Catalina Acosta: la reina y la política

La ex-Señorita Colombia 1999 afronta dos nuevos cargos: el de directora del Instituto de Cultura y Turismo de Cundinamarca, y el de mamá.
Catalina Acosta: la reina y la política

Al lado de su madre: la distancia que separa las puertas de los dos apartamentos, en un edificio al norte de Bogotá, es de menos de un metro. Al fondo del pasillo, en un segundo piso, se ven los dos portones idénticos: a la izquierda el del apartamento de su madre, Adela; a la derecha, el de Catalina y su familia. 

Esta mañana la exreina ha salido temprano a reunirse con el gobernador Álvaro Cruz (en abril Acosta se posesionó como gerente de Cultura y Turismo de Cundinamarca), y por eso quien abre es Adela. A su lado ladra un schnauzer gris, pequeñito, que camina cojeando de una mano. Se llama Chico y era de Catalina, pero hace unos años decidió regalárselo a su mamá; lo de la mano pasó cuando lo llevaron a una guardería y se lo devolvieron fracturado. De nada sirvió todo lo que le hicieron para curarlo. “Para Catalina lo más importante es la familia –dice la madre, aprovechando la ausencia de su hija–. Ella es muy dada a sus hermanos, a la gente que quiere. Mire: yo soy viuda y casada otra vez, y mi segundo marido la quiere como si fuera su hija. Y es bondadosa, mucho. Imagínese que una parte del primer sueldo que le dieron, cuando quedó Señorita Colombia, se lo gastó comprándoles juguetes a los niños afectados por el terremoto de Armenia. Lo que pasa es que ella nunca cuenta esas cosas”.

“Eso es cierto –tercia Jorge Angulo, quien trabaja con ella desde hace más de ocho años y está, ahora mismo, sentado en un sofá de la sala–. Como persona da mucho, siempre se preocupa por lo que a uno le hace falta”. De repente Chico ladra y corre hacia la puerta. Catalina entra apurada, se disculpa por la tardanza, invita a pasar a su casa. Entonces aparece en escena Mariana, su pequeña hija, que baja corriendo a saludarla.Catalina sonríe.  

***Es curioso que una mujer con futuro promisorio en el mundo de la televisión haya terminado metida en política. Eso fue lo que le pasó a ella: después de su paso por el reinado, realizó un par de pequeños papeles en las series Padres e hijos y Yo soy Betty, la fea, y presentó un magazín llamado Tu tele. Luego se fue a Italia y de repente, cuando todo parecía encauzado, renunció a su futuro en el medio para hacer política. Regresó a Colombia y consiguió un lugar en la Asamblea de Cundinamarca luego de obtener 40.000 votos y recibir el apoyo del entonces gobernador, Pablo Ardila. El periplo duró ocho años.–¿De dónde sale esa pasión por la política? “Tengo herencia política: abuelos y familiares que han sido gobernadores, ministros. Es una ascendencia bastante larga y eso pesa. Recuerdo que cuando tenía nueve años le escribí una carta al presidente César Gaviria pidiéndole por los niños y me la respondió. Hoy la tengo enmarcada y guardada”. Y aunque no descarta la posibilidad de regresar algún día a la televisión, tampoco desecha su idea de aspirar a un escaño en la Cámara o el Senado. La política es también lo suyo, eso es claro.“Soy bastante uribista: pienso que el expresidente tiene cosas muy acertadas y otras donde supongo que, a veces, el entusiasmo lo lleva a generar una serie de reacciones que no son muy sanas para el país, pero sí respetables. Independientemente de eso nosotros somos muy mediáticos y se nos olvida todo lo bueno que hizo; sí comete unos errorcitos como lo han manifestado los medios, pero por eso no podemos tapar todo lo bueno que hizo”. Luego dice que su referente político es el senador Juan Lozano y que ojalá algún día el país tenga el privilegio de verlo presidente. Y una cosa más: quiere que la recuerden como alguien que hizo bien su trabajo sin buscar privilegiar a nadie.

***Cuando nació su hija Mariana –que tuvo con su esposo Diego Arévalo, hace poco más de un año–, Catalina renunció a la licencia de maternidad para seguir con su trabajo en la Asamblea. Entonces la criticaron, pero ella le restó importancia. Hoy su trabajo como mamá sigue siendo un tema complicado, pues su cargo en la Gobernación no le deja mucho tiempo. “Me levanto a las cinco, a la misma hora que ella, y le doy tetero mientras llega la nana”, dice. Luego sale a trabajar y regresa en la noche, casi siempre cuando Mariana ya duerme.  

El poco tiempo libre que le queda lo aprovecha para estar con su familia, viajar, leer. Ahora dice que por cuenta de su trabajo le toca hacer muchos viajes dentro del departamento, y enumera, como buena política, las ventajas turísticas de Cundinamarca.  Ahora está sentada en el piso de la sala, rodeada por los muñecos de su hija: un Mickey Mouse de peluche, un oso, una silla verde. Mariana, a sus pies, juega con ella, se le tira a los brazos, le habla. Catalina la deja. “Me encanta leer libros con temas de motivación aunque ahora, por el trabajo, estoy leyendo Momentos y perfiles en la historia de Colombia, de Abelardo Forero Benavides, un libro que reeditamos con Villegas Editores. Pero en general me gustan mucho los libros que lo llevan a uno a ser mejor persona, más tranquila, más amable”.

Al final, vamos al parque que queda frente a su edificio, lleno de árboles grandes con flores amarillas. Catalina, esbelta, camina con soltura por la hierba. Tal vez recuerda su pasado de reina; ese que tuvo alguna vez antes de que la política terminara reclamándola.