Lolo Sudarsky “dicen que yo no hago nada”

De los 12 meses del año, 10 está fuera del país, en Miami –su centro de trabajo– o en viajes de negocios vendiendo diamantes.
Lolo Sudarsky “dicen que yo no hago nada”

Cierre los ojos y dígame qué ve cuando le digo McDonald’s, Juan Valdez, AKT o La Fina. Casi en forma automática aparece la imagen de un payaso de overol amarillo, un campesino con una mula, un reggaetonero en motocicleta o una exreina en la cocina. Ahora, cierre de nuevo los ojos. ¿Qué pasa por su mente cuando le digo Lolo Sudarsky? Si usted es fiel lector de las páginas sociales de las revistas, seguro verá al mismo personaje de afro rubio, que no es “El Pibe” Valderrama, celebrando o posando con más gente, a veces en tumulto, a veces alineados para las fotos. A veces con pareo, a veces con los zapatos de moda, a veces con mujeres hermosas. Con sus 36 años, él es un invitado obligado de las fiestas inolvidables, de los festejos grandes y de los fandangos monumentales. Su sombra adornada de flashes susurra fama, rumba y dinero. Así lo vi en el Carnaval de Barranquilla, bailando en el cumbiódromo, y así aparece en unas fotos recientes en los salones del Hotel Dann, en el matrimonio de Jerónimo Uribe. El reto era encontrarlo fuera de las sociales, en su refugio, si había uno. Y sí, hay uno. En Miami Beach. En un piso 19 frente a La Gorce Island. Desde su balcón se ve un retazo de mar y del otro lado la casa de Jennifer López, una fachada sin mayor gracia, lejana a los recortes de prensa que empapelan la leyenda de su dueña. Titulares que dicen y fantasean que es la mujer más bella, que la cantante y actriz compró hace siete años por 14 millones de dólares, lo que se ve desde el balcón de Lolo Sudarsky, y que es la mujer más rica de Hollywood de ascendencia latina. Se pierde la atención en el vecindario y vuelve el interés por saber qué hace mi anfitrión lejos de los cocteles. Las primeras pistas son los destellos de un sol rebotando sobre la pasta de un suntuoso libro que habla de diamantes, encima de la mesa de su sala. Al fondo, una serie de desnudos en blanco y negro con los senos de la modelo preferida de Helmut Newton; de costado, un mesón de mármol negro, y detrás, nuestro personaje relajado queriendo atender a su visita. Suena Bob Marley.

Cuando Lolo está feliz sabemos dónde está... En Colombia.Y cuando Lolo está triste, ¿dónde anda?Encerrado en mi cuarto. Aquí, en Miami. Antes buscaba más ruido, hoy en día me tomo mi tiempo.¿Su gran refugio es este apartamento? Sí, este es mi refugio. Oigo música, veo los atardeceres desde aquí, mi otro gran hobby es el agua, me relaja ir en barco, bucear. Increíble, no me crié con el agua, pero hoy en día no podría vivir sin ella. ¿Qué es lo que más le gusta de Miami?¿De Miami? La tranquilidad, el clima, el agua.¿Y qué tiene Colombia que no encuentra en Miami?El saborcito. Un poco de desorden que también es bueno.Sus papás son Hilda Grossman y Nahum Sudarsky. Sí. Mi papá cachaco y mi mamá cartagenera.¿Y usted dónde nació?En Bogotá.¿Qué heredó de ellos?Heredé el buen humor y la fiesta de mi mamá cartagenera, y de mi papá saber hacer las cosas bien.Un recuerdo de infancia, en una familia de joyeros.Esa imagen a los cinco años de mi papá, que en ese tiempo vendía oro, mostrándonos todas sus cadenas, como en un cuento fantástico.¿Qué frase usa para levantarte todos los días?“La vida es un carnaval”.Lo veo más liviano.Siempre he sido deportista, pero el último año la verdad estaba gordo, por los viajes, la rumba, porque cuando estás viajando, estás comiendo mal, estás chupando, y con las picadas y eventos, estaba gordo como nunca había estado en mi vida. ¿Cuánto estaba pesando? Llegué a pesar 110 kilos. Fui al nutricionista, arranqué dieta, trainner, deporte, estuve un poquito como loco, volví a mi vida normal y ya me bajé 20 kilos. Ahora sigo dándole al deporte muy duro: aquí corro alrededor de 10 kilómetros en las mañanas, cuatro veces a la semana.¿La parte disciplinada suya está en Miami y la indisciplinada en Colombia?Exactamente, allá voy y me desjuicio . Allá me saco el diablo...... Es por eso que dicen que Lolo es un buena vida, un parrandero.¡Claro! Y dicen que no hago nada, que no trabajo, pero trabajo mucho y muy duro.Al año ¿cuánto está en Miami y cuánto en Colombia? Estoy más aquí en Miami, unos seis o siete meses. Y en Colombia alrededor de dos meses.¿Y el resto?Estoy viajando por toda Latinoamérica: México, El Salvador, Perú... Ahora tengo viaje para Argentina, para Brasil… voy para Canadá.¿Negocios?Detrás de cada viaje ya se hizo el negocio, pero igual se busca otro.¿Cómo son sus negocios?Vendo diamantes. Generalmente, voy a las bodas porque tengo relaciones muy fuertes con el que se casa, un muy buen amigo o, si no, un buen cliente, y voy a acompañarlos en un momento muy especial para ellos.  Así termino conociendo otra gente, otro posible comprador. Es mucho de relaciones, la gente siempre quiere trabajar con gente de confianza, creo que es el único negocio que existe todavía en el mundo sin contratos, todo es de palabra.¿Cómo así?Al nivel de mayoreo, no hay contratos de nada. Cuando yo les vendo a las joyerías o a los talleres, no hay contratos de nada. Yo vendo y despacho, no es como otras cosas que firmas contratos y garantías, que si no te dan la plata no entregas… acá no existe nada de eso. Aquí es la palabra y punto.¿Por qué cree que la palabra se ha mantenido en el negocio de los diamantes?Se mantiene porque la persona que la embarre, tiene una vez para embarrarla. El mundo, aunque es muy grande, a la vez es muy chiquito, y todo el mundo se entera y nadie vuelve a hacer negocios contigo. Acá lo único que importa es tu nombre.Es su caso, ¿su apellido Sudarsky?El apellido es la tradición familiar. Son 35 años en el oficio que comenzó mi papá.¿Verdad que el genio de los Sudarsky es exaltado... por no decir gritón?(Se ríe) Pero no el mío.¿El de su papá?El de mi papá era explosivo, pero ya no, ahora es el ser más relajado del mundo. Mi hermano mayor, Harry, es el de genio muy fuerte. Va a cumplir 41.¿Usted es el de la mitad?No, el menor, el que sigue es Jacky, que cumple 40, y yo 37.La ventaja de ser el menor.El más consentido, y que a los otros les ha tocado abrir el camino para mí.¿Y la desventaja?Que se la quieren montar a uno. Yo tomo mis decisiones, pero siempre los oigo.Una travesura memorable.Eso fue en el Bar Mitzvah para un primo, cuando cumples 13 años que haces como la primera comunión. Teníamos 12 años y nos fuimos donde estaban colgados todos los manteles lavados y secos y empezamos a prenderles fuego, casi quemamos la Sinagoga en Bogotá, la de la calle 79 con 11. Fue una locura, en ese momento era lo peor.Me dicen que su nombre no es “Lolo”. ¿Verdad que usted se llama Alan? Lolo.Pero eso es su sobrenombre.Yo olvidé mi nombre, mi nombre es Lolo. Así me puso una tía, y creo que me fue mejor que a un primo hermano, al que le puso “Cuco”, a ese le tocó peor que a mí. ¿Le pondría a un hijo Lolo? Claro, Lolo júnior.¿Uno es popular porque sale en las sociales o sale porque es popular?Las dos, yo creo que las sociales lo vuelven a uno popular y también cuando uno es popular no lo pueden dejar por fuera de las sociales. A mí me gustan. Yo adoro CROMOS, yo arranqué con CROMOS, para que vea.¿Arrancó en CROMOS?Ahí arranqué hace unos 20 años, en un reinado en Cartagena. Fuimos invitados con unos amigos al yate de la revista. Yo creo que ha sido el mejor yate que ha tenido CROMOS. Terminamos en una casa nuestra con el alcalde, con Amparo Grisales, con todo el mundo hasta las ocho de la mañana... y desde ahí empecé a aparecer en sociedad.¿Su mayor pasión? Me encanta la gente. Las relaciones son lo más importante que uno tiene. Aunque se ha vuelto diferente. Yo pienso que la nueva generación está un poquito jodida con toda la tecnología, el chat, el Facebook. Hoy en día los pelaos no conocen lo que es sentarse a conversar y conocer la gente como es. Hoy son tres mensajes... pero falta la vueltica.El tiempo, que le suma años, ¿lo trasnocha? No tanto porque siento que cada día me gozo la vida a tope. Me siento más joven que nunca.Un hombre de familia de joyeros, ¿se considera un tipo rico? Rico en valores. El más importante, el que mi abuelo me recalcaba siempre, es el nombre, que es lo que me ha servido para hacer mi negocio.Aparte del nombre, ¿cuál es su mayor fortuna?Mi familia. Y mis amigos, que gracias a Dios no me caben en los dedos de las manos. Tengo verdaderos amigos, no de dos años, sino de 30 años de verlos.Algo que no podría dejar por nada del mundo.Las mujeres. Eso por nada, mi hermano. ¿Y su pasión por la rumba?Hoy en día le he bajado porque estoy en la onda del ejercicio y es difícil mantener las dos a tope, pero me encanta la rumba.¿Y los diamantes? No los cambio por nada del mundo. Son parte de mi vida. Me encantan. Uno siente que cada diamante tiene una energía diferente. Es la piedra más preciosa que hay y por eso tiene el valor que tiene, mucho más que el que tienen otras piedras, por los millones de años que se demoran en crearse. ¿De dónde salen los diamantes hoy en día? La mayoría de minas están en Sudáfrica. De ahí salen a los cuatro mayores centros de corte del mundo en Israel, Bélgica, India y Nueva York. Ahí es donde nosotros hacemos el contacto y compramos y vendemos. ¿Quién es el comprador de diamantes?Todo el mundo es potencial comprador de diamantes. Casi siempre hay una historia de amor. Hay alguien que le quiere regalar a una mujer porque se van a casar, porque tuvo unos hijos, porque tuvo un aniversario, porque es la hija, porque le quiere dar algo a su mamá, siempre hay una historia de amor.Siempre abarca lo sentimental.Sí, siempre abarca lo sentimental. La gente queda muy agradecida, cuando me ve, dice: “Mira, este fue el que me hizo mi anillo para mi aniversario”. Me ve la esposa y sonríe y el esposo sale corriendo porque sabe que le va a salir caro.Un consejo práctico a la hora de ir a comprar un diamante. Que me llamen. Lo primero es ir donde alguien de confianza y que te explique cómo funciona y ya después puedes tomar las decisiones correctas. Hay muchas cosas sintéticas, hay muchos diamantes con tratamientos de láser y cosas que le quitan valor.¿Se imaginó alguna vez haciendo otra cosa?Me imaginaba en un momento que iba a ser arquitecto, no sé, no me pregunte por qué, bueno, tuve mi relación con la construcción. Recién graduado de Administración de Empresas de la Sabana, manejé toda la construcción del edificio del Banco Santander de la calle 100 con séptima.¿La construcción?Había un equipo increíble de diseño, de arquitectos, de ingeniería, había de todo. Pero yo era la mano derecha del dueño, el que firmaba los cheques, el que estaba en todas las negociaciones. Estuve metido en todo, desde que era pasto hasta que estaban 3.000 personas trabajando. Fueron cuatro años. Hasta ahí llegó mi experiencia de arquitecto.¿Por qué no siguió?Fue el año 2000, Colombia estaba un poco caótica y dije que me quería ir un tiempo. Me fui a los 25 años para Australia, viví allá seis meses y después viajé por la India.¿Y qué aprendió en Australia?No, allí estaba pelado, aprendí a vivir solo, nunca antes lo había hecho, entonces aprendí a vivir solo, a ser responsable en muchas cosas en las que no era responsable antes.¿Y en la India?Creo que es impresionante ver esta gente, la pobreza que tiene y los valores que tienen con su religión. Puedes caminar a las cuatro de la mañana en Bombay por donde quieras, que no te va a pasar nada, es increíble. Ver esta gente muriéndose de hambre y ver las vacas que es lo más sagrado para ellos y nunca las van a tocar.¿Más fácil escoger una piedra preciosa que una buena mujer?Eso es difícil. Escoger una buena mujer, todavía no he podido. Tal vez pasaron muy buenas mujeres porque he tenido novias fantásticas, amigas increíbles que pudieron haber sido pero no era el momento. Todo es cuestión de momento. Ahora estoy listo para que llegue la que sea.Un sueño.¿Un sueño? Pues estar casado y con familia.Una obsesión de su vida.¿Obsesión? El orden, me he vuelto obsesivo con el orden. No era pero me he vuelto. En la oficina todo tiene que estar perfecto, yo no era así, mi hermano Harry me volvió así.Un miedo.Perder a alguien cercano. Aunque he perdido a alguien muy cercano, sigue siendo un miedo. Perdí a Natalie Grossman, mi prima, que era como mi hermana. Murió muy joven, a los 22 años.¿Algo más lo marcó?Me marcó mucho una marcha que hice a los 16 años, que se llama “Marcha por la vida”, un viaje que hacen judíos de todo el mundo a Polonia a ver campos de concentración. Nosotros somos la última generación que podemos estar de frente a los sobrevivientes del Holocausto, y yo estuve con ellos.¿Cuánto caminaban?Es como una milla o algo así. Birkenau era un campo de trabajo y Auschwitz era el de la muerte, entonces cuando hacían esa caminata era porque ibas hacia la muerte.Algo que quisiera tener.Gracias a Dios tengo todo. Todo lo que deseaba tener lo tengo. Me encantaría un yate de 200 pies, pero puedo vivir tranquilo sin eso. ¿Qué es el dinero para usted?El dinero es para gozártelo, para hacer cosas que quieres hacer y para facilitar cosas, eso es todo. En todo lo que pueda ayudar, ahí estoy, me encanta. ¿Cuánto tiene en este momento en su billetera? (Mira y cuenta) 300 dólares. Hay una filosofía de ayuda.No es que quieras, toca, o sea, cuando Dios te ayuda y te da cosas buenas, es muy importante que ayudes a los otros. Una obligación al ciento por ciento.¿En qué cree Lolo?Creo en Dios, en la lealtad y en la confianza de las personas.Usted estudió gemología en Nueva York, ¿se imaginó alguna vez ser un gemólogo? La verdad, no, no me lo imaginaba.¿Y eso fue por iniciativa propia?No, mi papá y mi hermano me empujaron bastante. ¿Lo obligaron? Cuando me estaba devolviendo de Australia, me dijeron que fuera a estudiar gemología y luego me viniera para acá. Pero yo seguía con el cuento de volver a Colombia, hasta que me dijeron que dejara de ser tan bruto, que fuera a Nueva York a estudiar, y si no me gustaba, ahí sí me podía ir a donde quisiera. Finalmente lo hice, y llevo aquí once años. ¿Cuánto estudió en Nueva York?Seis meses. Es muy intensivo, es corto, pero hay que estudiar como loco. No soy muy bueno para el estudio pero terminé siendo el mejor de la clase. ¿Cómo empieza una clase de diamantes?Te muestran las piedras, toda la teoría, cómo se clasifican, los colores, las claridades, los tamaños. Después de eso me fui a Israel a trabajar en una de las fábricas que representamos, como una especia de pasantía.¿Qué trabajo tenía que hacer?Clasificar diamantes. Los ponen en una banda y toca clasificarlos por colores, tamaños. Es ahí cuando en realidad empiezas a aprender. ¿Qué pasó con el afro?Lo tuve por 20 años, pero de pronto el peluquero me dice: “córtese el pelo”. Y yo le digo: “¡Está loco! Hoy tengo mi fiesta de cumpleaños con 800 personas. ¿Cómo me voy a cortar el pelo?”. Hasta que de pronto dije: “hágale”. Llegué a la fiesta y la mitad de la gente no me saludaba, no me reconocía... Eso fue hace tres años, y lo subasté ese día, y un amigo lo compró por 500 dólares. Toda la fiesta, en vez de regalos, fue plata para donaciones para enviarlas Haití y a Chile.Otra cosa que quisiera quitarse.Los prejuicios. Bueno, y también el prejuicio hacia Lolo. Claro, más hacia uno. Por eso digo que todos tenemos prejuicios que no necesitamos.¿Tiene otra pasión, además de los diamantes y los amigos?Me gusta mucho el arte. Comprar y coleccionar me gusta mucho. ¿Cuál fue la primera obra que compró?Un Vik Muniz de la serie “Divas de diamante”. Es un artista brasilero espectacular. Lo conocí hace como nueve años. Él tiene una serie que se llama “Las nueve divas”, entre ellas tiene a Brigitte Bardot y Marilyn Monroe. Él pone los diamantes todos juntos, le da la figura de la persona, le toma una foto y hace una serie coleccionable. Yo tengo la de María Callas. ¿Negocia arte?El arte es asombroso, yo sigo comprando por supuesto como inversión, pero entonces te gusta, lo quieres vivir, lo quieres gozar y no lo vendes, no he vendido todavía nada, es como inversión supuestamente buena, pero aún no he visto plata.Un negocio en el que le haya ido pésimo.Me he metido en varios, pero en el único que me ha ido bien es en el de los diamantes. En internet, en la época del boom, me metí y perdí. Con los fondos también. Con máquinas para lavar carros. Como dice mi papá: “Zapatero a tus zapatos”.  

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