Cuando el apocalipsis llama a la puerta

Antes de que llegue el fin de los tiempos, tres familias se preparan para sobrevivir cuando poco o nada haya por hacer. Son historias que habitan la delgada línea que separa la previsión Y la locura. ¡De muerte lenta!
Cuando el apocalipsis llama a la puerta

“El mundo se va a acabar”, reza una sentencia que cada vez se escucha con mayor fuerza y tinte apocalíptico. Verdad a medias o delirio en ciernes, lo cierto es que como toda profecía que anuncia el fin, evoca la polvareda y el estruendo de un combate definitivo. Desde luego, no es una cuestión baladí; cada vez más ubicua y con una mayor carga dramática, se trata de un pavor generalizado que ha calado en la cabeza de más de un mortal, al punto de haber transformado sus vidas para siempre.

Las hipótesis que causarán el apocalipsis son múltiples, así como los prospectos escenarios de la tragedia. Desde las profecías Mayas, que señalan el inicio de una fase de transmutación energética de la tierra que iniciará un nuevo ciclo el próximo 21 de diciembre; pasando por el álgido escenario geopolítico actual que divide al mundo occidental y musulmán, que tienen como correlato episodios de antisemitismo y forajidos sin tierra; continuando por la amenaza del calentamiento global y los cada vez más recurrentes maremotos y movimientos telúricos; hasta los fenómenos literarios de ciencia ficción que hablan de una invasión zombi… el fin del mundo parece estar a la vuelta de la esquina.

Las reacciones y los escenarios de contingencia posibles también son diversos. Se trata de familias que, no contentas con el lúgubre vaticinio, se preparan con planes y protocolos detallados para sobrevivir al final de los tiempos. ¿Cómo lo hacen?

La obsesión por acumular alimento

Floresville, Texas. A las afueras del pequeño suburbio, la mayoría de sus habitantes se dedican a pasar sus años de retiro llevando una vida serena en los apacibles campos de golf de la región. Lo que pocos saben, no obstante, es que a tan solo 15 millas al norte, en contraste con esa situación de confort y sosiego, la familia de Gloria Haswell y Paul Ranch tiene otro modo de asumir su cotidianidad: ellos se preparan para un terremoto definitivo.

Convencidos de que un gran movimiento telúrico generará un cambio continental que desplazará el eje de la tierra y trasladará la región de Texas a donde actualmente se encuentra Canadá, esta familia se dedica a construir su propia fortaleza en medio de un complejo rural.

Todos los días, desde tempranas horas de la mañana, y a lo largo de 50 horas a la semana, esta familia se dedica sin concesiones a cultivar y conservar alimentos, reforzar las defensas estructurales y diseñar mecanismos que mejoren sus probabilidades de supervivencia cuando llegue la debacle.

Aunque parezca exagerado, en su lógica de supervivencia los preparativos nunca serán suficientes. Un caso diciente es la rutina de la señora Haswell, quien ocho veces al día cocina alimentos, no solo para la subsistencia diaria, sino para acumular en la despensa las provisiones que usará cuando llegue la crisis. Después de varios meses de trabajo de almacenamiento y conserva de alimentos, en la actualidad la familia ha acumulado 21.000 kilos de comida que  permitirían alimentar a dos personas durante 20 años. “Algunas personas creen que esto no es un comportamiento normal, pero nos brinda paz mental”, dice la señora Haswell en uno de los episodios de Preppers, de NatGeo, mientras uno puede ver a su esposo dedicado a desollar el pollo y marinarlo en guisantes, deshidratar el maíz y ahumar la carne de cabra que será almacenada en frascos de conserva.

Sin embargo, más allá de la perspectiva de un futuro sin comida, los preparativos se extienden a la seguridad del fortín y a las reservas de agua. Recordando a menudo su dramático paso por Vietnam, en donde resultó herido, Paul frecuentemente realiza polígono junto a su esposa para estar preparado ante cualquier ataque foráneo. Incluso en ocasiones, convencido de la seguridad de su fortín, lanza tiros hacia la construcción para verificar la fortaleza de su bastión, construido en contenedores de acero de 1 centímetro de grosor y 12 metros de largo: “Es nuestro estilo de vida, si a la gente no le gusta, entonces que no se acerque a mi propiedad”, aclara en la serie.

Temerosos de una remota pero siempre posible inversión magnética de los polos de la tierra,  que convertiría a Texas en un desierto, la familia de Gloria y Paul ha innovado en los métodos para almacenar agua y obtener energías alternativas. Así, un pozo en el interior de la construcción almacena las aguas lluvias, mientras un ensamblaje de paneles solares, la instalación de molinos de viento y el uso de gas metano proveniente del estiércol de las cabras y los cerdos, completa el arsenal de energía alternativa que les permitiría  generar calefacción y cocinar sin depender de un razonamiento energético.

Ellos saben que todas las precauciones deben ser exhaustivas y concienzudas. Sin embargo, también saben que todas sus estrategias resultarían inútiles si el fortín se viera comprometido. Por esa razón también han diseñado un plan de evacuación, en trabajo conjunto con 22 vecinos. Con un autobús escolar adecuado con camas y remolque para transportar cabras y pollos, ellos practican simulacros de evacuación que les facilitaría huir en un lapso de menos de una hora con 4.000 kilos de alimentos y 1.200 litros de agua. Siguiendo las indicaciones de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA por sus siglas en inglés), el sitio de evacuación se encuentra ubicado a dos horas (en un lugar secreto) y se accede a él con un tanque de combustible. Al final del simulacro, acampan en círculo, emulando los modos de protección y refugio más tribales, del centro hacia afuera.

No se sabe si primero colapse su contenedor de almacenamiento de alimentos, al que solo le resta espacio para 4.000 de los 25.000 kilos de espacio, o si llegue primero el fin del mundo, lo cierto es que este modo de vida es un delirio muy real.

La familia Layton

Para esta familia, el miedo solo es uno, aunque el rostro de la tragedia es múltiple: desastres naturales, el momento del juicio final, colapso económico o una invasión extraterreste… Los Layton dicen estar preparados para lo peor. Aunque no por ello hayan perdido el juicio. O al menos así lo demuestra el “búnker” que han acomodado en el sótano que yace bajo la oficina de Peggy Layton. Allí, las camas apiladas dejan espacio libre para una generosa cocina, y lugar para las reservas de alimentos y enseres que incluyen productos para el aseo y el alimento de las mascotas: “La vida después del apocalipsis también requerirá lavar platos y realizar aseo”,  sostiene Peggy en un artículo publicado en el portal británico Daily Mail.

Originarios de Manti, Utah, los Layton, además de su búnker, también protegen su jardín como si de su vida se tratase. Saben bien que es allí donde se refugiarán en caso de que alguna inundación desmantele su fortín. “No nos rendiremos sin resistir”, afirma el señor Layton, mientras pasa revista por la cocina y la sala donde está el almacenamiento de suministros y provisiones.

La acumulación de enseres, en el caso de Peggy, parece bordear lo patológico, con un solo límite que es más real, por ahora, que el advenimiento del apocalipsis: los problemas de espacio en el sótano para almacenar las provisiones y dar albergue a los siete hijos de la familia.

El Doctor Supervivencia

Su barba luce tan atiborrada como la despensa en donde almacena sus vastas provisiones. A primera vista su aspecto es ajado y caótico, aunque él insista en que su objetivo en la tierra es conjurar el caos que llegará con el día del juicio final. Se trata del Doctor Supervivencia, un enigmático y sombrío personaje que a través de sus programas en Youtube emite consejos a sus seguidores para los días después de la destrucción.

¿Cómo construir un vehículo de supervivencia después del apocalipsis zombi? ¿Cómo sobrevivir a la ausencia de medicamentos después de un colapso en el que no puedan ser fabricados? ¿Qué llevar en el kit dental? ¿Cómo utilizar la miel para sanar las heridas? Son preguntas que se tejen entre la excentricidad y el saber más ancestral de los abuelos, pero que han alimentado la fascinación de muchas personas, quienes con más de 15.000 visitas, confirman el fenómeno viral en internet.

Algunos no obstante, han salido al paso para señalar sus extravagancias, que van desde acumular monedas y billetes viejos para después de la crisis financiera, hasta su fascinación por el uso de armas y máscaras de gas. “Si resultara ser un desorden, siento una gran urgencia de estar preparado y tener a mi familia preparada, podría tratarse de un terremoto, o podríamos tener un colapso económico”, le confesó a Daily Mail.

Sin embargo, lo más aterrador del Doctor Supervivencia es su fascinación por cultivar conejos, matarlos y almacenar su carne. Mucho se habla de sus rarezas, pero poco de quienes están a su lado y tienen que soportar sus exageraciones. Su esposa Liz, sale al paso y concluye: “Trato de apoyarlo en todo lo que hace, pero es un desafío… de todos modos estoy muy agradecida de que mi esposo se haya tomado el tiempo de poner todas las cosas juntas”.

***“El mundo se va a acabar”, se escucha en todas partes. Quizá, en el fondo, sea el sofisma de una humanidad que hace uso de la idea del apocalipsis como un antídoto para no enloquecer frente al miedo de la incertidumbre.