Sissel Tolaas, la mujer que lo huele todo

Para ella no existe el mal olor. Su profesión consiste en descifrar olores en lugares extraños y asesorar a multinacionales del perfume en la creación de sus fragancias.
Sissel Tolaas, la mujer que lo huele todo

Imagine por un momento una mujer dedicada a rastrear el olor agrio de la ropa sucia, el sudor acumulado en los asientos del metro y el aroma pútrido de los caños de las ciudades. Puede parecer repulsivo, pero eso es lo que hace Sissel Tolaas, como parte de la investigación de base que la glamurosa industria de las fragancias realiza para crear sus productos de ensueño.

Desde joven, esta noruega se ha dedicado a viajar por el mundo para entrenar su olfato y analizar el olor en todas sus facetas, al punto que hoy, a sus 52 años, es considerada como experta mundial en olores: “Intenté encontrar lo que se ha hecho con el olor, y me di cuenta de que en este campo no se ha avanzado mucho. Tenemos una nariz, pero es muy poco lo que sabemos de ella, comparada con los ojos y los oídos”, dijo.

En su laboratorio en Wilmerdorf, Berlín, y con el patrocinio de la International Flavors and Fragances Inc. (IFF), ella escudriña las muestras de sudor que le envían de todo el mundo para comprender el humor que producen nuestros cuerpos y, de paso, impulsar a la industria de las fragancias: “Yo no fabrico perfumes, pero recolecto moléculas y hago experimentos que las cadenas de perfumes usan para catapultar su industria”. De ahí que no resulte extraño que multinacionales como Volvo, H&M, IKEA, Adidas y Raf Simons acudan a su habilidad para diseñar las fragancias del ambiente en sus locales y productos.

Con estudios sobresalientes de posgrado en química y artes, Tolaas ha trascendido la industria de los perfumes para dar paso, también, a instalaciones en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Foundation Center de París y el Visual Arts Center del MIT. En este último, su trabajo más que comercial fue político. Utilizando muestras de sudor de hombres de América, Rusia, Europa, India, China y Groenlandia, y bajo el eslogan “El miedo al olor”, su exhibición exploró los prejuicios y la barreras que Occidente ha construido frente al olor del otro, al punto de llegar a concluir que vivimos en un mundo “ciego al olor”. “La noción de malos olores es una noción del márketing americano. Es un concepto muy blanco, de la clase media” aseveró, a propósito de los diferentes humores que exudan las personas en diversas latitudes y que, en gran parte, se deben a las enzimas y metabolismos propios de cada región. “Los malos olores no tienen que ser malos, solo diferentes. Si intentamos entenderlos, en lugar de sentir repulsión, podríamos preguntar: ¿Qué es ese olor y qué nos dice de cada quién?”.

Ella, por su parte, dice nunca haber utilizado desodorante. Y no tener problemas de “mal” olor. ¿Un sentido del olfato con un espectro muy incluyente? Lo cierto es que sus proyectos, bien sea explorando los olores de los drenajes de ciudades como París, los quesos elaborados con bacterias del cuerpo humano, o las simulaciones del olor del dinero para saber si un perfume puede mejorar los resultados en los negocios, siempre resultarán controvertidos.

En el límite, a veces Sissel realiza un extraño gesto de “normalidad”. Es cuando encoge su nariz y abre las ventanas, para dejar que una bocanada de aire fresco entre en su laboratorio.