Alfredo Ramírez, colombiano por los aires

 Es un barranquillero de 23 años que estuvo a un paso de coronarse campeón mundial de aviones de papel.
Alfredo Ramírez, colombiano por los aires

El Hangar 7 de Red Bull en Salzburgo, Austria, es uno de los museos de aviación más famosos de Europa. Ubicado en el aeropuerto de esa ciudad, cuenta con un lujoso restaurante y una colección de aviones y carros de todas las épocas. En él se desarrolló el Red Bull Paper Wings 2012, certamen en el que un colombiano se hizo sentir.

Alfredo Ramírez, nacido hace 23 años, compitió en la categoría acrobacia. Empacó maletas gracias a su triunfo en el campeonato nacional celebrado en Bogotá y a su primer puesto en las eliminatorias de Suramérica y el Caribe. La segunda vez en seis años representando a la región y la manera más oportuna de celebrar su grado de ingeniero aeronáutico. “En el 2006 fue el debut de la competición. Yo me la pasaba haciendo aviones de papel en la universidad y llegó la gente de Red Bull promocionándolo. Me inscribí en lo mío, en acrobacias. Tenía un avión que hacía un remolino de cuatro pisos. Pasé las pruebas y quedé cuarto en Austria”, declaró en exclusiva a Cromos.

Su pasión por volar se remonta a sus años de estudiante de colegio. De una mañana de recreo a dejar huella en el viejo continente. “Tiré un avión de papel y quedó suspendido por un tiempo, como si tuviera motor. Lo volví a intentar, pero no funcionó. Ahora que soy ingeniero sé lo que sucedió y es la misma ley física que uso en mis proyectos”. La técnica de Alfredo es bien particular. En su presentación en el último campeonato fue el único que no lanzó el avión. Mientras caminaba lo dejó caer en el aire y con sus manos debajo lo acompañó durante un circuito conformado por conos, dándole la vuelta a cada uno. “Me dediqué cuatro meses a entrenar. Hice el avión con papel de directorio telefónico, uno de los papeles más livianos. En Bogotá practiqué en el parqueadero subterráneo de mi edificio y en Barranquilla en un centro comercial. Ambos son lugares sin corrientes de aire, como el hangar donde se hace el torneo”.

A pesar de haber repetido lo entrenado y de robarse los aplausos del público, ¿por qué no ganó? El premio mayor consistió en ocho mil euros y un lugar en el avión más rápido del que se tenga registro, cuyo propietario es el dueño de la empresa de bebidas refrescantes. Un polaco y un estadounidense (también ingenieros) compartieron el escalón más alto del podio. “La gente me decía for me you are the winner, pero me faltó la parte del show. El jurado que me dio la nota baja me lo confirmó al final. Será para el 2015”.

Los sueños de Alfredo no terminan aquí. Ahora está construyendo un avión ultraliviano. “Estoy pasando del papel a uno real. Quiero crear industria aeronáutica. Yo pensaba en irme de aquí, como muchos, pero mi objetivo es hacer un avión cien por ciento criollo”. ¿Lo logrará? Lo cierto es que con una hoja de papel e ingenio dejó en alto el nombre de Colombia. Hay que ver qué tan lejos llegará en su ultraliviano.  

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