Dalma Malhas la irreverente jinete árabe

Dalma Malhas, una hermosa jinete árabe, logró acabar con el veto tradicional de su país de prohibir a las mujeres participar en unos Juegos Olímpicos.
Dalma Malhas la irreverente jinete árabe

En Arabia Saudita están los templos más sagrados del Islam. Masjid al-Haram, en la ciudad de  La Meca; y Al-Masjid Al-Nabawi, en Medina. La religión es la piedra angular de la monarquía que gobierna al país desde 1902. Su interpretación del Corán, conocida como wahabismo, es una de las más conservadoras en el mundo musulmán. Y en relación con las mujeres, mucho más. La mayoría de las prácticas femeninas se realizan bajo la tutela de un varón. Las mujeres, además de tener prohibido conducir automóviles, no pueden recibir clases de educación física y los gimnasios están reservados a los hombres. “La virginidad de las niñas podía resultar afectada por el exceso de saltos y movimientos”, dijo un asesor de la Corte Real en 2004 cuando se discutió levantarles el veto. Así las cosas, el deporte femenino está practicamente proscrito, de manera que a los juegos olímpicos solo acuden representantes masculinos, para satisfacción del rey Abdullah, primer interesado en velar por las sagradas tradiciones de su pueblo.

Solo que el rey no contaba con la aparición de Dalma Malhas, una hermosa jinete de 20 años que, por su cuenta y riesgo, se clasificó a Londres 2012 en la modalidad de salto ecuestre. Hija de una exjinete, la mayor parte de su vida ha vivido entre Italia y Francia combinando sus estudios universitarios con la equitación. Su desempeño le permitió ganar una medalla de bronce en las pasadas Olimpiadas Juveniles, celebradas en Singapur en 2010. Ese sorpresivo tercer lugar le otorgó cupo automático a Londres. Pero, ¿la dejarían participar?

Hasta abril pasado, el rey Abdullah se había mostrado renuente a levantar el veto histórico.  Ante la presión del Comité Olímpico Internacional (COI), manifestó que su país no promovería “la participación de la mujer saudí en los Juegos Olímpicos ni en otras competiciones internacionales”.  Organizaciones no gubernamentales como Human Rights Wath, también manifestaron preocupación. En un informe titulado Los pasos del diablo, Human Rights Watch ya había denunciado al gobierno saudí por “denegar de forma flagrante el derecho de las mujeres y niñas a recibir educación física en las escuelas y a practicar deporte en general, tanto de forma recreativa como en competición”.

Pero no era fácil esperar un pronunciamiento positivo. al fin y al cabo, la influencia que ejerce Arabia en su continente no sólo se refleja en lo económico sino en lo religioso. Lo que haga o deje de hacer repercute en sus vecinos, sobre todo en Brunéi y Qatar, que junto a Arabia son las únicas naciones que nunca han enviado deportistas mujeres a los Juegos Olímpicos.

Sin embargo, Abdallah dejó de lado por primera vez su obstinación y sorprendió a todo el mundo a principios de este mes con una carta en la que, más resignado que alegre, aceptaba que Dalma representara a su país en Londres: “El Reino aspira a su participación completa en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 a través del Comité Olímpico Saudí, que supervisará la participación de mujeres atletas que se clasificaron”.

Las mujeres clasificadas, en realidad son una sola, Dalma Malhas, quien  sin querer queriendo y actuando con sus propios recursos, ya se llevó el mayor galardón que puede tener un deportista: un triunfo a favor de la igualdad de género, suficiente para pasar a la historia de su país y a la de los Juegos Olímpicos.