Gerald Martin, la sombra de Gabo está en Cartagena

En medio del tercer Festival de las Artes Escénicas del Caribe, Gerald Martin, el biógrafo de Gabriel García Márquez, habló del realismo mágico, de los encantos del Nobel colombiano y de la experiencia de seguirlo durante 19 años.
Gerald Martin, la sombra de Gabo está en Cartagena

Por las calles empedradas de la ciudad amurallada corre el rumor de que Gabriel García Márquez está en Cartagena. Nadie lo confirma, pero es evidente que algunas miradas guardan un secreto. Cuando le preguntan a Gerald Martin si el escritor está en la ciudad, se sonroja y evade la pregunta. Se siente algo especial en el ambiente y probablemente se debe a que el Nobel está cerca. “Gabo en cierto sentido es mágico –dijo Martin durante su charla en el Festival–. Cuando él está presente pasan cosas especiales. Alguna vez, por ejemplo, estaba en el Chocó como reportero y se inventó que había una insurrección del pueblo. Era mentira, pero después de que él lo anunció apareció una muchedumbre enardecida”.El inglés Gerald Martin sabe más de García Márquez que de sí mismo. Historiador y crítico literario especialista en Latinoamérica, un día convenció al Nobel de que le dejara contar la historia de su vida. Desde ese momento se convirtió en su sombra. Aunque pensó que terminaría la biografía en cuatro años, en realidad tardó 19, y en 2008 finalmente la publicó. Cinco años después del lanzamiento de Gabriel García Márquez: una vida, Martin regresó a Colombia para el Festival de las Artes Escénicas del Caribe, evento en el que conversó con Óscar Collazos sobre el realismo mágico y reveló algunas de sus historias con el escritor ante un público que lo oyó fascinado de principio a fin.“El Bogotazo fue lo mejor que le pudo pasar a Gabo –contó Martin–. Fue un acontecimiento que lo obligó a devolverse a la Costa y fue allí donde encontró su voz. En Bogotá escribía cuentos surrealistas, fríos y estériles; en Cartagena, trabajando para El Universal, su tono cambió para finalmente convertir el realismo mágico en una marca”. Durante la conversación que Martin y Collazos sostuvieron en el Claustro de Santo Domingo, llegaron a la conclusión de que García Márquez y los escritores del boom no se inventaron el realismo mágico, una visión de mundo que, según lo que ellos proponen,  surgió desde la Conquista: “Los europeos tuvieron que recurrir al realismo mágico para describir esa tierra insólita con la que se encontraron”, aseguró Collazos. El realismo mágico, de acuerdo con estos dos especialistas en el tema, es un contraste entre el racionalismo de occidente y la mitología popular y, a pesar de que no fue un invento del Nobel colombiano, sí fue él quien lo utilizó con tal sofisticación y sutileza que lo internacionalizó y lo puso de moda.En cuanto al escritor, Martin confesó: “Antes de conocerlo, a pesar de que admiraba su obra, pensaba que era un personaje vanidoso, pero cinco minutos después de hablar con él entendí que era la persona menos pretenciosa que había conocido en mi vida. Es fácil de tratar, intuitivo y sofisticado”. El biógrafo habló una y otra vez sobre la sofisticación del colombiano, con una fluidez, una coherencia y una memoria asombrosas, que dan cuenta de los 19 años que pasó detrás del Nobel y de un cariño desmedido por él y por la tierra que lo vio nacer: “Desde los 21 años he venido una y otra vez a Latinoamérica, escapando del caos que significó vivir en un hogar de papá inglés y mamá irlandesa en tiempos en los que estos dos países vivían en permanente enfrentamiento –contó–. Por eso, yo siento que solo existo cuando estoy aquí, en América Latina”.   La visita a Cartagena puso a Martin a recordar y en ese volver al pasado pensó en el momento en el que García Márquez habló con él después de leer la biografía por primera vez. El escritor le pidió que cambiara una palabra y Martin le hizo caso con gusto. Por su puesto, al oír la historia, todos quisieron saber cuál era la palabra, pero Martin, más con alma de cura que de biógrafo, mantuvo el secreto. Tal como lo guarda ahora, en días en los que cada vez es más recurrente el rumor de que el Nobel está en el país de visita.