A la caza de los traficantes de personas

Esta periodista bogotana llevó el primer caso de trata de personas ante un Tribunal de Derechos Humanos. Conozca su historia.
A la caza de los traficantes de personas

Tomado del archivo de Cromos - Abril 26  de 2004

Tenía 22 años cuando llegó a Holanda. Su primer impulso fue buscar compatriotas para conversar y su  primera decepción fue la respuesta que recibió cuando preguntó por sus paisanas: "las colombianas están en la zona de prostitución". Se fue a buscarlas a la estación de tren Holland Sports, en La Haya. Una mezcla de alegría y sobrecogimiento invadió a Fanny Polanía al escuchar las notas de salsa y merengue y al percibir el olor a comida de su tierra, mientras recorría las calles donde mujeres semidesnudas se exhibían en vitrinas.

Esas primeras escenas la impulsaron a convertirse hoy, 15 años después, en una de las líderes de la lucha contra las redes mundiales de traficantes de personas que se ganan 10 millones de dólares al año. Un tráfico humano que empuja entre 2 y 10 colombianas al día a la prostitución forzada en Europa.

Un drama que ella conoció primero como periodista. Cuando contaba las historias de sus compatriotas en los medios de comunicación y que luego se convirtió en labor humanitaria. Les llevaba chocolates, panela bocadillos, revistas y cualquier cosa que mantuviera  el vínculo con su tierra.

Buscó instituciones que les prestaran asistencia médica. Contactó religiosas, feministas, activistas de derechos humanos, autoridades, hasta que terminó trabajando en la Fundación contra la Trata de Mujeres, en Holanda.

Descubrió que algunas mujeres eran sometidas por hombres que las habían llevado con promesas de trabajos decentes, que obligaban a pagar grandes sumas de dinero a cambio de “protección”, que las dejaban sin documentos y que las golpeaban hasta matarlas cuando intentaban fugarse. Fue develando las rutas y la forma de operar de aquellas primeras redes, las nacionalidades de las víctimas y de los traficantes.

Vio que además eran perseguidas y deportadas por las autoridades europeas. Así terminó el primer estudio sobre el tema, después de un año de trabajo en Holanda, Alemania e Italia.

Después montó el primer proyecto de asistencia a las víctimas de habla hispana en Holanda y lideró la primera investigación sobre este delito en el mundo con otras siete mujeres.

Un estudio que reveló que las víctimas de tráfico humano eran utilizadas para el turismo sexual, la pedofilia, la pornografía, el alquiler de vientres, las adopciones ilegales, la mendicidad, los trabajos forzados y la servidumbre. Logros que fue sumando hasta conseguir su mayor realización: llevar el primer caso de trata de personas ante el Tribunal de Derechos Humanos en Beijing en 1994.

De ahí en adelante no pararon hasta lograr, con un trabajo diplomático ante la ONU, que en el año 2000 se reconociera este delito y para que más de 150 países firmaran una convención, un protocolo y varios instrumentos internacionales que permiten combatir las redes que reclutan, transportan y venden cerca de 900 mil personas al año.

Logros que tienen a Fanny alistando maletas para dirigir la misión de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en Haití y República Dominicana, donde operan las más tenebrosas redes de tratantes y por donde han pasado algunas de las 45 mil colombianas que ejercen la prostitución de manera forzada en el exterior.