Las patronas del negocio

Estas son algunas de las mujeres que hicieron historia en el narcotráfico porque se salieron del molde de muñecas de la mafia y tomaron las riendas del negocio.
Las patronas del negocio

No es fácil encontrar el nombre de mujeres inscrito en los libros de la mafia. Ellas han estado relegadas a un papel ornamental por el modelo patriarcal que ha imperado en el negocio. Como dijo algún narco, las mujeres tienen dos funciones en su vida: la esposa, para llevar el hogar y criar a los hijos; y las amigas y amantes, que son tratadas como los caballos que participan en las ferias de exposición: las “engallan” y preparan para exhibirlas en los eventos sociales. En ambos casos, están siempre al margen de los negocios, sin ninguna posibilidad de enterarse de sus actividades y mucho menos de participar en las decisiones.

Una de las normas no escritas en el mundo del “traqueteo” dicta que es deshonroso hacer negocios con mujeres. Se les considera blandas, ignorantes e incapaces de tomar decisiones. Por eso, las pocas mujeres que han ingresado al mundo del narcotráfico han tenido que demostrar habilidades sobresalientes: o ser más fuertes y sanguinarias, como lo hizo en su momento la gran reina de la mafia colombiana, Griselda Blanco, o mostrarse más hábiles e inteligentes para el manejo de recursos, empresas y relaciones públicas, como Marlén Navarro, conocida como la Mariposa.

Algunas de ellas han tomado las riendas de los negocios, luego de la muerte violenta de sus maridos, pero otras, sencillamente han crecido en el mundo del crimen y ha sido este ambiente el que las ha moldeado y preparado para guerrearse un espacio entre los hombres. El asunto ha sido incluso motivo de estudio de las autoridades italianas, donde se han escrito libros y discutido en coloquios sobre el papel de las mujeres en la mafia. Y han observado que cada vez más mujeres ingresan en diferentes escalas al mundo del narco.

Casi siempre aspiran a la función de relacionistas, como Virginia Vallejo lo hizo con Pablo Escobar, o como la exreina Martha Lucía Echeverry actuó con su marido Miguel Rodríguez Orejuela. O lo hacen como apoyos en el mundo financiero, al estilo de Luz Adriana Ruiz, la exreina que se casó con Pastor Perafán y fue capturada por manejar los hilos de las empresas que le heredó su esposo.

Y también han observado que una tercera parte de los testigos protegidos que están ayudando a desmantelar organizaciones dedicadas al narcotráfico son mujeres. A pesar de estar relegadas del negocio, sus esposas se convierten en un apoyo moral en momentos difíciles, como podría ser el arrepentimiento y sometimiento a la justicia.

En Colombia, el modelo que se ha impuesto es el de las modelos y reinas que son fichadas por los narcotraficantes para que sean sus esposas, o para que ingresen al club de sus amantes ocasionales, como ocurrió con la modelo Natalia París y las exreinas Maribel Gutiérrez Tinoco o Liliana Lozano.

Han sido pocas las que se han involucrado en el negocio y apenas unas cuantas han llegado a la cárcel, acusadas de disfrutar de las fortunas mal habidas de sus maridos. Ninguna se ha abierto camino sola, sin depender de la herencia mafiosa de un esposo o del ejemplo de un padre o un clan familiar. Esta es la lista de las mujeres que han ingresado en diferentes niveles del mundo narco.

Marcela Serrano. Una reina millonaria No acababa de bajarse de la pasarela del reinado de Cartagena, representando al departamento de Guainía, cuando se casó con Don Efra, en 1994. El jefe del cartel del Norte del Valle se acababa de separar de la modelo Sandra Murcia. A la muerte de su marido, la exreina quedó con parte de la cuantiosa fortuna del narcotraficante y precisamente por eso fue capturada en marzo de 1999 en Colombia, acusada de testaferrato y enriquecimiento ilícito. Por esos días acababa de conocer en Cartagena a Cristian Sale, uno de los hijos del empresario italiano Georgio Sale, acusado en su país de pertenecer a la mafia Ndrangueta y, en Colombia, de participar en una red de lavado de activos asociada al jefe paramilitar Salvatore Mancuso. Mientras cumplía su condena a 65 meses de cárcel, Marcela se casó con Cristian, pero el matrimonio no duró mucho y se separaron en medio de acusaciones de la exreina de que su marido le había robado dinero. Curiosamente, antes de la separación, ella le alcanzó a arrendar a su suegro un local en Unicentro que había heredado de Don Efra. Cristian fue capturado, días antes que su padre, en la operación Punto 50, acusado de pertenecer a una red de narcotraficantes con tentáculos España, Italia y Colombia. Sandra Murcia. La transportadoraTenía apenas 17 años y cursaba 10º grado cuando saltó a las pasarelas. Ganó concursos como Miss Juventud Colombia, Modelo Ford, Modelo Latina Colombiana, Latin Model. Se fue a Nueva York de la mano de Hélida Pacheco y probó suerte en Europa buscando ser la Cindy Crawford colombiana. Luego de separarse de un millonario árabe, conoció a Efraín Antonio Hernández, Don Efra, uno de los fundadores y hombres más ricos del Cartel del Norte del Valle. A los dos meses se casaron. La boda, que se celebró en Quito, costó medio millón de dólares, una verdadera fortuna para 1993 y estuvo amenizada por Rocío Durcal. Se dice que cerca de 2.000 invitados llegaron en cuatro vuelos chárter desde Bogotá, Cali y Estados Unidos. Al finalizar la rumba las mujeres recibieron una costosa joya en cristal baccarat y los hombres, costosos relojes. El cuento de hadas terminó a los ocho meses y se dice que Don Efra la echó del lujoso apartamento de Bogotá, cansado de los excesos de su esposa. Pero ella decidió seguir el negocio por su cuenta y en 1996 la capturaron en París por ingresar 7,4 kilos de cocaína, una acusación de la que ella siempre se consideró inocente. Fue condenada a cinco años de cárcel. Ese mismo año, Don Efra fue asesinado en un ajuste de cuentas, por orden de Orlando Henao Montoya. En agosto de 2009, CROMOS la encontró en París, totalmente renovada, convertida en psicóloga clínica, empresaria y una figura de las altas esferas francesas.Angie Sanclemente. Reclutadora de modelosCalificada por medios internacionales como la reina de la coca, figura más bien como una reclutadora de mujeres lindas que llevaban en sus equipajes cocaína a México y de allí a Europa. El apelativo hace más alusión a su pasado como Reina Nacional del Café en el año 2000, cetro que le fue arrebatado 48 horas después al descubrirse que era una mujer casada. La de Angie es una historia marcada por el afán de llegar al mundo destelleante de las cámaras y las pasarelas. De origen humilde, pasó por concursos como Chica Med, Niña Bogotá, el Rostro Más Lindo, Miss Tanga. Pero después del fugaz reinado, se fue para México donde se ennovió con un narco conocido como el Monstruo y su imagen, transformada por cirugías y botox, empezó a circular en revistas y videos de corte erótico, mientras en las redes sociales mostraba una vida cómoda, de rumba. En marzo de 2010 se supo que estaba huyendo de la justicia argentina, que la acusaba de ser la cabeza de una red de modelos que sacaba droga en sus equipajes. Dos meses después fue capturada y, a pesar de que ha negado su responsabilidad, fue condenada a finales del año pasado a seis años y ocho meses de cárcel en Buenos Aires.Elizabeth Montoya de Sarria. La relacionistaEn los medios de comunicación se conoció como la “Monita retrechera” por una conversación que se hizo famosa con el presidente Ernesto Samper. Y aunque se creía que la inmensa fortuna que gastaba en diamantes, caballos de paso, cientos de pares de zapatos y ritos de santería, era de su marido, Jesús Amado Sarria, en el bajo mundo se sabía que era ella la mafiosa. Su esposo era apenas un policía del que ella se enamoró perdidamente cuando ya estaba enviando cocaína a Estados Unidos. Su relación con el Cartel de Cali, y especialmente con uno de sus más ricos dirigentes, Helmer ‘Pacho’ Herrera, hizo que se conociera con Ernesto Samper en plena campaña presidencial. Era fría, calculadora y amaba relacionarse con políticos y poderosos. Le gustaban las armas y amenazar de muerte a quienes creía que le habían faltado. Siempre cargaba una Prieto Beretta. Su asesinato sigue sin esclarecerse, pero se cree que la orden provino de Orlando Henao Montoya, uno de los más sanguinarios narcos.Griselda Blanco y Marlén Navarro. Las verdaderas reinas de la cocaEstán reseñadas en el mundo criminal como las verdaderas reinas de la coca. Aunque diferentes en su forma de actuar, las dos crecieron en el narcotráfico a finales de los 80. Griselda, una mujer de origen muy humilde que tuvo que aguantar hambre, se hizo un nombre al lado de su primer marido, un ladrón y gatillero conocido como Darío Pestañas. Enviudó pronto y se casó con Darío Sepúlveda, un hombre fuerte en el negocio del narcotráfico que también murió (algunos dicen que a manos de Griselda) y del que ella heredó un poder que amasó e hizo crecer rápidamente. Recia y de sangre fría, no dudaba en matar a sus propios socios y a todo el que se le opusiera. Utilizó a sus tres hijos como parte de su tropa de matones. Incluso al mayor de ellos lo bautizó como Michael Corleone. Fue la primera mujer en “traquetear” en forma y de ella aprendió Pablo Escobar los secretos del negocio. Marlén Navarro, en cambio, pertenecía a una familia acaudalada, que estudió en Estados Unidos y París. Bonita, elegante y muy altiva, se caracterizó por su bajo perfil. Andaba sin guardaespaldas, alejada de las vendettas propias del bajo mundo, hizo una inmensa fortuna a tal punto de pagar los envíos de cocaína siempre en efectivo. Fue capturada en Venezuela en una operación de la DEA que fue más bien un secuestro y fue condenada por narcotráfico y lavado de activos. Lorena Henao Montoya. La viuda negraAunque no exportó un solo gramo de coca, Lorena se convirtió en una mujer temida en el mundo de la mafia. Primero por su matrimonio con Iván Urdinola, uno de los jefes del Cartel del Norte del Valle, con quien no cumplió el papel de esposa silenciosa y discreta. Era común verla sentada en las reuniones de negocios de su esposo, participando en la creación y manejo de las empresas fachada para “lavar” los dineros del negocio. Además era hermana del capo de capos de ese mismo cartel, Orlando Henao Montoya. Su nombre empezó a generar sospechas, luego de la muerte de su esposo en la cárcel de Itagüí, por un supuesto infarto, en 2002. La familia Urdinola y sus socios la acusaron de haberlo envenenado en complicidad con Wílber Valera, alias Jabón. Ya había suspicacias porque en 1998 había muerto, víctima de un infarto, la esposa de su chofer y amante, Lucio Quintero. Dos días después, apareció muerto en el río Cauca el chef de Lorena, quien había preparado la comida que la víctima ingirió la víspera. La infidelidad desató la ira de Urdinola, quien mandó matar al chofer, pero ella logró sacarlo del país y protegerlo. Al quedar viuda, no tuvo problemas en aliarse con Jabón y volverse su amante para reclamar, a sangre y fuego, los bienes y la fortuna de Urdinola. Hace un año quedó libre tras pagar siete de los doce años a los que fue condenada por concierto para delinquir y enriquecimiento ilícito.  

 

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