Mariana Pajón fue por el oro en Holanda

Luego de obtener el máximo galardón en los Olímpicos de Londres 2012, la bicicrosista colombiana repitió la hazaña en el Mundial de BMX del país europeo.
Mariana Pajón fue por el oro en Holanda

Treinta y ocho segundos separan a Mariana Pajón de la gloria. Es el tiempo que dura la competencia en la que participará en los Juegos Olímpicos de Londres. Años de sacrificio, de preparación, de esfuerzo físico y mental, se resuelven en una carrera vertiginosa que no da tiempo ni para respirar. ¡Treinta y ocho segundos y, quizás, una medalla de oro!

Son las últimas horas en Medellín de la campeona mundial de bicicrós.  A decir verdad, ha sido campeona catorce veces, pero no ha sido suficiente. Lo que la ocupa ahora es la posibilidad de regalarle a Colombia un segundo triunfo en unas olimpiadas, igualar la hazaña de la pesista María Isabel Urrutia en Sídney 2000, pero en una disciplina que apenas tiene tradición olímpica.

El bicicrós nació en 1969 en Estados Unidos tratando de imitar al motocrós, hasta que la técnica y la velocidad de los ciclistas le fueron dando una categoría propia. Llegó a Colombia siete años después, precisamente a Medellín, de donde es oriunda Mariana, y desde entonces esta disciplina se fue evolucionando cada vez más hasta formar en una liga competitiva. Mariana, a sus escasos dos años, ya viajaba a las pruebas nacionales con su papá, Carlos Mario Pajón, y su hermano Miguel, quienes practicaban el mismo deporte.

Muy temprano en su vida se acostumbró a las pistas de bicicrós en el barrio Belén, de Medellín, en donde al comienzo se sentía como jugando. A los 5 años había alcanzado su primer triunfo nacional; y a los 9, su primer título mundial. Hoy, 16 años después de subirse por primera vez a una ‘bici’, es campeona mundial de la categoría Élite Damas. Hay que ganar con la cabeza

Podría sonar a frase de cajón, pero Mariana es dueña de la humildad que caracteriza a los grandes. A poco tiempo de enfrentar sus primeros Juegos Olímpicos y escogida para llevar la bandera de la delegación colombiana por su gran cadena de triunfos, en su última práctica en Colombia antes de partir, es pura serenidad y sonrisas. El día anterior al viaje, su familia en pleno le organizó una despedida con misa incluida para que todos los resultados jueguen a su favor.

 

fcd9e4cc5c02dc71f7fe1577db9a1007935

 

Los preparativos para los Olímpicos no le han dejado un segundo libre. Luego del homenaje familiar, Mariana llegó a la sesión de fotos con CROMOS. Y sorprendió por su feminidad y dulzura. Aunque decía que modelar no era lo suyo, la empatía entre la cámara y ella se hizo evidente. Hacía comentarios sobre sus músculos con el pudor de quien no está acostumbrado a las sesiones fotográficas. Pero ni sus piernas fuertes, típicas de su profesión, ni sus brazos marcados por el entrenamiento diario, hicieron mella en ese carisma que irradia en cada sonrisa.

Como entrena al aire libre, tenía un bronceado que la hacía ver más bonita y su personalidad cautivó a todos en el estudio. Entre foto y foto, miraba a sus padres, Carlos Mario y Claudia, su principal apoyo, quienes incluso viajarán a encontrarse con su hija en agosto. Cuando Mariana sacó su uniforme, ambos se echaron a reír. Luego contaron el motivo: por cábala, siempre se pone guantes y medias de distinto color.

Carlos Mario y Claudia son los primeros en reconocer la magnitud que representa el hecho de que ‘Tata’ –como la llaman cariñosamente– sea la encargada de llevar la bandera tricolor de la delegación colombiana en Londres. Fueron muchos años de trabajo arduo, de viajes, de entrega total al deporte, que están dando sus frutos. “Es una felicidad muy grande porque Mariana, con estos Juegos, está haciendo historia”, afirma Carlos Mario.

En la mañana (horas antes de viajar), entrenó como de costumbre durante tres horas y media en el gimnasio. Hizo levantamiento de pesas y piques en la bicicleta. En la tarde, entrenó de nuevo en pista para reforzar técnica. Luego sacó un tiempo más para cumplirle la cita al alcalde de la ciudad, Aníbal Gaviria, quien la despidió en vivo por las pantallas de Telemedellín.

Esta es la maratón preolímpica de la deportista número uno de Colombia, la antioqueña que a sus 20 años es catalogada como ‘La reina del BMX’, un deporte tradicionalmente masculino y en el que ha sobresalido por un coraje a toda prueba: “Es una persona meticulosa, apasionada y entregada con sus cosas hasta el punto de querer llevarlas siempre a la perfección”, asegura Miguel, su hermano mayor. Aunque ya había sido elegida como abanderada de la delegación para los pasados Juegos Panamericanos de Guadalajara, ser escogida esta vez para los Olímpicos la llena de orgullo: “Fue una sorpresa muy grande. Me eligieron con el 42% entre ocho deportistas de altísimo nivel”, admite Mariana. Sin embargo, también reconoce que no siente presión y que esa energía es adrenalina que le gusta volcar en la pista. “Estos juegos representan el comienzo de mi carrera como profesional”, concluye.

Tras pasar por Pensilvania (EE. UU.), y concentrarse en Francia, a comienzos de agosto llegará a Londres, donde ya hizo reconocimiento de las pistas olímpicas. Son gajes del oficio. El trajín de su vida como deportista no le molesta. A fuerza de costumbre, logró habituarse a los aviones, a los hoteles y a estar fuera de su casa. El contraste entre la Mariana de la pista y la Mariana fuera de ella es evidente: “En mi vida normal soy femenina y muy consentida. En la pista soy agresiva, saco a relucir mi carácter fuerte”. Confiesa que aquello que la hace única entre tantos deportistas es la pasión que imprime en cada pedalazo que da: “Le saco el jugo a cada competencia. Son 38 segundos en los que transformo a mis demás competidoras en siete Marianas más. Siempre trato de ganarme a mí misma sin importar quién esté al lado. Primero hay que ganar con la cabeza; después, pedalear”.

Esa seguridad es la clave de su éxito. Carlos Mario insiste en que lo que la hace realmente diferente es la concentración, su fortaleza mental. Es una corredora muy cerebral. Mariana tiene el número 1 marcado en la frente y se lo recuerda todo el tiempo a sí misma a través de números 1 que tiene pegados en el baño, en su cuarto, en sus objetos personales. Cuando tenía 4 años, en las clases de bicicrós, el profesor les ponía a los niños unos conitos que debían zigzaguear. Ella, para ganar, se devolvía en el penúltimo, porque estaba con niños que tenían 5 y 6 años. Luego, claro, aprendió que para triunfar debía esforzarse mucho más que los demás, en vez de buscar ventajas. 

Cuando Mariana está en el partidor, a punto de empezar una carrera, una especie de anticipación, que ella siempre ensaya, le dice que la carrera está ganada. En vez de angustiarse, se entrega sin imaginar el fracaso. Siempre se le ve sonriente y fresca, es imperturbable a pesar de la presión y los nervios. 

Mariana la dulce, la de fuera de las pistas, reconoce por su parte que tiene un don y unas condiciones que la hacen especial. Y aunque le lluevan admiradores por su belleza y su dulzura, por ahora quiere seguir enfocándose en competir hasta que tenga treinta y tantos: “Mariana es muy familiar, prefiere quedarse en casa a estar por ahí en la calle con sus amigos”, cuenta Miguel. A pesar de sus triunfos, sigue siendo la misma joven alegre que disfruta del hip hop y la pizza mientras consagra su carrera antes de estudiar medicina para aplicarla al deporte. Su padre dice que es mejor persona que deportista. Delicada en sus modales pero guerrera como pocas, hasta ahora no ha ahorrado alegrías para su familia y el país. Orgullo es lo que le sobra y una convicción de que los triunfos apenas comienzan.