree que ha sido lo más difícil de su recuperación? Los primeros meses en Suiza lejos de mi hijo, Juan Mauricio Soler Flórez. Gracias a Dios él nos ha esperado para dar sus primeros pasos y así tener la dicha de verlo empezar a caminar.¿Y en su parte física? Tener que volver a aprender a caminar, fue durísimo. Afortunadamente hay ángeles que me han dado la mano.Y ya camina muy bien, pero ¿ha vuelto a subirse a una bicicleta? Monto en bicicleta, pero en bicicleta estática, espero algún día volver a sentir el viento en mi cara, aunque... hace 20 días pude montarme en una bicicleta de montaña. Eso fue como ratificar que aún estoy vivo.¿Cómo fue esa pedaleada? Fueron casi 20 minutos. Fui de nuestra casa a la de mis padres. Para ellos fue una verdadera sorpresa porque no se lo esperaban¿Cuántas cuadras? Son cuatro kilómetros, pero con una ligera subida. Lo peligroso era volver, pero igual yo siempre he sabido la situación en que me encuentro, y lo he hecho con toda la precaución y, afortunadamente, todo ha salido muy bien.¿Ha vuelto a intentarlo? Hace cinco días intenté coger la bicicleta y me di cuenta de que falta muchísimo. Aún persiste el mareo. Espero que llegue el día del fin de este vértigo y pueda nuevamente volver a salir en mi bicicleta no 20 minutos sino una o dos horas.Después de todo lo que ha pasado, de lo que usted vivió, ¿falta más protección para los ciclistas? ¿Le cambiaría algo a la indumentaria del ciclista para hacerla más segura? ¿Ha pensado en eso? Este siempre ha sido y será un deporte riesgoso, hermoso pero riesgoso. Creo que con tanta tecnología se llegará algún día a que cuando alguien tenga un impacto como el que yo tuve no sufra tantas repercusiones.¿Qué tanto sufrió su cuerpo? Me fracturé la base de cráneo, el temporal, el occipital, la clavícula, el omoplato, la escápula, siete costillas, el cuello del pie, el peroné, rotura de ligamentos y laceración en un riñón. Todo el trauma fue en mi lado izquierdo.Usted llegó a Glasgow 3, el nivel más bajo de supervivencia a que llega una persona. A 3, casi muerto. Y a este nivel los daños cerebrales que quedan son incontables, incalculables y, afortunadamente, en mi caso todo muestra lo contrario, o sea que fue un milagro.¿Hoy qué es lo qué más le duele? Hablemos del cuerpo para no irnos a las nostalgias. Me molesta el tobillo izquierdo donde tuve fractura múltiple. Gracias a Dios que me accidenté en Suiza, donde utilizan unas técnicas modernas y agresivas. Si hubiese sido en otro país, no estaría contando el cuento.¿En qué cree Mauricio Soler? En Dios y la Virgen.¿Se ha vuelto más devoto? Yo creo que es difícil ser más devoto de lo que era.¿Carga alguna imagen? Bueno, sí, cargo una medalla de la Virgen del Milagro, la Virgen del Topo de Tunja.¿La cargaba en el momento del accidente? Sí, y se reventó y saltó lejos y no sé, como un milagro, el director del equipo –que sabía lo importante que era para mí– la encontró y hace ocho días la mandamos a reparar. Todavía no me la han entregado.¿Qué es lo más bello para ver en Ramiriquí, su tierra? El paisaje en mi finca, donde he procurado sembrar árboles que florecen, como cayenos y sietecueros. Son tres lotecitos pequeños que se han conformado en una especie de huerta a la que yo llamo “Los tres orejones”.Su primera bicicleta. A los 16 años fue mi primera bici, común y corriente... la verdad era más tipo cross.¿A qué edad llega al profesionalismo? Aquí en Colombia a los 22 y a los 23 años en Europa en Acqua & Sapone. Luego, firmé con Barloworld en el 2007, que fue inclusive el año donde gané con poca experiencia la montaña del Tour de Francia, la etapa reina de los Alpes, el mítico Alto del Galibier, fue un año espectacular. Pasé después al Caisse d’Epargne, equipo que desde el 2011 se llama Movistar Team. Mi contrato con ellos concluyó el 31 de diciembre del año pasado.¿Antes de subirse a una bicicleta qué quería ser? Me hubiese gustado ser un profesional, un médico, de pronto, pero como la mayoría pensamos, erróneamente, es en tener dinero...¿Y su papá qué opinaba de tener un hijo ciclista? Él es una persona muy tranquila, pero cuando decidí coger la bicicleta a él no le gustó mucho. Después dio el brazo a torcer por mis resultados, le demostré a él y a todos que podía ser uno de los mejores ciclistas de mi país.¿Qué quería entonces que usted fuera? No sé. Pero seguro que anhelaba que no fuese un vago y gracias a Dios no lo fui.¿Cuál cree usted que es su mayor defecto?  Pienso que un poco la terquedad, pero pienso que debido a esa terquedad he conseguido grandes cosasDespués del accidente, ¿por cuánto tiempo estuvo médicamente en coma inducido? Por 22 días.Cuando despierta ¿qué es lo primero que recuerda? Estaba muy confundido. Pero cuando desperté he pensado: “Si está Patricia, mi esposa, y está Argemiro que es mi cuñado y padrino de matrimonio, de seguro me ha pasado algo y me habrán trasladado a Bogotá”. Seguro estaba en Colombia, era lo que yo pensaba, y me preguntaba: “¿Por qué no me dejan ver a mi hijo, Juan Mauricio, de nueve meses de nacido?”. No poderlo ver me dolía mucho.¿Usted qué quiere que sea su hijo cuando grande? No sé, me encantaría que fuese un gran médico y que pudiera salvar muchas vidas.¿Y ciclista? La bicicleta es hermosa pero yo no se la voy a imponer. Si él practica algún deporte, me gustaría uno más sencillo, de menos riesgo, qué sé yo, como el tenis... Claro que tendrá su bicicleta.Aquí tengo a Patricia pero quiero que usted me conteste: ¿Su esposa hoy qué opina del ciclismo? Yo pienso que ella, como toda la familia de Patricia, siempre ha sido una enamorada de la bicicleta. A la bici se le ama en nuestra casa. Es como el primer hijo, se podría decir, porque fue lo primero que tuvimos.¿Cuál es el sueño de Mauricio Soler hoy en día?  Ya me queda como berraco pensar en sueños porque no se me debe olvidar que ya no soy un niño. Tengo 29 años y, sin embargo, uno de mis grandes sueños era volverme a subir en los Campos Elíseos y estar en el podio del Tour de Francia.¿Ahora qué viene? Terminar la rehabilitación aquí en la clínica y esperar que las cosas sigan por buen camino y dar todo de mí.Héctor Urrego, cuando pasó lo que pasó, hablaba de la mala suerte, ¿usted cree qué la mala suerte existe? No sé si se pueda catalogar como mala suerte pero sí hay momentos desagradables que han truncado mis sueños.A los ciclistas que comienzan a pedalear en su vida ¿qué consejos les daría? Sobre todo, que tengan humildad y sacrificio, dos cosas que, creo, le hacen bastante falta hoy a la juventud.Mauricio, para finalizar, se especuló mucho que cuando usted se cayó le había faltado técnica, más dominio en la máquina. ¿Es eso es cierto o son puras especulaciones? Bueno, puede que sea cierto, pero también es cierto que a la hora de hablar todos saben de todo. Por eso lo dejo en el pensamiento de cada uno. Yo he intentado hacer las cosas lo mejor posible.¿Qué aprendió con esta caída, hay alguna lección, hay alguna reflexión? Yo siempre he tratado de llevar las cosas casi cerca a la perfección y no sé por qué pasó esto, pero pasó. No sé, cuando pensé que me las sabía todas y que tenía una madurez importante y que podría llegar a intentar ganarme un Tour de Francia, ocurrió este accidente. Pero, como dicen, ya no hay que llorar sobre la leche derramada.  ***Se levanta y posa para unas fotos en medio de las máquinas de sus terapias. No deja de ser imponente con su metro y 87 centímetros de estatura. Lo llamé varios días después y me contó que Patricia, su esposa, andaba en las vueltas de la visa para acompañarlo a España. Él tiene residencia hasta el 2013. Viajan a Murcia los primeros días de abril para resolver asuntos con su aseguradora Mutua Navarra. La próxima cita es en bicicleta.