Paris Hilton, la reina de la frivolidad está de cumpleaños

Paris saltó a la fama solo por ser la heredera del emporio Hilton, y con sus caprichos alimentó su reputación de soberana de la banalidad. A propósito de su cumpleaños número 35, damos un paseo por su vida de niña rica y escándalosa.
Paris Hilton, la reina de la frivolidad está de cumpleaños

En 2004, con apenas 23 años de edad, Paris Hilton publicó una autobiografía que tituló Confesiones de una heredera. En ella escribió: “Uno de mis modelos es la Barbie; no sabe hacer nada, pero luce muy bien haciéndolo”. Quizás no haya una mejor definición para la popular muñeca; pero mejor aún, tal vez no haya una frase que defina mejor a Paris Hilton. Describiendo a la Barbie, se estaba describiendo a sí misma.

Desde que una mano anónima –pero con seguridad nada ingenua– publicó en Internet, en 2003, un video íntimo en el que Paris sostenía relaciones sexuales con su compañero de ocasión, Rick Salomon, su fama no ha hecho sino crecer. ¿Y por qué? Como diría Woody Allen: por ser famosa.

Era famosa desde su nacimiento solo por ser biznieta de Conrad Hilton, el fundador, a principios del siglo XX, de la cadena de hoteles Hilton, que hoy cuenta con más de 500 sedes en 80 países. Antes de su muerte, Conrad donó el 97% de su fortuna a la Fundación Conrad en 1944, y cuando murió, en 1979, apenas les dejó 500.000 dólares a cada hijo; aunque uno de ellos, Barron, continuó liderando la administración de las acciones hasta 2007, cuando las cedió a la Fundación de su padre. Richard, hijo de Barron y padre de Paris, desarrolló sus propias habilidades para la finca raíz, y construyó paralelamente un próspero negocio inmobiliario. De manera que cuando Paris nació, el 17 de febrero de 1981, ya tenía su futuro resuelto.

A los 14 años, cuando su familia se trasladó de Los Ángeles a Nueva York, se dio el lujo de vivir en una suite del hotel Waldorf Astoria (propiedad del los Hilton, claro), uno de los más célebres y lujosos de Manhattan, favorito de los duques de Windsor. Y vivió la ciudad a plenitud, tanta que tuvo serias dificultades para terminar el bachillerato. Pasó por varios colegios y, según ella misma, se ha encargado de mitificar, en algunos de ellos fue compañera de otros famosos como el actor Macaulay Culkin y la cantante Lady Gaga. Al cumplir la mayoría de edad comenzó a trabajar de manera independiente como modelo de una de las agencias del magnate Donald Trump. Entonces, se especializó en lo que habría de ser su mayor pasión: ir a fiestas.

Con razón, alguna vez dijo: “La raíz de todos los males no es el dinero, es el aburrimiento”.

 

89214496

Además de copar titulares y ser una máquina de dinero, Paris es invitada a los eventos de moda más importantes. Aquí, junto a la diseñadora Pamella Roland y y su hermana, Nicky Hilton durante la Semana de la Moda de Nueva York el pasado 12 de febrero.

 

El negocio de la vida pública

Según cuenta la revista Vanity Fair, España, que la entrevistó para la portada edición de enero de 2012, cobra 300.000 dólares por ir a una fiesta. Por donde pasa, va seguida de una nube de paparazzis que le toman fotos en todas las circunstancias y en todas las poses; las revistas de farándula se nutren de sus más insignificantes proezas, de cada uno de sus escándalos inanes (hasta de cuando pasó un breve periodo en prisión por manejar embriagada) y de lo que hace y deja de hacer con sus novios. Y ella misma se vanagloria de tener más de diez millones de seguidores en Twitter. Uno de ellos es el escritor colombiano Juan Esteban Constaín: "Sigo a Paris Hilton porque a veces me parece casi un performance seguir a gente así y retweetearla, para escandalizar a una cantidad de beatos intelectuales que desprecian por principio, de manera gratuita, todo lo que tiene que ver con el entretenimiento y la banalidad, cosas que me encantan".

El escritor y columnista Andrés Hoyos, fundador de la revista Elmalpensante, aporta una definición que tiene que ver mucho con el mundo cibernético de hoy: “Paris Hilton es una nena más o menos agraciada como hay millones, que tuvo la fortuna o el infortunio –según se vea– de nacer jubilada. Por eso, al verse sin nada que hacer, se dedicó a hacer ruido. La plata y el ruido se potencian uno a otro, así que la chica cobró una celebridad que ha durado algo más de los quince minutos warholianos. Sobra decir que todo lo que ella hace o dice es, en últimas, irrelevante, pero de irrelevancias multiplicadas al infinito está hecha la sociedad del espectáculo”.

En este sentido, Paris Hilton es, quizás, la primera celebridad que ha transformado su vida en un lucrativo negocio. Sus frivolidades han producido exitosos programas de televisión, como The Simple Life, un reality que protagonizó con su amiga Nicole Richie durante cinco temporadas a partir de diciembre de 2003, en el que ella se dedicaba, simplemente, a mostrar su “vida simple” ante los ojos de millones de telespectadores; o como Paris Hilton's My New BFF, otro reality de concurso en el que decenas de aspirantes competían frente a las cámaras para convertirse en el mejor amigo de Paris, con ella como implacable jurado. Su figura –y su manera de administrarla– le ha servido para que los diseñadores la persigan en aras de que use sus atuendos y que las casas de cosméticos se la disputen para que utilice sus productos. Como dice nuestra columnista de moda Pilar Castaño: "Siempre es referencia de lo que lleva puesto".

El escritor Ricardo Silva lo entiende así: “En una época en la que ya es posible, gracias a las redes sociales, construirse su propia fama, Paris Hilton ha sido la más astuta en inventarse su propia importancia”. Quizás por eso, cuando Vanity Fair le preguntó si le incomodaban mucho los paparazzis, Paris fue enfática en contestar: “Quiero ser agradable con ellos porque en realidad son parte de mi negocio. No me quejo”.

¿Pero de qué se debería quejar? Siguiendo la consigna de la Barbie, quien no sabe hacer nada pero luce muy bien haciéndolo, Paris ha sido actriz de cine y de televisión; ha grabado discos (y hasta sacó una publicitada canción en la que se lanzó para presidente de Estados Unidos); y se ha estrenado como DJ. En todas estas actividades ha sido desvirtuada por la crítica. Sus papeles han sido varias veces galardonados con el premio Raspberry (lo opuesto a los premios Oscar) a la peor actriz; sus discos han sido objeto de burlas; y frente a sus actuaciones como disc-jockey, el periódico The Guardian tituló: ¿Paris DJ? La próxima vez lleva tu iPod. Sin ir más lejos, su forma de vestir ha sido calificada de excesiva y estrambótica, tanto que en 2005 fue incluida por Richard Blackwell en la lista de peor vestido del año. Y, sin embargo, nadie como ella ha transformado sus fracasos en rutilantes éxitos.

 

En el 2009, paris lanzó su primer video musical Stars are blind.

Millonaria emprendedora

Gracias a que su vida es seguida por millones de fanáticos que quieren emularla de alguna manera, Paris Hilton ha logrado levantar un emporio capaz de generar millones de dólares. Tenía razón cuando dijo: “La gente cree que soy tonta, pero soy más lista que mucha gente”. Su nombre es una marca que vende carteras, accesorios, estuches para teléfonos celulares, lentes de contacto, gafas de sol, perfumes, zapatos, cinturones… En el último lustro Paris Hilton ha poblado el planeta con 44 tiendas alrededor del mundo, cuyos ingresos le han permitido no solo montar su propio equipo de carreras de motos, sino soñar con una cadena de hoteles que ella quiere iniciar en Filipinas. Como bien lo dijo The Guardian: “Si Conrad Hilton fuera Juan el Bautista, Paris Hilton tendría que ser Jesucristo”.

Jon Hamm, actor de la célebre serie de televisión Mad Men, dijo sobre ella: “No entiendo esta sociedad. Pensar que parte de nuestra cultura es celebrar a personajes tan estúpidos como Paris Hilton, no tiene sentido para mí”. Y puede que tenga razón. Pero puede, también, que Paris Hilton sea el paradigma de la frase que alguna vez pronunció Oscar Wilde: “No hay peor pecado que ser aburrido”.

Fotos: Getty Images.