Amancio Ortega: el hombre detrás del imperio Zara

El creador y dueño de la cadena de tiendas de ropa Zara, se acaba de ubicar como el tercer hombre más rico del mundo. ¿Cómo lo hace?
Amancio Ortega: el hombre detrás del imperio Zara

No viene de familia de modistas ni es admirador desde pequeño de ningún diseñador. La relación de Amancio Ortega con la moda es mucho más simple que eso. A la hora de hacer ropa se inspira en su buen gusto para los negocios. Porque lo que este español entendió es que más que una pasión, la moda es una transacción.Así ha sido desde que cumplió 23 años. Edad en que decidió aprovechar lo que aprendió como repartidor en una camisería y otros años de trabajo en una empresa textil, para abrir su propio negocio. Confecciones Goa (iniciales de su nombre completo invertido: Amancio Ortega Gaona) fue el lugar donde fabricaba batas levantadoras. Ahí se dio cuenta de que más allá de producir en grandes cantidades, la clave de hacer ropa estaba en ofrecerla a precios bajos; para ello era necesario fabricar, distribuir y vender directamente. 

No fue fácil, ni tampoco rápido. En 1975 decidió reenfocar su negocio y abrió la primera tienda de Zara en La Coruña, España. El cambio de nombre no tuvo ninguna ciencia en realidad. Lo que Amancio Ortega buscaba era una palabra corta, sencilla, que no tuviera que traducirse en cada país. Desde ese momento tenía claro que Zara sería un negocio internacional. Fue tal el éxito de su producción en masa y a bajo precio que rápidamente este nombre se volvió un tema de conversación obligatorio entre las españolas. 

Ya no era exclusivo de las mujeres ricas y de las celebridades el lucir diseños de calidad y de última colección. Zara trajo la exclusividad de las pasarelas de París, Milán y Nueva York a las calles, y las mujeres lo aman por eso. Tanto así que tan solo 10 años después Amancio Ortega creó Inditex, compañía matriz que controla las actividades de Zara, que para ese momento ya sumaban casi 50 y solo en España.  

Pero en medio de tanto amor, también se levantan odios y envidias. En más de una ocasión se dijo que plagiaba estilos exactos de diseñadores y tiendas de marca. Ante eso, se limita a responder: “Todos nos inspiramos en lo que vemos. Una vez iba en mi carro y vi a un joven que transitaba en una moto con una chaqueta con taches, en ese momento llamé a mis diseñadores y los puse a trabajar en esa idea. Fue un éxito”.Soberbia o claridad en el negocio, cualquiera de las dos le ha funcionado. En 1988 abrió la primera tienda internacional de Zara, en Oporto (Portugal), y un año después, la primera en Nueva York, lo que significó la entrada en el club de los grandes distribuidores textiles del mundo. 

En medio de tanto éxito, habría podido pensarse que Amancio Ortega se convertiría en la nueva cara del mundo textil. Pero la verdad es que este hombre amante de la hípica, los carros y la pintura es un enemigo de la sobreexposición. Hasta hace dos años la única foto que se tenía de él era la que aparecía en el primer comunicado oficial de la empresa. Todo el mundo hablaba del creador de un imperio pero nadie lo conocía. Y aunque pueda ser tomado como un acto de arrogancia, quienes lo conocen coinciden en que más sencillo que él no hay. Eso explicaría el que alguna vez haya dicho: “No vale la pena ser empresario solo para ser rico”. 

Puede que tenga razón. Lo que no puede es evitar ser una máquina de hacer plata. Inditex ya vale en la bolsa 56.473 millones de dólares, más que Telefónica o el Banco Santander. Sólo este año su fortuna aumentó en un 32%, es decir 11.400 millones de dólares, a pesar de la crisis en España. Según Bloomberg –agencia estadounidense especializada en información económica– es el tercer hombre más rico del mundo, después de Carlos Slim (68.000 millones de dólares) y de Bill Gates (63.000 millones de dólares). 

Si a esto se le suma que, en promedio, se abre al menos una tienda de Zara en el mundo, y que además cuenta con los ingresos de Pull&Bear, Bershka, Oysho, Massimo Dutti y Zara Home, no se puede descartar la posibilidad de que este hombre, al que no le gusta figurar, se convierta en unos años en el más rico del planeta. Por ahora, puede conformarse con ser el creador de un imperio.  

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