Sumito Estévez, el cocinero venezolano de moda

A sus 47 años, pasa por su mejor momento como presentador del canal Gourmet, columnista de El Nacional, de Venezuela, y empresario. En su paso por Bogotá, confesó su debilidad por el ajiaco y uno que otro secreto en la cocina. ¡Con mucha sazón!
Sumito Estévez, el cocinero venezolano de moda

El placer de un cocinero .

El placer de un chef está en lograr el placer para otros.

La cocina venezolana en tres palabras.

Barroca, sensual y desfachatada.

¿Qué hace a un buen chef?

Tener talento, disciplina y rodearte de gente que se parece a ti.

La comida insignia de Venezuela.

La arepa caraqueña.

¿La sazón es un don?

Si no naces con él, nadie te lo puede dar. Si naces con él, tienes que entrenarlo.

Sumito a fuego bajo.

Cuando quebré un restaurante en 1995. Me tomó tiempo retomar mis sueños.

Sumito a fuego alto.

El momento actual.

El momento más exquisito de la vida.

No hay época más sabrosa en la vida que los cuarenta.

Su estado actual.

Los cuarenta son la época de la impunidad, un tiempo en el cual te da menos vergüenza hacer muchas cosas.

Un chef que admire.

Héctor Romero. Él es el cocinero al que más le he aprendido.

Un exceso gastronómico.

El mango Alfonso. El que prueba eso ha probado la gloria.

A qué huele Venezuela.

A queso telita (queso fresco blanco).

A qué sabe Caracas.

Sabe agridulce.

En qué término le gusta la carne.

Medio.

Un olor que evoque el pasado.

La naftalina, en los inviernos de mi infancia en la India.

¿Comida tradicional o fusión?

No hay comida tradicional que no sea fusión .

El mejor plato colombiano que ha probado.

De largo… un ajiaco a la leña que me pedí una vez en la Calera.

La crítica gastronómica, ¿para qué?

Es fundamental. Te ayuda a mirar en perspectiva tu acto creador.

Un postre favorito.

Soy venezolano, pero en postres soy hindú. Me encanta el Gulab Jamun.

Tres ingredientes para marinar un pescado.

Vino, aceite de oliva y orégano.

Lo que más reprueba de la gente.

La mentira.

Lo que más valora de sus amigos.

La solidaridad.

Su idea de la felicidad.

Nietos.

Un escritor favorito.

Alberto Salcedo Ramos.

El secreto para adobar la carne.

Adobarla poco.

Un sabor.

El jengibre. Mi infancia es hindú.

El maridaje perfecto.

Me gusta mucho la cepa Syrah con un plato que tenga olor de clavo. Ahí se da un momento importante.

Lo más difícil de aprender a cocinar.

El horario.

Y lo más divertido.

El aplauso.

Una textura al paladar.

Las texturas untuosas… como la gelatina y el colágeno de las costillas de cerdo.

El encanto de las plazas de mercado.

Los mercados siempre serán el resumen de las culturas que conviven en un lugar.

La magia de la televisión.

Democratiza la cultura gastronómica. Me fastidia mucho el concepto elitista en la gastronomía.

¿Cómo se moviliza?

El 99% de mi transporte es en bicicleta.

¿Cuál es el ingrediente principal en la cocina?

El buen humor.

Cocinar, ¿para qué?

Uno cocina para seducir al otro, el que cocina para sí mismo es porque tiene un problema de ego.

La expresión perfecta para describir la sazón.

¡Uff!

¿Cuál es su sentido más desarrollado?

Mi vida se construye alrededor de los olores. Yo terminé siendo cocinero por la nariz.

Una experiencia en Colombia

Mi primer tatuaje, un Pegaso, me lo hice a los 17 años en Cali en medio de una rumba de salsa.

¿Lo especial de las areperas venezolanas?

Es el sitio de armisticio en nuestro país. Allí no existe raza, ni estrato, ni divisiones.

El eslogan de su vida.

La búsqueda del placer debe ser desde la mesura.

El miedo más grande.

Que se peleen venezolanos con venezolanos.