María Fernanda Rojas, a todo pedal

La nueva directora del IDU es una amante de la bicicleta: la utiliza desde hace años para ir al trabajo y hace poco se unió a un colectivo de mujeres que promueve su uso.  
María Fernanda Rojas, a todo pedal

Periodista por herencia, pero política de vocación, dice que cree en una izquierda sin fanatismos y confiesa que es una artista frustrada.

No es casualidad que la nueva directora del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), María Fernanda Rojas, venga desde hace unos meses usando su bicicleta con mayor frecuencia. Tampoco es que haya decidido desempolvarla porque, en realidad, ella monta desde hace tiempo; lo que sucede es que, desde que está a la cabeza de la oficina que tiene a su cargo los problemas de movilidad en Bogotá –que no son pocos–, se ha puesto en la tarea de impulsar con fuerza este medio de locomoción. Y todo porque está convencida de que es un elemento fundamental dentro del nuevo Sistema Integrado de Transporte que implementará el alcalde Petro este año.Para dar ejemplo, Rojas se ha unido a un grupo llamado “Mujeres en bici”, un colectivo que busca desmitificar la idea de que la bicicleta solo debe montarse los domingos en la ciclovía, y promover en las mujeres su uso para ir al trabajo sin importar la falda, los tacones o el maquillaje. Ella misma lo hace: cada que tiene reunión en la Alcaldía, situada a unas veinte cuadras de su oficina, en el centro de Bogotá, agarra la bicicleta y se va por toda la carrera séptima. La acompaña su conductor, que la escolta apenas a unos pocos metros. “A veces salimos con otros funcionaros del IDU que se van en carro y llegamos en la mitad del tiempo”, cuenta.Y aunque ahora la usa más que antes, lo cierto es que María Fernanda siempre ha sido una fanática de este medio. Cuando fue edil de Chapinero, en 2008, o incluso antes, cuando trabajaba con Antonio Navarro en el Senado, solía irse a trabajar en cicla. “Es chistoso porque la gente no está acostumbrada a verlo a uno en esas –dice–. Yo era de las únicas que solían llegar en bicicleta, igual que los porteros y los jardineros”. Y entonces, en medio de sus recuerdos, se cuela de inmediato la parte política: habla sobre la importancia de la bicicleta en esta nueva etapa del IDU, sobre ciclorrutas, infraestructura, seguridad vial. Es inevitable: pese a que es periodista, lleva más de diez años haciendo política. Y, como buen político, tiene que estar convenciendo a los demás de sus ideas.

***“Soy una mujer de vida sencilla: me gusta el ejercicio, el cine, la cocina y la lectura”. María Fernanda –estatura baja, 37 años, pelo a los hombros–, no lee tanto como quisiera por cuenta del tiempo que le quita la administración pública. Sin embargo, recuerda siempre un poema de María Mercedes Carranza titulado Bogotá, 1982. “Ciudad a medio hacer, siempre a punto de parecerse a algo”, dice su verso favorito que cita ahora, de memoria, desde su oficina en el centro. El lugar es el piso once de un edificio viejo desde donde se ve, a un paso de distancia, el cerro de Monserrate. “Leo para tratar de entender qué piensa la gente que habita este planeta. Le tengo miedo al provincianismo y me parece que a este país le ha hecho mucho daño esa mentalidad de creernos el ombligo del mundo”, dice. Quizás por eso su hoja de vida está llena de viajes y estudios en el exterior: cursos en Washington, Río de Janeiro, Estocolmo y Estrasburgo, y visitas de trabajo a Holanda, Bélgica y México para conocer el funcionamiento de los partidos políticos. Porque la política, al final, terminó absorbiéndola a pesar de que estudió periodismo por cuenta de su abuelo, Ramiro Mantilla, considerado el decano de los periodistas en el Llano y quien durante su vida en la capital pasó por medios como El Tiempo, El Espectador y CROMOS. “Yo nací en Villavicencio porque mi abuelo se fue a trabajar allí. Por esa época los periodistas eran medio artistas, bohemios, y él era un contador de historias impresionante: en las noches se sentaba a hablarme de sus viajes por el mundo y de la cantidad de gente que había conocido. Ahí comencé a entender que el periodismo y la política van de la mano. El abuelo fue mi personaje de infancia; me influyó tanto que terminé metiéndome a Periodismo a pesar de que quería estudiar Medicina”. Pero sucedió que entró a hacer prácticas en una ONG llamada Opción Colombia, conoció la Bogotá que está más allá de los cerros (trabajó en Kennedy, Bosa, Ciudad Bolívar), y descubrió que lo suyo era la política. Desde entonces está en eso y es poco, en realidad, lo que ha ejercido de su profesión. “Si tuviera que definirme diría que soy una persona de izquierda a la que no le gustan los radicalismos. Creo en una izquierda que intenta ser moderna y es absolutamente respetuosa de la democracia”. Y otra vez, sin poder evitarlo, comienza a hablar de política.

***“Si no estuviera metida en la política sería artista. Ese es mi lado frustrado y lo que me hace feliz en la vida”, confiesa María Fernanda. Por eso hace ya unos años se matriculó en un curso de teatro en la Alianza Francesa. Estuvo un año planeando con su grupo, de a poquitos, un gran montaje de Hamlet, la obra de Shakespeare. Al final se retiró porque sabía que no era eso a lo que terminaría dedicándose. “Fue una experiencia temporal pero grandiosa: el teatro te hace crecer como ser humano. Además, alcancé a conocer una cantidad de gente interesante”. Trató también con la música –toca piano y un poco de violín–, pero al final pudo más la pasión por el servicio público. Hoy tiene el privilegio de involucrar en su trabajo el amor que le tiene a la bicicleta y continúa con ese terco empeño de convertir a Bogotá, la ciudad donde vive hace más de veinte años, en un lugar menos caótico en términos de transporte. “La gente lleva años acumulando rabia y vive con una sensación de impotencia que termina haciéndole daño a la ciudad”, concluye. Quizás, por eso, subirse a la bicicleta sea una primera forma de empezar el cambio.

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