Karen Martínez: "Yo no soy la sombra de Juanes"

Aunque esta bella cartagenera se siente feliz con sus 32 años, su esposo y sus tres hijos, quisiera actuar más para volver a sentir esas maripositas en el estómago.
Karen Martínez: "Yo no soy la sombra de Juanes"

Quedamos de vernos en un restaurante japonés cerca de su casa en Key Biscayne. La idea es saber de Karen más allá de Juanes, y qué mejor que sacarla de sus fronteras, fuera de su casa, así sólo sea por unas cuantas cuadras. Antes de entrar al local de nuestra cita, la imagino muy sensual en un rincón del pequeño salón, escribiendo en su iPhone fucsia, impaciente por mi retraso. Voy tarde, respiro hondo, empujo la puerta y sucede lo improbable. Por arte de magia aparezco frente a una mesa con siete niñas, una nana toda de blanco y Karen, la mamá responsable de llevar a Luna, a Paloma y a sus amiguitas a almorzar. Adiós cliché de mujer hermosa en pausa, con nubes de humo cercándola.

Dejamos el bochinche infantil y nos sentamos en la mesa más apartada. Ya sólo se oye la voz oriental del chef que grita como Bruce Lee. Ella se para y da unas indicaciones finales a la niñera de turno y vuelve sonriente. Se me había olvidado cómo eran las mujeres dulces de verdad. A medida que sus labios se mueven, el sonsonete oriental de fondo se va desvaneciendo más y más. Karen dice: “Hoy tenía el día libre, entonces lo mejor era llevarlas a todas a comer, mientras contigo pensé hacerme en una mesa de al lado. Primero creí que iba a salir sola, ¡pero es que soy mamá tiempo completo! y me alegro de eso”.  Lleva una camiseta azul, cielo pálido, muy suelta, que deja por fuera sus hombros y sus largos brazos muy bronceados, Sus ojos castaños brillan igual que las iluminaciones de su pelo alborotado. Se vanagloria de no ser una mujer de vivir con blower todo el día. Aunque no le suene bien eso de hippie chic, finalmente acepta que definitivamente ese es su estilo. Su apariencia muy ligera, con apenas 54 kilos repartidos en sus 172 centímetros de estatura, hacen de Karen una rubia de porcelana. Su cara, como sus palabras, no necesitan maquillaje.¡Karen Cecilia Martínez!

Pues imagínate que a mí todo el mundo me dice Cecilia. Que mi papá me perdone, él me puso así, ¡pero ese nombre  no pega! Realmente la gente que me conoce, sabe que me llamo Cecilia, y me dice la Chechi. El bote que compró Juan dice “La Chechi”, y ya me gusta. ¡Me gusta la Chechi!

¿Cuánto lleva viviendo con Juanes?

Doce años. Lo conocí y a los tres meses ya estábamos juntos. En el 2003 nació mi hija y en el 2004 nos casamos.

¿Usted es consciente de que ya no es simplemente Karen?

Sí. Ahora soy Karen, la esposa de Juanes. Las cosas empezaron a pasar, nuestra vida empezó a cambiar, su carrera empezó a crecer, a tener éxito y, entonces yo quedé embarazada de Luna, después de Paloma, y en todo ese tiempo embarazada en Miami hice un pare en mi carrera. Y ahí viene esa explosión de acontecimientos, pasamos de ser una pareja en Bogotá a tener familia en Miami.

¿Qué siente que la gente le pregunte todo el tiempo por Juanes?

Yo no sufro por eso. Obviamente, cuando voy a dar entrevistas, si yo quiero hablar de mi trabajo, entonces dejo claro que lo que quieran preguntar sobre él, se lo pregunten a él.

Esa preguntadera sobre Juanes puede ser una tortura.

¡Claro que sí! Y cuando eso pasa yo simplemente no respondo. No me complico ni me enredo, tampoco me frustro porque es muy lindo también lo que ha pasado con él. Yo no quiero ser la sombra de él y no lo soy, por esa misma razón yo trato en lo posible de mantener esa vida familiar, pero también esa vida laboral y de mujer.

¿Cómo es lo laboral? Hoy es actriz, pero modelo ya no.

Sí, ya no tanto, ya estoy grande. Tener un bebé es un milagro de la vida y yo tuve tres. Para mí es una bendición, es lo más importante, pero también me quiero realizar en otras cosas.

¿Como actriz?

Como actriz y como presentadora. Estoy en un programa hace ya cinco años. Primero estaba en un canal, después en otro. Ahora estoy en Univisión, en un programa que se llama Viva la familia, y salgo todos los sábados y grabo una vez al mes, entonces tengo mi tiempo.

Graba una vez al mes. ¿Cuántos programas?

En tres días al mes grabo ocho programas. Son tres días intensos, empezamos 8 de la mañana y terminamos tipo 10, 11 de la noche. He descubierto una faceta que nunca había desarrollado y que ahora resulta que me encanta.

Esos tres días es el sacrificio de los hijos.

Realmente es muy poco.

¿Y eso lo arregla con Juanes?

Siempre.

Todo se acuerda con Juanes.

Todo. El programa no porque no afecta en nada, pero para mi actuación en El paseo 2, con John Leguízamo, claro que lo hablamos con Juanes, porque me tuve que ir de casa muchos días.

 ¿Cuánto es mamá hoy en día?

Yo creo que es 70% mamá y 30% el resto. Acabé de tener a Dante, mi tercer hijo, y ya siento que es un buen momento.

¿Buen momento para qué?

De hacer más cosas chéveres, interesantes.

¿Dante qué edad tiene?

Tiene dos años y medio.

Hagamos un paralelo con Luna. ¿A cuánto de nacida usted volvió a actuar?

Cuando cumplió dos años hice El cartel.

Y ahora Dante con dos años y medio, ¿ve que hay una constante?

¡Es verdad! Pero ya no habrá más constantes... ¡porque no habrá más hijos! Es el momento de verdad de dedicarme un poquito más a todas las cosas que siempre me han gustado.

En un mundo en donde las mujeres son tan competitivas y exitosas, hay que tener mucha humildad para no querer competirle a Juanes, ¿está de acuerdo?

Totalmente. Yo no puedo hablar por otras personas así que voy a hablar por mí. Siento que estamos juntos, creciendo en muchos aspectos, y siento que cuando dos personas están juntas,se deben apoyar. Yo lo apoyo a él y a su trabajo y él me apoya a mí.

Pero no es tan equitativo como suena, porque hoy el reconocimiento es más  para Juanes que para usted.

Pero siempre tiene que haber una persona que sea el ancla.

A Juanes lo aplaude un público, ¿a Karen quién la aplaude?

¿Quién me aplaude? Yo misma me aplaudo y el que me quiera aplaudir, también.

¿Usted siente eso? ¿Qué hay un gran sacrificio por parte suya?

Claro que sí, si no, ¡yo veré si él no es consciente! Díselo, díselo cuando lo veas. (Suelta una carcajada que termina con el ceño fruncido).

¡Claro que se lo voy a decir! Usted es la persona que comprende a Juanes...

La que tiene que soplar para que el otro vuele. Pero también el otro tiene que soplar. Y siempre va haber uno que sopla más. A veces se descoordina un poco, no es algo que planeamos, es algo que  fluye entre los dos y que el día que no fluya, muy seguramente... ¿Me entiendes?

¿Se acaba?

Sí, porque naturalmente las cosas se dan entre nosotros dos. O sea, yo estoy pensando en que a él le vaya bien, pero también pienso en mí. Yo también tengo ganas.

¿Qué es lo más fuerte del rol de mamá?

Hay que tener paciencia para criarlos y escucharlos. ¡Es fuerte! Educar a tres niños no es fácil. Uno nunca sabe qué está bien y qué está mal y si lo estás haciendo bien o lo estás haciendo mal, y todo el mundo te dice y todo el mundo te habla.

Lo más grato de vivir con Juanes, un momento, un instante, un rato.

Sentarnos a hablar de la vida, de lo que sentimos, de lo que siente él, de lo que siento yo. Hablar como amigos en nuestro sofá o en el balcón, es lo máximo. Mirando la luna, las estrellas, las palmeras, la verdad es que en Miami eso lo vivo bien.

¿Y lo más ingrato de vivir con Juanes?

Yo creo que la palabra ingrato no cuadra. Lo más difícil, digámoslo así, de vivir con Juanes, son las despedidas. Y sobre todo las despedidas con los niños, porque ellos a veces no entienden; bueno, las niñas que ya están más grandecitas sí, pero el niño todavía no entiende que tiene un papá que viaja. Ellas ya saben de sus conciertos y son felices invitando a las amigas.

¿En qué asuntos es más difícil ponerse de acuerdo con Juanes?

En temas de cómo educar, porque a veces somos personas diferentes. 

¿Quién es más estricto?

Él. En la balanza soy la más relajada. Él es el más estricto, más disciplinado, pero hay cosas que no son negociables para mí y hay cosas que no son negociables para él.

Deme un ejemplo.

A la hora de irse a dormir, yo ahí soy estricta, yo quiero que se acuesten temprano y él que no porque como viaja tanto, cuando llega quiere estar con ellos. Otro ejemplo, en el tema de la comida es superestricto, se tienen que comer todo, no se pueden parar de la mesa. En ese tema yo soy mucho más flexible. Si no quieren comer, listo…

Algo que le dé Juanes.

¿Qué me dé en general? Tranquilidad.

Y algo que le quite.

Me quita el sueño.

¿Y eso?

Todavía me lo quita... esperando que llegue de viaje (del tono romántico pasa a la ironía y de ahí a una sonora carcajada).

Todos en la vida necesitamos reteñirnos para que no se nos olvide lo que somos, ¿una cartagenera cómo lo hace?

¡Lo cartagenero no se me quita jamás! Yo obviamente pareciera como que casi nunca voy a Colombia, pero mi conexión con Colombia y, sobre todo con la costa, es muy fuerte con las cosas que vi, olí y sentí en mi infancia.

 ¿Cómo qué?

Bañarse en la casa con manguera, eso es lo máximo. Mis hijas lo hacen cuando llegan allá, y en cucos. O sea, ese tipo de cosas yo pienso que por personalidad y por esencia uno no tiene que cambiar, cambian las circunstancias de la vida pero no uno.

Y en Miami ¿cómo se retiñe todo eso?

Por lo pronto, tengo dos personas cartageneras trabajando en mi casa. Casi todos los días comemos pescado, patacón y mote de queso. Otros días me hacen bandeja paisa o ese tipo de cosas. La comida trato de mantenerla vigente en mi casa. Mi mamá viene todo el tiempo, mi hermana Isabel también, entonces no me siento tan lejos, me siento cerquita.

¿Qué música le gusta?

Esa pregunta nunca me la había hecho, porque yo normalmente escucho música que Juan pone o que él me dice: “Mira, escucha este nuevo grupo, o escucha el rock”. Pero a mí lo que me hace vibrar realmente es la música del Caribe.

Una canción que tenga en la cabeza.

¿Qué siempre pongo? Visa para un sueño, de Juan Luis Guerra, de la época cuando aprendí a bailar, cuando iba a las minitecas. Yo pongo Juan Luis, o pongo Carlos Vives y es como mi tierra, es como si fuera una inyección de vida. Te lo juro, es una vaina que no puedo explicar, yo siento que es la música la que me hace vibrar, así como si pongo reggae, música del Caribe o música africana.***La palabra Caribe me recuerda que hace muy poco Karen estuvo 25 días en Isla Múcura frente a Tolú, casi la mitad de la filmación de El paseo 2, una película dirigida por Harold Trompetero para fin de año. Mes y medio estuvo fuera de su órbita familiar en una especie de retiro de película que la hizo pensar sobre su vida.***¿Qué se le estaba olvidando de Karen Martínez?

Se me estaba olvidando vivir. Se me estaban olvidando esas maripositas cuando tienes ganas de hacer cosas. Y, entonces, cuando todo esto se da y llego a encontrarme con toda esta gente de la película, me empiezan a pasar más cosas, porque me doy cuenta de que realmente estaba deseando eso, y estaba como que ¡wow! y no sabes lo que yo sentí, eran demasiadas emociones durante mes y medio.

¿Y cuál es la moraleja?

No dejar de soñar, no dejar de ir por eso.

Así tenga que negociar con Juanes.

Es que la negociada también se desea y se logra cuando estás seguro de lo que quieres.

Un aspecto inesperado de Juanes con sus hijos.

Intenta conectarse con cada uno de sus hijos a su manera, porque como no son iguales lo que funciona con el uno no funciona con el otro. Con Dante tiene el tema de los superhéroes o los helicópteros o las pistas de carros. Lo coge y lo carga y son Spiderman, se vuelve como si fuera un chiquito. Con Luna usa libros, le trae cuentos a la casa. Y con Paloma es diferente –él se muere de amor por ella–, ella es mucho más activa, entonces se ponen a jugar los dos en la patineta  eléctrica.

¿Quién escogió los nombres de los tres hijos?

Cuando uno se enamora y te vas a casar y piensas en cómo se va a llamar tu hija, sabíamos que ella se iba a llamar Luna, nunca dudamos. Para la segunda, Juan tenía un amigo cuya hija se llamaba Paloma, entonces me dijo Paloma y quedó Paloma. Y con Dante nosotros no sabíamos que íbamos a tener más hijos. Pero él siempre tuvo ese nombre, siempre dijo que si tenía un hijo se llamaría Dante o... un nombre muy raro, que ya ni me acuerdo.

¿Y es por Dante Alighieri?

Por Dante Espinetta, un cantante de Argentina que él escuchó. Pero el cuento es más largo: como nosotros pensamos que no íbamos a tener hijos varones, a un perro que ya se murió le pusimos ese nombre. Pero después le cambiamos el nombre, y al final Juan le puso Oso. Y luego llegó Dante.

¿Qué pensó a la hora de vestirse para esta cita?

Eres psicólogo. A ver ¿qué pensé? Estaba en ropa de ejercicio, hay veces que he hecho entrevistas así, yo soy muy relajada. Acababa de patinar con las niñas y me fui a mi casa y me arreglé solita porque tenía cita con CROMOS.

¿Hoy frente al espejo se ve de la misma manera que se veía cuando era reina?

No, era mucho más insegura, era una niña. Yo nunca creí que fuera a ser reina, pero todo el mundo me decía: “¡Tienes que ser reina!”. Estaba estudiando mi carrera de Odontología y por pura curiosidad entré al reinado.

¿Cuántos semestres de Odontología?

Siete y no la terminé. En mi época, las mujeres más lindas en la Javeriana eran de Odontología, es lo que decía todo el mundo.

¿Un pensamiento hoy que de reina no se le hubiera ocurrido?

Hoy siento que me gusta la edad en la que estoy, me gusta lo que veo, me gustan mis 32 años.

Con el pasar de los años, ¿en qué quedó la vanidad?

Sigo siendo supervanidosa, me encanta estar a la moda. Ahora sé lo que me gusta más que antes, y me siento mejor que antes.

Un miedo de reina que ahora con 32 años diga “¡qué tontería!”.

Miedo a decir que no, por ejemplo. Cuando fui reina, tenía mucho miedo porque era chiquita y era la primera vez que me enfrentaba a medios y eso es muy duro. En ese momento me daba pánico estar frente a un periodista. Siento que el reinado fue superimportante para crecer y quitarme el miedo a las cámaras y a las grabadoras.

Un sentimiento de esa época de reina que diga ¡Qué horror!

De esos recuerdos charros, sentirme como ganado de exposición. Y que todo el mundo te mira hasta lo más mínimo,  hasta el dedo chueco. Al salir me di cuenta de que el físico no importaba tanto.

Y hoy en día, como a las reinas, al que miran más es a Juanes.

Sí, mucho. Eso tampoco es fácil. Yo sé que la gente, bien o mal, va a hablar siempre. Llegas a un sitio y la gente va a empezar a cuchichear, te va a mirar de arriba abajo, quiere saber qué comes, cómo comes, y qué dices. De pronto, el tema para él es más fuerte, por la crítica.

¿Cómo se vuelve invisible Juanes?

No, no, imposible, por eso se alejó un tiempo y se encontró. Todo lo que pasó era necesario porque, si no,  la vida no se vuelve interesante.

¡Adiós a Fernán Martínez!

Claro.

Entre dos Martínez, Juanes se decidió por uno.

La que tenía que ser. Fernán es un mago en lo que hace, yo siempre respeté a Fernán en su trabajo y él me respetó. Sabe quién soy y mi lugar en la vida de Juan. Lo aprecio mucho, fueron muchos años y muchas las cosas que se vivieron. No tengo por qué sentir algo malo por él.

¿Pero finalmente Juanes escuchó más a la Martínez que al otro Martínez?

Mira, yo creo que Juanes no oyó a un Martínez ni al otro. Uno tiene que escucharse a uno mismo. Es una persona sensata y una persona conectada a la verdad. En últimas, tú no vas a oír a todo el mundo, te vas a oír tú. Él está en su proceso y no es fácil porque el éxito ciega a muchas personas. Yo hablo por mi marido, yo sé quién es él.

¿A usted le gusta este nuevo Juanes?

Claro que me gusta, y más, porque él está feliz y porque está haciendo lo que quiso ser. Estoy feliz porque está tomando decisiones. Él lo dijo en muchas entrevistas: “Hasta aquí no voy más, quiero parar, no me siento conectado, tengo que volver a encontrarme, tengo que volver con mi familia”. Es muy valiente, eso me dice mucho más de él.

¿Quién era su ídolo de la infancia?

Mi ídolo era, imagínate, Ricky Martin. Yo quería casarme con él, sabía que lo iba a encontrar. Había otra niña que le gustaba y me daba rabia.

¿Y se lo encontró? ¿En qué año?

Teniendo a mi hija, en el 2004. Fuimos a su casa, yo lo vi y era normal. Yo pienso que es lo mismo que se puede sentir con mi marido, somos iguales, y uno no tiene que idealizar a la gente, pero cuando uno es chiquito la cosa es diferente.

¿Cuál es su estilo: hippie chic?

Ese estilo es tan cliché, pero digamos que sí.

Nunca la he visto con un sastre.

No, jamás me pondría un sastre. La moda es como la actuación, de roles: un día puedo salir más sexy, otro día más casual, otro día más de jeans rotos, superanchos, vestidos, shorts...

Pero no roles de malvada.

No, de putona no... (Lo dice casi como un susurro).

Su mejor amiga...

Estoy pensando cuál. He tenido muchas, una en la escuela, otra en la universidad.

No, con la que más.

Ella es con la que ahora hablo muy poco, en el colegio éramos uña y mugre. Desde que estábamos en kínder hasta el bachillerato en La Presentación, de Cartagena. Ya no nos volvimos a ver, nos vimos muy casualmente, pero ella sabe que la quiero y la llevo en mi corazón, se llama María Cristina pero yo le digo MariCris.

La soledad, ¿buena o mala?

Sabes que no me gusta mucho la soledad. Yo soy muy de la gente, me gusta hablar con la gente, compartir con la gente, no me gusta sentarme a comer sola.

¿Qué es la seducción?

La seducción creo que es una energía que tenemos adentro y es muy necesaria para ponerle picante a la vida.

¿Qué le da miedo?

En un momento me daban miedo las bolitas juntas. Imaginar una figura redonda pegada muchas veces, eso me estresa. No te lo puedo explicar bien.

¿Qué tal está su valentía?

No es que sea la más valiente, pero yo me monto en una montaña rusa sin problema y podría tirarme de un paracaídas.

¿Y Juanes, podría?

¡Jamás! Yo voy a Disney y no tengo quien me acompañe.

Para usted ¿qué significa sumar años?

Sumar años es madurez, es confianza. Son arrugas también. Yo creo que hoy en día el miedo más grande de los seres humanos es a envejecer.

¿Usaría botox?

Yo la verdad no lo descarto, me parece que si no se exagera está perfecto.

Modelo, reina, actriz, mamá, ¿le falta algo por hacer en la vida?

Vivir el día a día, ser feliz.

El primer recuerdo que tiene de Juanes.

El día que lo conocí en su video Podemos hacernos daño. A mí me llamaron para hacer ese video, teníamos que empezar a las doce de la noche, hasta las seis de la tarde, y  llegó  a las seis de la mañana con su banda. Lo veo a él sentándose en maquillaje y yo parándome de maquillaje. Fue un cruce de miradas que nunca se me va a olvidar. Esa fue mi conexión hacia él, no sé si fue la de él, pero fue la mía.

Ahora, su imagen más fresca de su marido.

Ayer en la mañana, muy temprano, me acuerdo de la manera que se despidió, estaba muy risueño. Él siempre antes de salir de viaje les dice a las mujeres que están con nosotros: “Me cuidan a los niños, por favor, y me la cuidan a ella también”.

¿Si volviera a nacer actuaría otra vez?

Sí, claro.

¿Y actuaría más?

¿Qué te digo? Si yo volviera a nacer, quisiera volver a ser igual y con mis mismos hijos pero... sí, actuaría más. Te voy a reconocer que sí, pero no estoy vieja, aún tengo mucho tiempo y puedo seguir actuando.

¿Ha escrito algo sobre su vida?

Bueno, tenía un diario y todos los días iba escribiendo lo que sentía, es una terapia chévere que uno debería tener siempre. Ya no lo hago. Lo perdí, pero tengo el de Juan.

¿Él también lo hacía?

Sí, él tiene libretas en las que escribía lo que sentía… yo lo tengo guardado. Y tengo una también mía, ahora que lo recuerdo, sí, en ese mismo baúl. 

¿Por dónde comienza el resumen de su vida?

¿Por dónde comienzo? Empiezo por Cartagena, empiezo por una familia grande, con mi papá, Efraín Martínez, mis hermanos y mis tíos. Yo siempre viví con mi abuela, mi mamá y mis dos tías, entonces siempre fueron muchas mamás.

¿Qué escribiría en la primera página?

Empezaría con el parto de mi mamá, Olga Insignares, en el hospital Boca Grande. Ella me lo describió y me contó que al parirme casi se muere, mi mamá casi se desangra. Entonces, si quiero contar, debo empezar por mi madre. Por lo fuerte que fue y lo joven que era, mi mamá a los 20 años ya tenía tres hijos. Yo soy la segunda y me tuvo a los 17 años. Hoy en día mi mamá tiene 51 años, mi mamá es superjoven.

¿En qué cree?

Creo que hay un Dios. Y ese Dios es esa fuerza y esa energía que cada uno sigue como quiera. Yo soy católica, pero no sigo a la iglesia como tal, igual que Juan. Creemos en Dios y queremos que nuestros hijos tengan un contacto con Dios y con ellas mismas.

Una frase que la condene a recordarla.

Dejémoslo en “La vida es un ratico”.

¿Qué pasó con su rebeldía?

Sigo siendo rebelde, pregúntale a mi marido. Soy muy terca, digo lo que es, igual que él. Somos  del mismo signo, somos Leo.

¿Una cosa es casarse con el príncipe azul y otra cosa es vivir con el príncipe azul?

No existen los príncipes azules y tampoco hay princesas. ¡Eso es mentira! Somos seres humanos, no somos perfectos, y qué bueno que no somos perfectos. En mi caso mi príncipe es el de la camisa negra.***Nos subimos a su camioneta beige, más alta que ancha, ella al volante y yo oficiando de copiloto quedamos extremadamente cerca. En Miami los taxis sólo aparecen en los hoteles y en los centros comerciales, y ella no tiene problema en llevarnos. Tan automático como mete la llave y arranca, mete el disco de su marido y suena Juanes Unplugged. Ella no se ve sola pero da la sensación de que una soledad inclemente anda muy cerca y la asedia. Al fondo Sabina, de azul,

chilla.