Las quinceañeras doradas

Cinco adolescentes sorprendieron al superar la marca de los deportistas y ganar medallas de oro en los juegos de londres 2012. Estas son Las superniñas de los Olímpicos.
Las quinceañeras doradas

En las aguas del Centro Acuático de la capital británica, la china Ye Shiwen no era una de las favoritas. En la prueba de 200 estilos (pecho, libre, espalda y mariposa) las australianas Stephanie Rice y Alicia Coutts, y las estadounidenses Caitlin Leverenz y Ariana Kukors se robaron la atención del público durante los primeros 150 metros de competencia. Las cosas empezaron a cambiar cuando Shiwen, una nadadora de 1,70 metros de estatura, emergió del quinto lugar y empezó a remontar posiciones. El duelo por el oro, que los expertos habían vaticinado sería entre Coutts y Kukors, se convirtió en un monólogo de la oriental. La sorpresa era que tenía apenas 16 años.  

En el último tramo (50 metros), Shiwen hizo 28 segundos y 93 centésimas, 17 menos que Ryan Lochte, un norteamericano de 27 años y 1,88 de estatura que se coronó campeón en la misma prueba. Fue como si al final la china hubiera prendido un motor. “Quedarme atrás al principio me puso muy nerviosa, pero me dije a mí misma que debía dar lo mejor en la última piscina”, comentó al salir del agua. Los que la vieron en vivo y en televisión no lo podían creer: la marca de 2 minutos, 8 segundos y 9 centésimas que mostraba el tablero resultó ser la mejor de esta prueba en lo que va de este 2012.  

Las sospechas sobre un supuesto dopaje se regaron como pólvora. ¿Una niña que no estaba en la baraja les ganaba a las más experimentadas?, ¿Lotche superado por una adolescente? Pero los controles antidopaje corroboraron su talento y Shiwen se subió al podio a recibir la dorada. Su mirada incrédula contrastó con las de sus rivales inmediatas (entre 21 y 25 años). Estados Unidos y Australia, superpotencias en natación, quedaron aniquilados por una chiquilla. 

Ye Shiwen es producto del cambio del Comité Olímpico Chino. Desde hace más de una década, con miras a Pekín 2008, el gigante asiático copió el modelo australiano de entrenamiento. Bajo el más estricto sigilo, adiestradores y nadadores pasaron temporadas entre la Villa de Duoba, cerca del Himalaya, y Golden Coast, al norte de Sídney. Las caras visibles de la cantera china eran el mariposista Wu Peng, el hombre récord de los 1.500 metros, y la joven Ye Shiwen. Como el Gobierno chino tiene prohibido a sus representantes hablar con la prensa, no se tiene certeza de la cantidad de horas que la niña practica. Algunos aseguran que entrena seis horas diarias (una más que Michael Phelps), de lunes a sábado. 

La versión occidental de esta nueva estrella es la quinceañera lituana Ruta Meilutyte. Tras la muerte de su madre, su familia se radicó en Inglaterra. En el centro de entrenamiento de Plymouth Leander la rubia desarrolló una potencia que supera incluso a la de las adultas. En su debut olímpico sus brazos se enterraron en la piscina para llegar antes que las demás en 100 metros pecho. La sonrisa que esbozó al ganarle a Rebecca Sonni (25 años), medallista de oro y plata en los olímpicos pasados, quedará como una de las recordadas. “En el podio me temblaban las piernas y tenía miedo de bajar, solo quería irme rápido”, dijo exhibiendo inocentemente la medalla. A pesar de que su gesta tiene sello británico, los lituanos se sienten agradecidos con Meilutyte por haberles regalado el primer oro de su historia.  

Estados Unidos también tiene sus cartas por debajo de los 18 años. Una de ellas se clasificó en siete pruebas en natación. Siete oportunidades en Londres 2012 para ser medallista. Con 17 años y 1,85 de estatura, la californiana Missy Franklyn se alzó con cuatro metales de oro y un bronce. En los 200 metros espalda pulverizó récords olímpicos y mundiales. Ella, a diferencia de Shiwen y Meilutyte, sí tiene cuerpo de adulta. Su registro de 2:04.06 la consolida, junto a la quinceañera Katie Ledecky, su compatriota ganadora de los 800 metros libres, como la gran promesa norteamericana. Dos niñas de presente asombroso y futuro brillante. Muchos ya se anticipan a calificarlas como las Phelps de las mujeres en natación.Duelo de quinceañerasUn verdadero mano a mano entre niñas se cumplió en la arena de North Greenwich. En la prueba de gimnasia artística, Gabrielle Douglas, nacida en Newport News, Virginia, les arrebató la medalla de oro a las archifavoritas, las rusas Victoria Komova y Aliya Mustafina, también de 16 años. Los 62.232 puntos que conquistó la colocaron como la única afroamericana en estar en lo más alto en gimnasia. Su desempeño sirvió para que Estados Unidos mantuviera el liderazgo de la prueba que por décadas dominaron los rusos.   

Y aunque estas cinco niñas sigan rompiendo marcas y asombrando a los espectadores de estos juegos, la historia contará que el récord de menores de edad que se han colgado medallas de oro en los Olímpicos está mucho más abajo. Y lo ostenta la estadounidense Marjorie Gestring, quien tenía 13 años y 278 días cuando ganó oro en Berlín 1936. La rubia, de vestido de baño enterizo, dejó en silencio al jurado al hacer un salto perfecto desde un trampolín erigido a tres metros del agua. ¡Y en la Alemania nazi!  

Doce años después sería otro norteamericano, Robert Bruce Mathias, el que brillaría en los denominados Olímpicos de la austeridad, que se desarrollarían en 1948, en una Londres que se recuperaba de la Segunda Guerra Mundial. Allí el atleta californiano de 17 años superó a sus rivales en decatlón. Gracias a su registro, Estados Unidos terminó imponiéndose en esas competencias.  

En los anales de los Olímpicos escribieron luego sus nombres la gimnasta rumana Nadia Comaneci (15 años) en Montreal 1978, el ciclista ruso Dmitry Nelyubin (17 años) en Seúl 1988 y la clavadista china Fu Mingxia (14 años) en Barcelona 92, entre otros. Es claro que con esos debuts tan tempranos, estos deportistas acumularán varios triunfos en su hoja de vida. Michael Phelps, el máximo medallista de la historia (22 metales), empezó su participación en Olímpicos en Sídney 2000, a los 15 años. En Australia pasó desapercibido, pero a los 19 años ya se había colgado ocho preseas.  

Algunos de estos adolescentes serán más recordados que otros, pero su destreza frente a los adultos será siempre un motivo más para seguir de cerca las competencias.