Abelardo de la Espriella “A veces he sido el abogado del diablo”

Donde aparece, siempre muy bien vestido, hay un escándalo por resolver o un pleito que apenas sube al cuadrilátero para dar la pelea.
Abelardo de la Espriella “A veces he sido el abogado del diablo”

Así es este monteriano, un penalista exitoso de 33 años que sabe cómo actuar frente a los jueces y frente a los medios de comunicación. Para él, cada nuevo proceso es como un nuevo romance. Por sus clientes, siempre va “directo a la yugular”. ¡Desorden en la sala!

Mientras espero en su apartamento a que llegue, paso el tiempo leyendo su colección de recortes de prensa, pulcramente enmarcados y colgados en las paredes de su pequeño estudio: cada título y cada foto es una pista de su vanidad y de su trabajo: “El exabogado de DMG”, “El defensor de la parapolítica”, “El abogado de los escándalos”, “Bufetes del poder”, “El penalista de los famosos”, “Soy como una estrella del pop”.

Aparece, pisando entre nubes, con sus cómodos Louis Vuitton, de los 40 pares que confiesa tener, saluda a cada uno del equipo con extremada deferencia y manda a llamar a su esposa, Ana Lucía Pineda, que llega al poco rato con Lucía, su hija de nueve meses de nacida.

Frente a ella, el litigante ácido y certero se convierte en un papá dulzón y lleno de rodeos que exagera los diminutivos y la media lengua. Es de la única que se deja ganar.

Después de haber oído de la fama intimidante de un gran penalista como Abelardo de la Espriella, sorprende encontrarse con un tipo fresco, desenfadado y buena gente, que no se da antesalas, ni oficia de circunspecto, ni juega a los grandes silencios, ni mucho menos agranda la voz para alimentar el mito del jurista invicto.

En su terraza mirando a los cerros, todavía con las imágenes de dos mujeres besándose que hay en la escalera –¡toda su casa es una galería!–, me cuenta orgulloso de las fiestas que ha hecho en ese cómodo último piso, con techo y paredes de vidrio, se ufana de haber traído a Silvestre Dangond, Iván Villazón y hasta Alfredo Gutiérrez, en ruidosas y largas parrandas. Ahí mismo donde pone a sonar los grandes acordeones por todo lo alto, ahí mismo también espera aburrido como un invitado grande y extraño, su gimnasio.

“Aquí la música ha sonado a todo timbal –dice alegre– y no me han llamado de la portería ni me han escrito ninguna carta los vecinos. Nadie quiere incordiar conmigo, me creen un gran peleador, un diablo, un loco de atar”. Esa es su reputación y él se la goza. ¿Quién quiere tener problemas con un penalista como Abelardo de la Espriella?

Desde la chimenea me mira una mujer con los senos al aire, muy iluminados, y una copa en su mano derecha. En realidad son cuatro mujeres entre las sombras, junto al pintor del cuadro, Darío Ortiz, a modo de autorretrato. Nuestro anfitrión admira la obra de este pintor de 43 años nacido en Ibagué. Tiene otro gran cuadro muy bien parqueado en su estudio, con mucho blanco, mucho ocre y muchos cuerpos desnudos, que no combina mucho con los grandes cojines de peluche negro que lo rozan desde el gran sofá en lienzo crudo.

Antes de venir, leí algunos apartes de su reciente libro La pasión del defensor, su biografía a los 33 años escrita por Ángel Beccassino. Un párrafo me recordó su vocación de pleitero: “Siempre me gustó la pelea. Cuando había peleas entre amigos yo era de los que gritaba: ¡no agarren a nadie, que se den puños!, y hacía el círculo para que se dieran muñeca. A mí me gusta la confrontación, por eso aprecio el boxeo, que es de los pocos deportes que me gustan. Pero eso ya se acabó, ahora todos andan armados. Los tiempos han cambiado, los puños son ahora balas”.

En otra página, la 150, aparece el estratega político, J. J. Rendón, con una anécdota que le contó el propio Abelardo. Según él, “un día hubo una pelea entre el conductor del bus del colegio y el de un camión, y en medio de la pelea el niño Abelardo sacó un revólver y disparó tres veces al aire...rápidamente todo se arregló a favor del bus del colegio. Enterado su papá de que Abelardo andaba armado le quitó el revólver y le dio una muenda. Pero en cuanto las heridas restañaron volvió a meterse en cuanto pleito le casaban sus primeros enemigos”.

¿Porque son de baja estatura es que son muy guerreros? O, simplemente,¿son guerreros más notorios por ser bajitos? Destino o coincidencia. Napoleón, Al Pacino, Messi, el cantante Prince, el boxeador Manny Pacquiao y mi anfitrión tienen en común su espíritu batallador y su talla pequeña. ¿Será por eso que no le gusta que le tomen fotos sentado?

Después del almuerzo me ofrece un coñac, un Remy Martin, Luis XIII –averiguo luego por internet que la botella vale tres mil dólares–. Trae una sola copa, no puede tomar ningún licor antes del examen médico que le harán al día siguiente. Y todo por una fuerte y súbita migraña que le cruza la cara como una flecha. “Es como si en eso del vudú me clavaran una aguja. Y tengo que cuidarme –enfatiza–, hay que ponerle cuidado a la unidad sellada. Yo trabajo con la cabeza. Aunque no me veo estresado, seguro es la presión de mi trabajo”.

Será por eso que vive entre cuadros, un Botero recostado contra una pared roja, dos Obregones pequeños y alineados; una Rita en bronce de Grau descansa a sus anchas junto a la ventana, un torso de Luis Caballero en el rellano de la escalera; y en su cuarto un Jacanamijoy inmenso. Entre todas sus obras de arte me llaman la atención dos cuadros, uno apaisado de Ana Mercedes Hoyos, con un platón lleno de plátanos y un delantal azul estampado, casi tan largo como la mesa del comedor, y otro pequeñito y discreto del actor sir Anthony Hopkins en un corredor. Por fin nos sentamos.

Tiene la camioneta blindada más grande de Bogotá.Sí, es muy grande, porque me gustan los carros grandes y las mujeres chiquitas. De estatura quiero decir, de empaque pequeño.¿Un penalista exitoso, de qué tiene que cuidarse?De otros penalistas. De los enemigos de sus clientes, pero sobre todo de la envidia, que es el mal colombiano por excelencia.¿Teme que le puedan hacer daño por envidia?Por supuesto y lo han tratado de hacer. Ya he tenido un intento de secuestro, cincuenta y pico amenazas de muerte, sufragios, pero a mí eso no me preocupa. Yo entiendo que eso son gajes del oficio, porque quien se dedica al derecho penal tiene que entender que va a ganar más enemigos que amigos, quien no entienda eso debe dedicarse a otra cosa.¿Duerme tranquilo?Absolutamente. Duermo plácidamente mis ocho horas diarias. ¿Verdad que duerme con un arma debajo de la almohada?Debajo de la almohada no, en el nochero tengo una pistola Jericho 9 mm, un arma corta de fácil uso. ¿Y eso es dormir tranquilo?Sí, duermo tranquilo y sin pesadillas. Digamos que es una tradición familiar, los De la Espriella hemos sido muy aficionados a las armas a nivel deportivo, y en nuestras casas siempre tenemos armas.¿Por qué tener una en la mesa de noche?Porque en caso de que alguien entre al apartamento, hay que estar atento para defender a mi familia y a mí mismo. Aunque este apartamento es una fortaleza y nunca ha pasado nada. Esto es más una tradición familiar, lo hacía mi abuelo, lo hace mi padre, y lo hago yo.¿Su padre qué arma tiene?Una CZ-9 milímetros. La tiene acá en Bogotá y cada vez que viaja la lleva.¿Y el abuelo?Un Smith & Wesson, 38 Special.¿Cuál fue la primera arma que tuvo?Un revólver 32, Smith & Wesson. Yo tengo armas desde los 18 años y no hay ni un solo registro de un incidente con la utilización de mis armas. Las armas son malas depende quién las tenga. Pero en este país somos tan imbéciles a veces, que desarmamos a la gente decente y los bandidos no tienen necesidad de hacerlo porque recurren al mercado negro. Entonces quedamos a merced de los delincuentes. Si fuera un actor o un pistolero de esos de película, ¿sería un Clint Eastwood?Me encanta Clint Eastwood pero soy más un Humphrey Bogart o un Paul Newman.Para esta cita volví a ver la película El abogado del diablo. ¿Se acuerda de ella?Mucho, con Al Pacino, Keanu Reeves y Charlize Theron. Lo que más me gusta de la película es el apartamento en Nueva York, en la 54, me fascina esa zona. Me encantaría tener ese piso.¿Usted es el abogado del diablo?El abogado penalista debe atender al llamado de la humanidad y a veces debe representar a gente mala. A veces he sido el abogado del diablo, otras veces he sido el abogado de Dios y otras tantas el abogado de unos ángeles. Por ejemplo, el niño de Unicentro y los dos deditos que perdió en una escalera eléctrica, lo representé y le pagaron una suma muy importante y se creó un precedente judicial gracias a esa actuación.¿Su parte favorita de la película?Cuando el diablo dice, al final, que su pecado favorito es la vanidad, yo creo que es un pecado que arrastra a mucha gente. Me encanta la película porque demuestra que el derecho es el nuevo postulado, porque hay más estudiantes en el mundo que en otra profesión. Además, muestra el poder que tiene la palabra, y eso fue lo que me gustó siempre de mi profesión. Así como el viagra igualó la edad entre los hombres, la retórica dejó de lado la espada y se convirtió en la nueva arma. La dialéctica, eso es lo importante. Eso nos diferencia y nos muestra como gente evolucionada.“La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”. ¿Qué tan cierto resulta eso en su oficio?Hay ocasiones en que el cliente no cuenta toda la verdad y en mi caso particular, les advierto que si me mienten y les sorprendo mintiéndome me hago a un lado de la defensa, abandono la causa. Pero, para que quede claro, el abogado no sólo defiende inocentes. También, tiene la obligación ética de defender a los culpables pero no para evitar la acción de la justicia, sino para buscar un mal menor para ellos, de acuerdo con las propias pautas que la ley determina para esos efectos.¿Usted hubiera defendido a Osama Bin Laden?Sin ningún problema lo hubiese defendido. En una democracia no hay causas indefendibles, cualquier persona –por más atroz que sea el delito que se le imputa– tiene derecho a la defensa.¿No hay que creer en la causa para defenderla?El abogado tiene la obligación de acudir al llamado de la humanidad, por eso yo he dicho siempre que el abogado ante todo es un humanista. Es como una madre que recibe los problemas, los entiende y ayuda a resolverlos. Es una madre comprensiva, entonces el abogado no puede hacer juicios ideológicos, ni morales, sobre las causas que defiende porque entonces no podría defender ninguna. El abogado debe hacer abstracción de eso y defender al ser humano, no al delito.¿Dónde queda la moral?Es que lo inmoral es no atender la causa. El abogado muestra su ética y su moral cuando defiende las causas sin distinción del delito por el cual se está investigando al cliente.¿Culpable o inocente?Por supuesto. Es el mismo ejemplo del médico, si llega su peor enemigo tiene la obligación de atenderle porque hizo un juramento para salvarle la vida. El abogado debe defender tanto a culpables como a inocentes.Puede ser claro, pero es difícil de aceptar.Entre las personas cultas y con más razón entre quienes no lo son, existe un completo desconocimiento sobre la función de un abogado litigante. La gente debe entender que el abogado litigante es absolutamente necesario para que una causa jurídica se dé con apego a la ley y sea una causa civilizada. En el pasado se lanzaba a la gente a los leones, se le ahorcaba, se le crucificaba como ocurrió con Cristo y sin fórmula de juicio. Lo que diferencia una democracia de una tiranía es precisamente el respeto por las garantías procesales. Una causa penal sin abogado es como un cuerpo sin vida.Su imagen, muy personal, del abogado.El abogado es como un escultor que le da forma al delito. El escultor cuando toma un pedazo de mármol y empieza a darle forma, así es el abogado con el crimen. Por ejemplo, el abogado debe explicarle a la sociedad por qué un hombre como el señor Viñas llega un 31 de diciembre a su casa y mata a su mujer en presencia de sus hijos. El abogado le da forma al delito porque le explica a la sociedad por qué un hombre como nosotros termina cometiendo un delito tan terrible. ¿Y por qué tratar de liberarlo?No, es que no se trata de liberarlo. Cuando se es consciente que el cliente es responsable, lo que hay que buscar para él es el mal menor, de acuerdo con las pautas que da la ley. Por ejemplo, con la confesión te rebajan el 50%, con buen comportamiento otro tanto, si colaboras un 25%. En mi caso en particular, cuando soy consciente y el cliente me confiesa que es culpable, pues lo llevo a preacuerdo o a una sentencia anticipada que aminora el impacto del daño para él y, de paso, le colaboramos a la administración de justicia, porque evitamos que un proceso se dilate y haya más gastos.También están los que piensan que hay grandes culpables libres gracias a la habilidad de abogados como usted.No, pero no es la habilidad. Todos los descuentos que se hacen están determinados por la ley. Eso está inventado y nosotros acudimos a lo que dice la ley, y los jueces cuando me dan la razón se apegan a la ley. Entonces, no es un problema ni de los jueces, ni de los abogados. Es un problema de la ley y la ley es un problema del Congreso de la República, son ellos quienes las hacen.¿Cómo entender que la ley, a veces, dé tantas ventajas para rebajar las penas?La gente no entiende, nosotros tenemos una herencia del derecho europeo continental. En Estados Unidos, por ejemplo, el sistema acusatorio, cuyos orígenes se remontan a Inglaterra, tiene una suma aritmética de las condenas. Aquí tenemos una suma jurídica. Es decir, la pena mayor subsume las penas menores. En Estados Unidos, si tú matas a dos, te meten cuarenta por uno y cuarenta por el otro. Te suman aritméticamente las dos penas y pagas ochenta. Pero eso técnicamente es una cadena perpetua y nuestra Constitución ha proscrito que haya condenas perpetuas, entonces nuestra Constitución es más garantista, pero es claro que al final el que la hace la paga. Cuando el castigo es fuerte persuade o, mejor, inhibe al castigado de repetir su mala conducta. ¿Cuando las penas son muy pequeñas no se incentiva a la gente a volver a infringir la ley? La gente tiende a confundir que a mayor punibilidad, menor delito, y eso está comprobado científicamente que es totalmente falso. Hay estudios que comprueban que no necesariamente entre más alta sea la pena, se evita la comisión de los delitos. Un solo día en la cárcel es lo peor que le puede pasar a un ser humano, y en Colombia la gente que la hace la paga, lo que ocurre es que aquí no tenemos ni pena de muerte ni cadena perpetua. Situaciones a las que yo me opongo por mi condición liberal de la justicia.¿Cómo así que usted es un costeño del mediterráneo, con esa pinta de cachaco?¡Quién ha dicho que los cachacos se visten así! Yo soy un costeño del mediterráneo porque me gusta la moda, me gusta el pañuelo.¿Siempre se viste así?Siempre, siempre estoy como para salir en CROMOS.¿Muy producido?No, no es producido, es natural en mí. No te creas. Me pongo los trajes Zegna no porque sean trajes Zegna sino porque me quedan bien, así como me gustan las corbatas Brioni. Pero no soy producido, me demoro media hora vistiéndome y yo sé qué me voy a poner.¿Se considera un hombre elegante?Bastante.¿Aprendió a ser un hombre elegante?Sí, por supuesto. Yo vengo de una familia en la que el arte, la buena mesa, la buena vida, los viajes han sido determinantes en su historia. Entonces digamos que hay algo en mi ADN, pero por supuesto tú lo vas perfeccionando con el paso de los años y con la experiencia.¿En la moda usted imita o inventa?Invento. Si tú tienes un concepto estético lo suficientemente afinado puedes hacer las combinaciones adecuadas.Un invento que haya salido de su ropero.Bueno, las tendencias dicen que los pañuelos no se deben usar del mismo color de la corbata, pero a mí me gusta utilizar los pañuelos del mismo color de la corbata.Antes de ser abogado, ¿qué quiso ser o hacer?Hice teatro en La Salle con el grupo de teatro y con la Casa de Cultura de Córdoba. Hicimos obras de Shakespeare, teatro de García Lorca, hicimos Un tranvía llamado Deseo, de Tennessee Williams, y otras obras que yo escribía.¿A qué edad?Hice teatro desde los cinco hasta los quince años.¿De Shakespeare qué personaje interpretó?Hamlet, por supuesto.¿Le sirvió para luego ser abogado?La formación teatral sirve, de hecho los abogados –incluso del antiguo sistema– reciben clases teatrales con actores importantes como Ronald Ayazo. Clases de actuación, expresión oral para poder acoplarse a los requerimientos del nuevo sistema donde todo es oral. Entonces es importante el tono de la voz, la postura ante el juez, el fiscal, la Procuraría. Es decir, la puesta en escena es esencial.¿Usted actúa?Sí, y de hecho es lo que uno hace en la profesión. Si bien lo que se trata en un juicio es algo muy serio, el abogado es en muchos casos productor, libretista, actor y director de una gran obra de teatro, en donde lo que se juega es algo muy serio. La puesta en escena es fundamental pero hay muchos abogados de la vieja guardia que nunca entendieron el nuevo sistema, y que han debido retirarse.¿Es verdad que no le gusta la calle?No me gusta la calle primero porque he tenido problemas de seguridad por mi trabajo. Segundo, porque me gusta estar en casa y atender a mis amigos. En casa escojo con quién estar. En sitios públicos te puedes encontrar con gente desagradable.Alguna vez usted dijo que los penalistas eran los malos del paseo.En los países civilizados, entre más señalado sea el cliente y más atroz sea el delito que se le acusa, más prestigio tiene el abogado. En las firmas importantes en Boston y Nueva York, los abogados tienen las fotos de los malos que han defendido, entre más malo es el cliente, más perversa la situación de que se le acusa y más sórdido es el proceso, más prestigio tiene el abogado. Acá es todo lo contrario, tienden a confundirte con el cliente, cuando en realidad tú solo haces parte de la solución y no del problema.Muchos le temen por su manera de salir en los medios, por su osadía. ¿Su sueño era tener esa reputación?A mí nunca me ha sorprendido estar donde estoy, porque he trabajado para eso. Pero aquellos que me temen, deberían hacerlo porque soy bastante peligroso. Deberían temerme. Porque cuando de defender los derechos de mi cliente se trata, soy el mejor peleador.Como abogado ¿ser un buen tipo no es buen negocio?Pero es que el día que vean a un abogado penalista como un ángel, debe dedicarse a laboral, hermanito. El día que te digan: “¡qué tiernito, que osito cariñosito!”, hasta ahí llegó y se le acabó el negocio. No, lo que yo he intentado siempre es ser el mismo bacán, la misma persona que vivió y estudió en Montería. Porque no puedes dejar que el éxito y el reconocimiento te afecten, pero eso sí soy altamente peligroso cuando de defender los derechos de mi cliente se trata, voy a la yugular.Está el abogado académico y está el abogado espectáculo, ¿usted es del espectáculo?Mira, yo soy el abogado práctico, yo saco a la gente de la cárcel. Este país está lleno de abogados de paja y de carreta, de abogados que dictan clase y que en la vida no han sacado a nadie de la cárcel. Ahora bien, cuando hablan del abogado espectáculo, el derecho penal siempre ha llamado la atención, desde el tiempo de los logógrafos –que era como se conocía en Grecia a los retóricos que componían discursos o defensas–, pasando por los juicios de Marco Tulio Cicerón y los de Jorge Eliécer Gaitán, las sociedades se paralizaban, lo que sucede es que ese entonces no existían los medios de comunicación que hoy tenemos.Hay penalistas a quienes no les gusta salir en televisión.A lo mejor son muy feos para salir en televisión o a lo mejor no son buenos comunicadores o tienen complejos, vaya uno a saber. Lo cierto es que si tú revisas en todo el mundo, los abogados penalistas más importantes son reconocidos por los medios de comunicación, porque el derecho penal opera distinto a otras ramas del derecho. La pantalla resulta siendo otro argumento.Parte de la función del abogado penalista es socializar los procesos con los medios de comunicación, que si bien no tienen que ver con quienes deciden siempre terminan influyendo en quienes deciden. Pero un problema de los abogados mediáticos es que están convirtiendo a los jueces en lo mismo.Pero es que los temas penales son trascendentales desde siempre, desde el inicio de la humanidad. No ha sido un invento de los medios, ni mío, ni de nadie. En Estados Unidos, el proceso de Strauss-Khan era una locura, no se podía entrar; lo mismo en el proceso de Bernard Madoff, había una nube de periodistas increíble. Los procesos siempre han sido mediáticos en todo el mundo, por supuesto más en Colombia, un país con un mayor morbo por parte de la sociedad.Vargas Llosa dice que “estamos en la sociedad del espectáculo”. ¿Hoy no se puede litigar sin los medios?Yo creo que sí se puede litigar sin los medios, pero la gente tiene que saber que no somos los abogados los que buscamos a los medios. Los abogados somos insumos de los medios. ¿Cómo haces tú si te llama Julio Sánchez, Gustavo Gómez, Darío Arizmendi? Tienes que salir a los medios y poner la cara por tu cliente y esa es una de las funciones del abogado. Yo recibo los rayos y repelo los ataques, esa es parte de mi obligación. ¿Cuando se levanta con ganas de alejarse del mundo, a dónde se va?Me voy a mi finca en Fusagasugá a montar caballo. O vamos a la costa, al mar, para tener contacto con la naturaleza. Yo soy un hombre de apariencia muy citadina pero soy un hombre del campo. Me desconecto del mundo a través del mar y la caballo-terapia.¿Dónde le habría gustado nacer?Me hubiese encantado nacer en Italia, o en la China por la historia y la cultura en esos pueblos. Mientras allá escribían historias, en estas tierras se recogían las pocas frutas que caían al suelo para alimentarse. Hay una gran diferencia entre esas culturas civilizadas y nosotros.¿Usted reza?No, soy ateo. Dios es como el comunismo, hermoso y bello en teoría, inoperante e inaplicable en la práctica.¿En qué cree?Creo en la evolución, en la teoría del Big Bang, en la teoría de las especies, en las teorías científicas. Yo soy de los que cree que venimos del mico. “Un día los mandas a prisión y al otro día los liberas”, dice Al Pacino en su papel de demonio. ¿De eso se trata?No, se trata de buscar el perfecto equilibrio de lo que le corresponde a cada quien. Es preferible que estén afuera veinte mil culpables a un solo inocente en la cárcel. ¿Qué hace falta para que usted mande a alguien a la cárcel?Pues que cometa un delito y que sea mi contraparte en un proceso.¿Y qué hace falta para que usted libere a alguien?Que la realidad procesal lo muestre como inocente, y que los jueces actúen en derecho y no cegados por la política o por otra presión.“Que la realidad procesal lo muestre como inocente”. ¿Eso es diferente a que sea inocente?Eso es relativo y a veces la realidad procesal es diferente a la verdad, pero tú no lo sabes. De cualquier manera el funcionario y el abogado deben guiarse por la realidad procesal que es la que se debe tomar en cuenta.¿A algunos de sus clientes les ha puesto el polígrafo? Sí, porque he tenido dudas y les he solicitado pasar la prueba para tener claridad sobre la causa que defiendo y hacerlo con total convencimiento. ¿Han pasado el polígrafo?Sí, la mayoría; uno que otro no.¿El que no pasa no lo representa?Lo represento si reconoce su responsabilidad. Si no la reconoce tiene que buscar otro abogado.¿Ha probado usted el polígrafo?Varias veces, porque tengo un amigo que es un poligrafista importantísimo en Estados Unidos y me ha pasado varias veces por el detector de mentiras, únicamente por diversión. ¿Ha podido engañarlo?No. Cuando me preguntan cosas que son complejas contesto con la verdad como siempre he sido yo, no tengo nada que ocultar. O sea lo que ves conmigo es lo que hay y siempre lo hice como Frank Sinatra, “a mí manera”, siempre he hecho lo que me ha dado la gana. ¿Su definición de ética?Desde la parte jurídica, atender todas las causas para las cuales ha sido contratado el abogado sin hacer juicios de valor. Ahora, yo nunca haría por dinero nada que no haría si no lo hubiese. Ese es mi código de conducta.Cada abogado penalista tiene su lastre, ¿el suyo es la parapolítica?Por supuesto. Es que yo no podía quedarme por fuera de un proceso tan importante y cuando yo empecé con lo de la parapolítica tenía 24 años. Yo tenía claro que si quería estar en las grandes ligas del derecho debería estar en el proceso más importante de los últimos 50 años de Colombia. El abogado debe tener mucho valor y arrojo para asumir causas que si bien son impopulares, generan mucho prestigio y experiencia a nivel profesional. ¿Cómo quedarme por fuera de eso? Es como si te llamara Madonna, que te va dar una exclusiva y tú le dijeras que no, porque “¡qué jartera esa vieja que fue drogadicta!”. Tú no puedes salir con

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