Herta Müller: "Les temo a las palabras porque con ellas toco cicaterices"

La obra de Herta Müller, ganadora del premio Nobel de Literatura en 2009, por estos días está en boga entre los lectores colombianos gracias a su participación en el Hay Festival. Sus novelas, sombrías y desgarradas, hablan de las cicatrices psicológicas que dejan las dictaduras.
Herta Müller: "Les temo a las palabras porque con ellas toco cicaterices"

Los ojos de Herta Müller son fríos y penetrantes. En su novela La bestia del corazón la escritora plantea que en la cara de las personas se puede leer la región de donde proceden, y ella misma comprueba la teoría con su mirada, que habla del dolor que ha sentido, visto y heredado a lo largo de su vida. Ese dolor fue el que la obligó a escribir y la llevó a construir un universo literario poético y  conmovedor que la hizo merecedora del Nobel en 2009.

Müller (1953) nació en un hogar roto en Nitzkydorf, Rumania, un pueblo de habla alemana que perteneció al Imperio austrohúngaro. Su lugar de origen hizo que su vida estuviera marcada por el infortunio. Todo empezó en la Segunda Guerra Mundial. Rumania se alió con el régimen nacionalsocialista y su padre se convirtió en un nazi fervoroso, voluntario de las SS hitlerianas. Luego, poco antes de que terminara el conflicto, Rumania cambió de posición, empezó a hacer parte del bloque comunista y Stalin ordenó la deportación de los miembros de la minoría alemana a campos de trabajo forzado en la Unión Soviética, de tal forma que pagaran por la culpa colectiva que habían originado los crímenes del Reich. Entre ellos estaba la madre de Müller, quien tuvo que soportar cinco años de hambre en prisión.

Hija de un ex nazi alcohólico y de una ex prisionera devastada por su experiencia en los campos, Müller siempre llevó sobre sus hombros el peso de la culpa heredada de su padre –quien tomó el lado de los asesinos–, y alimentó una curiosidad enfermiza por conocer la experiencia de su madre en esos campos del terror. "En Rusia, ella abría las piernas por un trozo de pan –escribió en su novela El hombre es un gran faisán en el mundo–. Su novio pensaba entonces: Es bonita y el hambre duele".

Ese hogar destrozado por cuenta de regímenes totalitarios despiadados luego tuvo que enfrentar la brutal dictadura comunista de Nicolae Ceaucescu, quien estuvo en el poder de 1967 a 1989. Su mandato produjo tanta pobreza y descontento que las voces de protesta empezaron a ser acalladas por la policía secreta que se encargaba exterminar a la oposición. La gente, entonces, ya no solo tenía hambre, sino miedo. El silencio era la norma para sobrevivir.

En 1979, cuando Müller trabajaba como traductora en una fábrica de máquinas, la policía secreta la buscó y le pidió convertirse en espía e informante del régimen. Ella se negó y por esta razón perdió su trabajo. En ese momento recurrió a las palabras y se convirtió en la piedra en el zapato del poder, pues empezó a dar a conocer la realidad que enfrentaba su país a través de cuentos y novelas que se publicaban en Alemania y se censuraban en Rumania.

“La literatura evitó que me volviera loca  –reveló Müller a la Fundación Nobel–. Las palabras saben cosas que la experiencia no conoce”. Su relación con la literatura empezó con un libro de cuentos que tituló En tierras bajas, luego le siguieron novelas como La piel del zorro, Hoy hubiera preferido no encontrarme a mí misma y Todo lo que tengo lo llevo conmigo, entre otra veintena. Toda su obra se ha caracterizado por su tono sombrío y melancólico. Sus frases cortas y metafóricas, similares a la poesía, representan la cotidianidad de individuos desencantados que viven por inercia, prevenidos y temerosos a la espera de la muerte. Las críticas de la autora aparecen tácitamente, pero las situaciones que describe expresan a gritos la desesperación y la soledad de sus personajes.

La escritora retó al poder y este respondió. Durante los diez años que precedieron su exilio a Alemania, Müller salía de su casa sin saber si regresaría viva. La policía secreta la acusó de prostitución, la culpó de contrabando y la amenazó de muerte. “En algún momento consideré el suicidio, pero no les daría el gusto de matarme”, reveló antes de recibir el Nobel.

En 1987 le concedieron el permiso para salir del país. La literatura la salvó, pero también la atormenta: “Aplazo escribir porque le temo. Cuando escribo estoy poseída, es una adicción que me enferma y me cansa. Les temo a las palabras pues requieren mucha precisión y con ellas toco cicatrices que estarán conmigo para siempre”.

 

Véala en Bogotá el 29 de enero

La escritora  Herta Müller, Premio Nobel de Literatura 2009, participará en un foro  el MARTES 29 DE ENERO a partir de las 7 p.m. en el Auditorio Rogelio Salmona del Centro cultural. Entrada libre hasta completar el aforo.