Claudia Palacios, de nuevo en casa

Abordamos a la periodista en el apartamento del que no piensa mudarse en mucho tiempo. De la comodidad de los estudios norteamericanos a los medios nacionales.
Claudia Palacios, de nuevo en casa

A pesar de estar en un edificio que tiene más de cuarenta años, el apartamento de Claudia Palacios luce como nuevo. Fue precisamente por eso que decidió instalarse en él: hay una sala enorme que durante el día está iluminada gracias a un alargado balcón que da a la calle, y el piso de madera conserva el brillo de la primera encerada. Si así es el piso, ni hablar de las paredes que están doblemente impecables. Tienen el blanco reluciente de los muros de un museo.  “Antes de radicarme en Bogotá vine un fin de semana y, con una asesora, empezamos a ver apartamentos para alquilar. Cuando vi este dije: ¡aquí me quedo! Está remodelado como yo lo remodelaría”, dice.

Los enseres están debidamente ordenados. No parece una residencia amoblada en menos de veinte días. “Lo que llevé a Atlanta en el 2004 lo volví a traer en un contenedor de 20 pies y, así mismo, lo organicé rápidamente”. Los cuadros fue lo primero que acomodó. Si hay algo material que ella aprecie son las pinturas que ha adquirido paulatinamente, en gran parte de su residencia las hay de todos los tamaños. “Yo trabajo para tener arte. En mis paredes no hay muchos, pero el que tengo lo he trabajado. Me dejo asesorar por amigos a la hora de comprar. La mayoría son obras de artistas desconocidos”, asegura.

Aunque no tenía trabajo antes de venir, ella sabía que tarde o temprano encontraría otra oportunidad. Los que la vieron en Canal Caracol no se olvidan de su carisma ni de su profesionalismo. Cuando en los medios se coló el rumor que retornaría a Colombia, más de uno se la imaginó presentando noticias. Pero no, ahora ella está haciendo periodismo desde otro lugar.  Su idea era  trabajar en medios diferentes y, en el camino, la fichó Julio Sánchez Cristo para que hiciera parte de la mesa de trabajo de La W en las mañanas. “A Julio le dije que necesitaba dos meses y apenas me tomé uno de descanso. Todo sucedió tan a la carrera que han pasado casi tres meses y esta es la hora que ni siquiera tengo carro porque no he podido tramitar el pase”, sostiene.

Triunfar en el exterior no es tarea fácil, más cuando se trata de competitividad en medios de comunicación. Claudia Palacios se fue sin saber inglés a CNN, una de las cadenas de noticias más importantes. Y le fue tan bien que estuvo a nada de cumplir diez años presentando noticias para Latinoamérica. El tiempo que estuvo radicada en Atlanta le alcanzó para vivir junto a su hijo Pablo como una norteamericana más. Y tal vez eso fue lo que la impulsó a retornar a la ciudad donde estudió comunicación y se hizo periodista. “Yo quería nuevos retos, estaba aburrida de tener una vida perfecta para la jubilación. Me sentía con una rutina muy plana y yo necesito más emoción. Soy una cabra que siempre anda buscando qué hacer”, manifiesta.

Si altas dosis de voltaje estaba buscando, aquí las encontró. Desde finales de agosto, el espacio del apartamento que más utiliza es su estudio. Sus trabajos en radio, prensa escrita y los programas esporádicos que graba para CNN la absorben hasta los fines de semana. “No he tenido tiempo para disfrutar mi casa, no he podido ver una película, no he podido cocinar. Ahora estoy recordando cómo vivía hace ocho años, cuando estaba en Caracol”, confiesa.

Sin embargo, no todo en su vida es periodismo. Siempre saca un rato para uno de sus hobbies: leer. En el estudio tiene una biblioteca con sus libros favoritos, los que leyó antes y durante su experiencia en Estados Unidos. “En el contenedor traje los autores que más me gustan y que no dejo de seguir: Javier Moró, Isabel Allende, García Márquez, Vargas Llosa. Me gusta leer en las noches, cuando sé que ya no tengo que pararme de la cama. No me gusta interrumpir las lecturas”, afirma.

Cada vez que vino mientras vivió en el extranjero, sacó días para visitar a su familia en La Buitrera, un corregimiento ubicado a veinte minutos de Palmira. Para las vacaciones de fin de año piensa volver con su hijo a la finca donde creció y vive su madre. Como equipaje llevará una caja que también se trajo de Atlanta. “Es una caja llena de recuerdos que,  no sé por qué, nunca abrí. Hace poco me gasté una tarde sacando cosas; en ella tengo el delantal del uniforme de colegio de Palmira, las credenciales de los amigos de amor y amistad, y cartas de cuando era scout”, dice. En esto último se pueden deducir las razones de su regreso definitivo. Y es que de ahora en adelante ya no va a tener que viajar muchas horas en avión para volver a los lugares que recorrió antes de ser una de las periodistas más destacadas de Colombia.