Así se pelean los hijos de Murdoch su imperio

Los seis hijos de tres esposas diferentes llevan casi una década tratando de ganarse el guiño del magnate de las comunicaciones, para manejar un jugoso botín de  6.100 millones de dólares.
Así se pelean los hijos de Murdoch su imperio

No hay mejor festín para la prensa sensacionalista que las peleas familiares por las millonarias herencias de ancianos progenitores. Lo curioso en este caso es que el protagonista sea Rupert Murdoch, el rey de un imperio de las comunicaciones, acusado de escuchar ilegalmente las conversaciones de famosos para alimentar sus diarios amarillistas,los más vendidos en el Reino Unido y en Estados Unidos.

Víctima de su propio invento, el viejo de 80 años ha tenido que soportar una avalancha de publicaciones que han dejado en evidencia no solo los delitos aparentemente cometidos por sus periodistas y su complacencia con estas actuaciones, sino los detalles de las batallas dentro de su familia. Seis hijos con tres mujeres distintas, un tercer matrimonio con una esposa 38 años más joven que él –que representa los intereses de dos hijas menores de edad– y la falta de claridad del patriarca sobre el proceso de sucesión, son apenas algunos de los ingredientes para que su historia se convierta en una novela negra que no deja de producir morbo.

Y no es para menos. Las propiedades de News Corporation están en cuatro continentes y es casi imposible avaluarlas. En un fondo de inversiones hay 6.100 millones de dólares para sus herederos. El fondo controla el 38% de las acciones con voto de News Corp. Los cuatro hijos adultos tienen voto; las dos menores, producto del tercer matrimonio con Wendy Deng, solo tienen derecho a los mismos 100 millones de dólares en acciones que tienen sus hermanastros mayores. No cuentan con voto.

La intervención de Wendy, una linda y glamurosa china que se casó con Murdoch 17 días después de que él se separara de su segunda esposa, Anna Torv, le introdujo un elemento de intriga a esta ya truculenta historia. Cuando el patriarca reunió, en 2004, a sus cuatro hijos adultos en Nueva York, para comunicarles que sus hijas menores Grace y Chloé deberían tener su parte en el fondo, empezó la batalla.

Anna, la segunda esposa y madre de Elizabeth, James y Lachlan, puso el grito en el cielo. Ella había visto su transformación: el abuelo de traje, conservador y medio dejado en su apariencia se convirtió en un hombre de suéter Prada, que se teñía las canas, se la pasaba en el gimnasio y se colgaba del brazo de su coqueta esposa para dejarse fotografiar en los eventos sociales.

Ante la oposición de los hijos adultos, en gran parte instigada por Anna, el magnate no logró cambiar la composición del fondo, pero pudo entregarles a sus hijas, de 10 y 8 años, la misma cantidad de acciones del fondo que a sus hermanastros mayores.

Su segunda esposa ya había mostrado su talante en 1998, cuando Rupert le propuso el divorcio. Tras una fuerte puja, en la que, según ella, su exmarido se mostró duro y despiadado, logró sacarle 1.700 millones de dólares, 110 de ellos en efectivo, mientras que él la obligó a abandonar la junta directiva de News Corporation. Ahí casarían una pelea que se ha desarrollado en varios capítulos.

Por cuenta de esta pugna, Lachlan –el segundo hijo de Anna, que hasta ese momento era el seguro sucesor de padre– salió de las empresas del imperio con cajas destempladas.

Estudioso, amable y diplomático, se había graduado en Princeton y a los 22 años ya era gerente de una de las empresas de su padre. Se convirtió en la cabeza de News Corporation en Australia y luego viajó a Manhattan para asumir la jefatura de las editoriales del grupo en Estados Unidos. Pero su brillante hoja de vida no sirvió de mucho. Su papá le retiró el apoyo por desacuerdos internos y, desilusionado, abandonó el barco.

Fue entonces cuando su hermano James, el hijo díscolo, apareció para ocupar su lugar. Años antes había dejado sus estudios en Harvard para montar una empresa discográfica de hip hop. Pero su padre lo trajo como el hijo pródigo a casa, le compró la empresa y lo puso a dirigir, en 1997, News American Digital Publishing. Sería el encargado de llevar el imperio a la era digital. Ahí nació la rivalidad con Lachlan. Mientras aquel defendía las nuevas tecnologías, éste el viejo formato de los impresos.

James fue escalando de manera discreta. Fue presidente de Star TV, el conglomerado de televisión en Asia, y consejero delegado de BSkyB en Reino Unido. Estaba listo para dar el zarpazo en el momento preciso. En 2005 su padre lo nombró jefe de News Corporation en Asia y Europa, y se convirtió de una vez en el heredero indiscutible al trono. En ese momento ya contaba con el apoyo de Wendy, quien intercedió por él ante el anciano magnate.

En julio del año pasado se evidenciaron aún más las rupturas y alianzas en el clan familiar. La escena quedó descrita con detalles en la prensa: el viejo Rupert tuvo que enfrentarse ante la Cámara de los Comunes (Parlamento del Reino Unido),  que estaba investigando su responsabilidad en el caso de espionaje a personalidades por parte de los periodistas de News of the World. Uno de los parlamentarios se atrevió a preguntarle si no era hora ya de entregarle el control de su imperio a alguno de sus hijos.

“¡No! Yo soy la mejor persona para arreglar esto”, dijo. De repente, de la nada, apareció el comediante Jonathan Man-Bowles con un plato de espuma dispuesto a estampárselo en la cara a Murdoch. Las cámaras de televisión captaron a Wendy cuando saltó como una gata para pegarle al atacante, mientras James sostenía al anciano sin mostrarse contrariado. Ese día, tal vez el más difícil para Rupert, sus otros tres hijos adultos,  Prudence, Elisabeth y Lachlan, lo abandonaron.

Prudence es la mayor, y la única hija de un primer matrimonio entre Murdoch y una azafata llamada Patricia Booker, que siempre estuvo al margen de las empresas de su padre. La ruptura definitiva estuvo marcada por una rueda de prensa que dio el magnate en 1997 y en la que intentaba calmar los rumores de debacle por su divorcio con Anna. Los periodistas lo interrogaron sobre quién sería su sucesor y él respondió que cualquiera de sus tres hijos podría tener el mérito de quedarse en el trono. Se había olvidado de su hija mayor.

Y aunque Elisabeth, la hija mayor de Anna, sí estuvo vinculada a los negocios de su padre, también había salido herida en esas feroces batallas familiares. Hábil para los negocios, se entregó a los encargos que le hizo Rupert y luego compró dos estaciones de televisión y las vendió obteniendo una ganancia de 12 millones de dólares. Como recompensa, llegó a dirigir BSkyB, en Londres. Estaba convencida de que ella aspiraría, como los demás, a manejar algún día el imperio. Pero el viejo, en una entrevista a The Guardian, la volvió a dejar por fuera del juego. Ella, enfurecida, se fue para montar su propia productora audiovisual, Shine, que triunfó con series como The Office y Betty the ugly.

El divorcio de Rupert de su segunda esposa, Anna, produjo unas consecuencias impredecibles. No solo se ganó una hábil enemiga impulsada por el despecho, sino que logró que sus hijos se unieran en torno al dolor por el maltrato del padre. Prudence, que había estado casi abandonada, decidió unirse a sus tres hermanastros cuando vio a su padre casarse con Wendy a bordo del yate Morning Glory en las costas de Nueva York. Él tenía 68 años y ella 30.

Fue curiosamente el Wall Street Journal, un diario que más tarde compraría Murdoch, el que ventiló la historia oscura de la nueva consorte. La describió como una mujer que sabía utilizar sus encantos para ascender social y económicamente. Había salido a los 19 años de China, donde nació. Se fue a vivir a Estados Unidos con una pareja en una especie de intercambio. A los dos años, el hombre cincuentón dejó a su esposa para casarse con ella.

Se divorciaron a los dos años, pero la joven ya se había trazado el objetivo de llegar lejos. Entró a trabajar en Star TV, una empresa de News Corporation, donde conoció a Rupert en 1997. En menos de un año logró conquistarlo y convencerlo de iniciar una nueva vida juntos en Nueva York.

La entrada de Wendy a escena trastocó la correlación de fuerzas en la familia. La mamá del magnate no ocultó su desprecio por la recién llegada y los ataques de los medios la pusieron en la posición de víctima. En poco tiempo, Prudence y James, que también se sentían víctimas del duro padre, se le unieron.

Pero el escenario cambió cuando Wendy dio a luz a Grace y Chloé y se convirtió en su representante para lograr una tajada en el millonario fondo. Anna, la despechada esposa, apostó duro para dividir el clan. Pero Elisabeth ya está haciendo coqueteos para volver. El año pasado le vendió a su papá la productora y se espera que pronto obtenga un cupo en la junta del conglomerado. Y está enfrentada a su hermano James, a quien acusa de haber manejado mal el escándalo del espionaje ilegal.

Lachlan sigue en la junta directiva de News Corporation, y cualquier día podría dar un golpe para destronar a James, quien hace un par de semanas tuvo que renunciar a su cargo como director ejecutivo de News International, aunque conserva su cargo en la junta.

Mientras tanto, Rupert Murdoch sigue mandando, como siempre. Hace una semana anunció que lejos de haberse resentido, su imperio sigue más firme que nunca: News Corporation registró ganancias en los primeros nueve meses de su ejercicio fiscal de 2012 de 2.732 millones de dólares, un 32,8% más que en el mismo periodo del año anterior.

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