Puros criollos, postales para abandonar el arribismo

En su segunda temporada, el programa Los puros criollos apunta a develar las historia detrás de los símbolos más representativos de Colombia. Postales para abandonar el arribismo.
Puros criollos, postales para abandonar el arribismo

¿Por qué nos encantan los reinados a los colombianos? ¿Cómo llegó la ruana al país? ¿Por qué el sancocho es tan importante en nuestra gastronomía? ¿Cuál es el secreto detrás del éxito del chocorramo? Parecen preguntas dispares, sin embargo, están unidas bajo el formato de Los puros criollos, la apuesta de Señal Colombia para desentrañar los símbolos que representan la identidad nacional.

En la dirección de la serie está Néstor Oliveros, recordado por proyectos  como Colombia se mueve (2007) e Historia Central (2009), quien en esta ocasión conservó la intención inicial que mueve la mayoría de sus trabajos: volver visibles las cosas no visibles de nuestra cotidianidad desde una perspectiva entrañable y cómica.La cuota de humor del proyecto se la encontró en el camino con Santiago Rivas, quien inicialmente iba a ser el presentador de un capítulo y terminó colaborando en el guion y conduciendo los 13 capítulos de la primera temporada. “Los puros criollos es una manera diferente de hacer entretenimiento, sin apelar a las emociones gratuitas que genera el narcotráfico o los realities, tratando de comprender el país desde la voces de la gente del común”.

El espectro de historias es amplio y variado: el Divino Niño, las fiestas de quince, la chicha, el Renault 4, la arepa, el chance, el tamal… Cada capítulo se construye a partir de una investigación en la que participan musicólogos, antropólogos e historiadores, entre otros, para dar paso a los testimonios de las personas del común. “Recuerdo el capítulo de la ruana, pasamos de la opinión de Pilar Castaño, quien afirmaba que las ruanas provenían de las capas españolas, a la voz de Alfredo Molano, quien demostraba que en realidad provenían de Chile, en el intercambio de las culturas indígenas”.

El protagonismo, no obstante, se lo roban los testimonios de las personas involucradas en cada actividad, se trate de elaborar tejidos, organizar reinados o fabricar arepas. Durante la etapa de  grabación de los 30 episodios de la segunda temporada, el equipo de producción contó con la participación  franca de la gente: “Esa profunda honestidad de las personas hace que el público no se ría de ellos sino con ellos”, dijo Rivas.

El encargado de que el desarrollo de los capítulos sea equilibrado es Oliveros, quien enfatiza en una reportería respetuosa, sin ser despótica ni condescendiente. Las críticas, desde luego, no han faltado. En los comentarios de los televidentes en el portal web de la serie, algunos señalan el toque light que se le dan a los temas, otros, en cambio, afirman que en el programa se mofan de las opiniones de los entrevistados. Aclara Rivas que “la televisión se juega con un cierto dramatismo, pero nunca hemos querido burlarnos de los participantes”.

Sin embargo, tal vez la mayor carga emotiva de los puros criollos se deba a que deja al descubierto un elemento sensible y velado, el clasismo nacional: “Los colombianos siempre queremos estar arriba y eso va desde querer ser argentino hasta tener una villa en la Riviera francesa… tenemos un espíritu arribista muy complicado”.

Pero la parodia no se agota mostrando la cara simpática de un país que no repara en sus símbolos; la parodia también da para hacer mofa del propio canal: “Presentar un programa en Señal Colombia es como jugar en Lanceros Boyacá o Alianza Petrolera, ahí no me las estoy dando de nada, pero tampoco me interesa estar en otra parte”.