Meghan McCain, la hija rebelde de John McCain

La provocadora rubia ofreció una entrevista para Playboy en la que habla de sexo, defiende el matrimonio gay y reafirma su gusto por las armas.
Meghan McCain, la hija rebelde de John McCain

No es muy común que un republicano en Estados Unidos se pronuncie a favor del matrimonio homosexual, o que hable abiertamente de sexo y drogas. Por el contrario, es casi regla general que quienes militan en el partido del elefante sean abiertamente conservadores, y cuando aborden dichos temas, lo hagan para vetarlos. Por eso, tal vez, la figura de Meghan McCain resulta tan llamativa: porque, además de que desata la ira de sus copartidarios cada vez que abre la boca, la bella rubia es hija del excandidato a la presidencia John McCain, el político republicano que perdió frente a Obama en 2009.

Aunque las polémicas de Meghan en el país del norte ya son conocidas, hace poco volvió a alborotar el avispero gracias a una entrevista que concedió para la revista Playboy. Pese a que no se desnudó –pero sí posó de manera bastante sugestiva–, bastó que le picaran un poco la lengua para que volviera a desatarse: dijo que amaba el sexo, resaltó lo mucho que le gustan los hombres (y de paso desmintió los rumores sobre su lesbianismo), defendió el matrimonio homosexual y reafirmó su predilección por las armas.

Armada de sentido del humor y bastante ironía, McCain soltó algunas perlas que han hecho enrojecer a más de un republicano. Cuando le preguntaron cómo sería su país si su padre hubiera ganado la presidencia, dijo que ella “sería la hija presidencial más loca de la historia”, y que “generaría ridículos titulares de prensa y dañaría la imagen de la administración a cada paso”. Eso fue apenas el comienzo. Cuestionada sobre sus preferencias sexuales por haber sido vista en varias ocasiones con Tila Tequila (una modelo conocida por su bisexualismo), respondió, divertida, que en Estados Unidos, “no eres nadie si no hay un rumor gay sobre ti”, y remató afirmando que para ella todo se reduce a un asunto de derechos civiles: “Con quien la gente quiera dormir o a quién decida amar no debería ser un tema que tenga que ver con política”.

A estas alturas, declaraciones así no deberían resultar sorpresivas, pero en un país donde la moral aún es cuestión de Estado la cosa es a otro precio. Sobre todo si se tiene en cuenta que este pensamiento liberal proviene, precisamente, de una joven que se proclama a sí misma republicana. En efecto, Meghan suele nadar contra la corriente de su partido: en junio del 2009 posó junto a su madre para la campaña NOH8, que buscaba apoyar la ley para permitir el matrimonio homosexual, y más tarde se pronunció a favor de la iniciativa que permitiría a los gays estar en el ejército de su país. Meghan se define a sí misma como una liberal en asuntos sociales. “Me importa el medio ambiente. Me gusta vestirme de negro. Creo que el gobierno es mejor cuando se mantiene lo más alejado posible de la vida de las personas. Me gusta el punk. Tengo un tatuaje. Y sí: también muchos amigos gays”, dijo en una entrevista para CNN.

Es posible que su formación liberal provenga de los estudios humanísticos que ha tomado: nacida en Phoenix, Arizona, estudió historia del arte en la Universidad de Columbia y al principio de su carrera intentó abrirse campo como periodista en Newsweek y en el programa de televisión Saturday Night Live. Pero quizás la explicación para su curioso comportamiento la dio ella misma en su cuenta de Twitter: “Sólo trato de ser una republicana joven y ‘cool’ para otras mujeres de mi partido”.

Mientras muchos continúan reprochándole sus posturas –hace unos meses recibió críticas de la hija de Sarah Palin, Bristol, a las que respondió restándole importancia–, Meghan se da gusto levantando polvo. Y, al final, justifica su comportamiento con esta frase que le suelta a Playboy: “Hay gente que sencillamente no puede lidiar con una mujer que tiene una opinión fuerte”.

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