Paris Cutler, la mejor pastelera del mundo

Esta rubia australiana entró al cielo de los famosos después de hacer el ponqué de matrimonio de Nicole Kidman y Keith Urban. Ahora todos quieren con ella.
Paris Cutler, la mejor pastelera del mundo

Paris Cutler es dulce, muy dulce, como sus ponqués. O por lo menos así suena al otro lado del teléfono en Australia, desde donde habló con CROMOS. Sin embargo, en acción, no es tan dócil como parece. Cutler es una empresaria voluntariosa y obstinada que se arriesgó a comprar una pastelería después de muchos años en los que sintió que su alma se moría en medio del mundo corporativo.

Cutler se lanzó al agua ilusionada, sin imaginar que se encontraría con un universo tan dulce como siniestro. En el transcurso de tres años el negocio casi llega a la quiebra, dejó de dormir, su matrimonio se acabó y su tienda se llenó de intimidaciones y cámaras escondidas de pasteleros celosos de la competencia. Pero después de tocar fondo, Cutler finalmente encontró el secreto que la llevaría al éxito: “Aparte de conseguir los mejores talentos y de atreverme a cruzar fronteras, el mercadeo es clave –asegura–. Así llegué a las celebridades”.

El ponqué del matrimonio de Nicole Kidman y Keith Urban fue la entrada de Cutler y de Planet Cake a ese mundo excéntrico y despilfarrador de los famosos. Después llegarían clientes como Rihanna y Celine Dion, por quienes empezó a exportar sus productos a diferentes países y a darse a conocer como la mejor pastelera del mundo, pues sus ventas crecieron a pasos agigantados –en una semana puede hacer hasta 30 pasteles de matrimonio–, fundó una escuela para decoradores de ponqués que ya tiene sedes en cuatro ciudades de Australia, escribió cuatro libros sobre su arte y creó el programa Planet Cake, que se estrena en Latinoamérica el primero de abril por el canal BBC HD y que pone en la pantalla todos los dramas que enfrenta en su pastelería.

Su ambición y su entrega le permitieron salir a flote y hoy la llevan a asumir complejos y azarosos desafíos, pues el conformismo no está entre sus planes. Por eso sigue trabajando con celebridades, aunque no sea lo más cómodo: “La diferencia entre trabajar con un famoso y con otro cliente está en los paparazzi –aclara con una carcajada–. Tenemos que firmar acuerdos de confidencialidad y mantener muy bien guardado el secreto, lo cual resulta muy estresante porque los paparazzis llegan en el momento menos pensado. Para la boda de Nicole Kidman tuvimos que cambiar el ponqué de locación cuatro veces y sinceramente pensé que íbamos a arruinar la sorpresa”.

Cuando Cutler deja de pensar en el negocio y se concentra en las esculturas que construye con el mejor equipo de pasteleros, su dulzura vuelve a flor de piel. “Nuestra intención es convertir los sueños de las personas en arte comestible –explica–. Para nosotros, el secreto de un buen ponqué está en la personalización, en incluir detalles que deslumbren al cliente y que superen sus expectativas para que se vaya contento".