Taylor Wilson, el científico más joven del mundo

A este joven le gusta jugar con materiales radiactivos. A los 14 años logró una reacción de fusión nuclear, algo que solo habían hecho 31 personas más en la historia.  
Taylor Wilson, el científico más joven del mundo

A los 12 años, Taylor Wilson quería crear una estrella en un frasco. Su sueño, como los sueños de todos los niños, era solo eso, un sueño. La gran diferencia entre un niño común y corriente y Taylor, es que los sueños de los niños generalmente no se cumplen. Unos quieren ser astronautas, otros policías, y terminan siendo abogados o periodistas. La vida le cambia a uno los sueños y las aspiraciones. A Taylor Wilson se le efectuó el sueño, y eso que era absurdo. A los 14 años recién cumplidos, logró una reacción de fusión nuclear, cosa que únicamente habían hecho 31 personas antes que él, todos connotados científicos.

Su taller, o mejor dicho, su laboratorio, es el garaje de su casa. Ahí tiene una colección de materiales radiactivos, muchos de los cuales pesca en desiertos donde el Gobierno de Estados Unidos hacía experimentos con bombas atómicas. Hoy tiene 17 años y es un físico nuclear. Se graduó así de joven porque comenzó de pequeño, y bueno, porque es genio.

A los 10 años colgó una tabla periódica de elementos en una de las paredes de su cuarto, y en una semana ya había memorizado todos los números, masas atómicas y puntos de fusión de cada elemento. Su último logro fue ganarse un premio en la Feria Internacional de Ingeniería y Ciencias, montada por Intel, por hacer un detector nuclear para escanear cargamentos que vienen del exterior. A Taylor le costó unos cuantos cientos de dólares crear este aparatico, capaz de reemplazar en eficiencia máquinas que quintuplican su valor. Ya está en conversaciones con el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense para volver su proyecto realidad.

Taylor estudia en la Universidad de Nevada en Reno, y atiende una escuela para jóvenes superdotados donde su intelecto sobresale. Este apoyo académico le ayudó a sacar sus proyectos adelante, por más absurdos que parecieran.

Todo empezó cuando su abuela le regalo un libro, El boy scout radiactivo, escrito por Ken Silverstein. El libro cuenta la historia de David Hahn, un joven que a principios de los noventa intentó hacer un reactor nuclear en el jardín de su casa. Taylor leyó el libro y se fascinó con el mismo reto. Cándidamente les dijo a sus padres: “Yo puedo hacer lo que él quería”. Y se puso manos a la obra.

Kenneth, su papá, es embotellador de Coca-Cola. Su mamá, Tiffany, es instructora de yoga. Aunque nunca entendieron los gustos nucleares de Taylor, lo apoyaron mientras él recorría solo un mundo apenas conocido por un puñado de científicos. A la mayoría de los padres de familia les preocupa cuando sus hijos juegan con fuego, pero Taylor estaba jugando con radiactividad. Con preocupación, Kenneth llamó a un amigo, farmaceuta nuclear, para que revisara el laboratorio que su hijo había montado en el garaje sin que nadie lo notara. El improvisado inspector nuclear se encargó de calmarlo al comprobar que el joven genio había adoptado todas las medidas de seguridad. Podía estar tranquilo: la casa no estaba en riesgo de estallar en mil pedazos.

Taylor pudo haber tenido intenciones siniestras. Habría podido ser, por ejemplo, un Lex Luthor en potencia, capaz de producir kriptonita. Pero por ahora solo le interesa promover las ventajas de la tecnología nuclear. El futuro, dice Taylor, es de los niños. Y uno podría añadir que, sobre todo, para niños como él. Ahora está trabajando en desarrollar isótopos médicos como tratamiento de cáncer.

Es posible que él nunca hubiera logrado crear una estrella en un frasco si sus padres no hubieran creído en él, y si unos académicos no le hubieran puesto bolas a sus avanzados conocimientos académicos. Y, claro, si no hubiera existido internet, donde encontró todo el material que necesitaba para educarse. Ahora sus padres, sus maestros y la comunidad científica en general, ruega para que su talento no se desvíe hacia el lado oscuro y no se convierta en un pequeño Darth Vader. Que la fuerza lo acompañe.

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