Peter Higgs, por una simple partícula

Creyó que su descubrimiento teórico era irrelevante, pero casi cinco décadas después, el mundo científico comprobó que se equivocaba.
Peter Higgs, por una simple partícula

La recién descubierta  "partícula de Dios", que Peter Higgs intuyó, cambiará la forma en que los físicos ven el universo.

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“Este verano he encontrado algo que es totalmente inútil”. Así dice una carta que el físico Peter Higgs escribió a uno de sus estudiantes de doctorado en el año de 1964. Meses antes, el científico inglés creía haber logrado un nuevo hallazgo en la física de partículas, pero las publicaciones especializadas lo habían considerado irrelevante. La Organización Europea de Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en francés) se abstuvo de publicar el artículo y la revista americana Physical Review Letters accedió, alegando que se trataba de algo sin mayor importancia.

El traspié inicial, no obstante, lo animó a seguir trabajando en su investigación. Desde su paso por el colegio, Higgs había hecho de la física su pasión y su obsesión, siempre cautivado por las investigaciones de la antimateria desarrolladas por Paul Dirac. Y estaba convencido de que no se iba a dejar amilanar por el escepticismo.

Su planteamiento hace parte del Modelo Estándar, una teoría que desde hace 30 años busca explicar las interacciones entre las partículas elementales. Solo que dicho modelo carecía de un elemento capital –el bozón de  Higgs– que explicaría cómo la materia adquiere masa. En últimas, la razón explicativa de por qué existe nuestro universo.

El descubrimiento de Higgs pasó del anonimato en los sesenta a ser objeto de sumo interés por la comunidad científica. Durante las últimas dos décadas, y con una inversión cercana a los 10.000 millones de dólares, se realizaron pruebas experimentales para comprobar su existencia en el Gran Colisionador de Hadrones en Suiza –administrado por el CERN– y el Tevatron de Fermilab en Illinois.

La existencia de la partícula de Higgs, dada a conocer el pasado 4 de julio y de la cual los científicos del CERN dicen estar seguros en un 99.9%, es todo un acontecimiento, pues supone el paso de la especulación teórica a la verificación física. “Nunca esperé que esto pasara en mi vida… pediré a mi familia que ponga champaña en el refrigerador”, dijo Higgs. Un hallazgo que quizá no cambie el estilo de vida de la mayoría de la gente, pero que le permitirá a los físicos un mejor entendimiento de la naturaleza. Se trata de “uno de los descubrimientos más importantes de esta generación”, dijo Leslie Robertson, director del Colisionador de Hadrones.

Lo que poco se conoce de Higgs, no obstante, es que detrás de este hombre de ciencia se esconde un activista político. En 2004 le concedieron el premio Wolf –considerado el segundo premio más importante en física–, pero se negó a viajar a Jerusalén a recibirlo, en señal de protesta por las acciones de Israel en Oriente Medio. Así mismo, renunció a la membrecía de la organización Greenpeace, cuando esta se opuso a la modificación genética con fines investigativos.

Han pasado casi 50 años desde aquella nota que Higgs escribiera a su alumno. El tiempo le ha demostrado que se equivocaba: su descubrimiento, acaso controvertido, no ha sido inútil. La confirmación de la  existencia de la “partícula de Dios” –nombre del cual dice avergonzarse–, a lo mejor sea la ocasión, como dijo recientemente Stephen Hawking, para que Higgs empaque sus maletas y viaje de Escocia hacia Estocolmo, para recibir el Premio Nobel de Física este año.