"África despierta mi lado salvaje": Margarita Rosa de Francisco

En medio de leones, dromedarios y tribus tan antiguas como el hombre, se siente más exótica que nunca. Aunque es su séptima presentación de El Desafío, es su primera vez en el continente negro, lejos de la fama y más cerca de ella. Confesiones a cincuenta grados centígrados.
"África despierta mi lado salvaje": Margarita Rosa de Francisco

La primera vez que se encontró frente a frente con un león, Margarita Rosa de Francisco sintió muy cerca el frío de la muerte. La presentadora debía posar para una sesión de fotos en la que tenía que mirar al felino a los ojos, y para mantenerlo atento llamaban su atención con un delicioso trozo de carne que ubicaban muy cerca de la cabeza de la actriz para que el mamífero no despegara su mirada de ella. En un ataque de hambre habría podido saltarle encima y reclamar su jugoso filete, pero no lo hizo. Simplemente se mantuvo vigilante y hermoso, mientras la cámara capturaba el brillo de su ferocidad.

El año pasado, cuando finalizó la novena temporada de El Desafío –que se produjo en El Salvador y tuvo como tema central el fin del mundo–, Margarita Rosa aseguró que no volvería a presentar el programa. Estaba agotada. Las condiciones de ese reality habían sido extenuantes: trabajaban de sol a sol, en un clima húmedo que no bajaba de los 40 grados centígrados.

Sin embargo, cuando los productores llegaron a contarle que celebrarían el décimo aniversario de la serie en África, todo cambió. “Ya no sería un concurso en el que simplemente se harían juegos con bolitas y palitos, sería un programa que transmitiría cultura a través de un formato entretenido”, le contó la actriz a CROMOS desde Senegal.

La celebración ameritaba que se hicieran ciertos cambios, así que ahora los televidentes no solo verán concursos en la playa, sino que podrán recorrer África con los participantes, quienes conocerán culturas apasionantes, animales asombrosos y parajes sobrecogedores. Por eso la actriz aceptó –sin necesidad de que le hicieran una mejor oferta económica– y a sus 47 años emprendió una nueva aventura.

De alma caleña y salsera, sus caderas se mueven apenas oye un tambor. Y allí, en África, están en todas partes, así que Margarita Rosa se la pasa bailando. La presentadora, que se ha caracterizado por su rebeldía, su espíritu libertario y su fortaleza, se ha compenetrado con el continente negro, donde se ha sentido libre y completa. “Aquí me siento a mis anchas –cuenta–, conectada a mi lado más salvaje, ese que a veces se sale de control y hace que sea imposible dejar de bailar, y ese del que sale mi temperamento fuerte, libre y aguerrido”.

El origen

La llegada de El Desafío a África ocurrió casi de manera natural. Después de terminar una temporada centrada en el fin del mundo, que según los mayas sería el 21 de diciembre de 2012, los productores pensaron que sobrevivir a esa fecha marcaría un nuevo comienzo, un origen, y qué mejor lugar para volver a empezar que la cuna del ser humano: África.

Antes de tomar una decisión e invitar a Margarita Rosa a hacer parte del nuevo Desafío, los productores tantearon el terreno, convencidos de que se encontrarían con cientos de obstáculos que harían que pareciera una hazaña imposible. Sin embargo, África los embrujó de inmediato. El encantamiento empezó a hacer efecto en el desierto de Lompoul, una extensión del Sahara que los condujo hasta el lago Rosa, cuya agua es rosada, tan rosada como una malteada de fresa.

Después llegaron a una reserva natural en la que los leones caminan, como si fueran mascotas, al lado de los seres humanos, y en la que decenas de jirafas llegan de repente a saludar. “La naturaleza en África es muy generosa –cuenta Sebastián Martino, productor general del programa–. Uno no puede parar de tomar fotos, porque así se encuentre con el mismo león que vio el día anterior, siempre hay algo diferente, el animal está en un estado de ánimo distinto, se comporta más amigable o más feroz”.

Por su parte, Juan Esteban Sampedro, gerente de entretenimiento de Caracol Televisión, asegura: “Quien va a ese continente no quiere devolverse. Algo le pasa al corazón, tiene una magia impresionante. Por eso, cuando Margarita oyó la palabra África aceptó de inmediato”.  

En el momento en que la actriz puso pie en el continente africano, este la envolvió con todos sus sonidos, olores y colores, y entonces supo que esa experiencia le cambiaría la vida. Se enamoró al instante, después de darse cuenta de que por primera vez se encontraba en medio de una cultura totalmente diferente de la suya, en la que ella, como mujer de raza blanca, era exótica.

Aunque llegó a una región con paisajes paradisiacos y animales que al acercarse quitan el aliento, a Margarita Rosa la cautivó la gente. “En ellos se ve una combinación fascinante de pobreza y divinidad –explica–. Viven con mucha sencillez, no tienen mucho, pero llevan con ellos una alegría primitiva que se siente genuina, auténtica. Son activos y coloridos, y solo con echar un vistazo a su cultura es evidente que los rodea la poesía”.

Con ella concuerdan los productores del programa, quienes solo tienen buenas palabras para describir a los senegaleses. “A mi llegada, me impresionó mucho verlos comer –cuenta Martino–. No se sirven platos individuales, en la mesa se ubica la comida y todos la cogen con la mano. Comparten de verdad. Nosotros, tan occidentales, matamos si nos roban una papa, lo cual me hace pensar: ¿quiénes son en realidad los evolucionados? Tal vez lo que nosotros pensamos que es evolución, en realidad, es un camino al egoísmo”.

A pesar de estas diferencias, hay quienes piensan que los senegaleses son los colombianos de África, por querendones y alegres. Esto ha ayudado a que haya química entre el equipo y a que las relaciones y los procesos funcionen: “En El Desafío trabajan 171 colombianos y 130 senegaleses, y esa era una de nuestras grandes dudas –explica Sampedro–: cómo sería la interacción y la comunicación, si el idioma de Senegal era el francés y la mayoría hablaba en el dialecto wolof. Llegamos prevenidos y asustados, con siete traductores, y al final nos dimos cuenta de que el lenguaje es una barrera mental. Todos se comunican sin necesidad de traductores, los colombianos hablan en español, los africanos en wolof y todos usan las señas, y así se entienden a la perfección”.

En otras ediciones del programa, las grabaciones ya estarían atrasadas por lo menos un día en este punto, pero esta vez las cosas han sido tan fluidas que todo va a tiempo.

 

Preparados, listos, ¡ya!

El proceso de adaptación de Margarita Rosa ha sido más bien fácil, no solo porque siente que en África se conecta con sus ancestros, sino porque ella come lo que le sirvan y duerme en la tabla que sea, siempre y cuando pueda hacer deporte. Todas las mañanas se despierta a las seis de la mañana, trota y hace una rutina de ejercicios que dura alrededor de una hora. Eso la mantiene vital y tranquila el resto del día.

La actriz asegura que el clima también le ayudó a sentirse a gusto muy pronto. A pesar de que el sol parece amenazante e invita a tenerle respeto, para la presentadora es un calor ideal: es seco, así que no hay mosquitos; aunque ha alcanzado los 52 grados centígrados, siempre ventea, y en las noches incluso hace frío y hay que usar chaqueta.

Después de hacer deporte, Margarita Rosa revisa sus libretos y se va al set a pasar el resto del día. Allá es ella quien lidera las pruebas y pone a los participantes a correr, saltar y arrastrarse, luego de gritar su reconocido “Preparados, listos, ¡ya!”. Este año, los juegos que dirige tienen un encanto especial, pues varios de ellos están inspirados en la cultura que los hospeda.

Una de las pruebas, por ejemplo, reúne dos de los deportes más importantes del continente: el fútbol y la lucha serer –la lucha libre senegalesa–. En el primer capítulo, los participantes debieron hacer goles con una pelota de hierro que pesa unos 70 kilos. Para lograrlo, fue necesario pelear con la misma sangre fría que los africanos.

También hay otra que está inspirada en su folclor musical, que hace que la sangre de estas comunidades hierva y ponga sus cuerpos a vibrar. Los concursantes deben observar con detenimiento la manera en que los bailarines brincan, se agachan, se tocan los pies en el aire o rozan el suelo con las manos, para que, al final, puedan determinar el número de veces que han puesto sus dedos en el piso o han llevado el brazo al aire. Pruebas como esta despiertan el lado indomable de Margarita Rosa, quien se sale del libreto, se deja llevar por la música y sacude su melena rubia al son de los tambores.

Así como algunas pruebas fueron modificadas para aprovechar al máximo los parajes africanos, desaparecieron las playas alta, media y baja, donde se hospedaban los concursantes en las ediciones anteriores. Ahora, según su desempeño, los participantes –divididos en celebridades, retadores y sobrevivientes– se pueden quedar en el Hotel Safari –donde tienen todas las comodidades y la posibilidad de hacer turismo por los destinos más asombrosos del contintente–, en la Tribu –donde deben compartir su estadía con una verdadera tribu africana–, y en el Desierto –donde no hay absolutamente nada, ni siquiera sombra–. “En la Tribu se han creado lazos de amistad absolutamente conmovedores –cuenta Sampedro–. Vimos a la Mamá de la tribu hecha un mar de lágrimas cuando tuvo que despedirse de una de las concursantes”.

Todas las tardes, al terminar el día, África vuelve a embrujar a Margarita Rosa y a los participantes con un atardecer anaranjado e hipnótico que le da la bienvenida a la noche. Después de doce largas horas de trabajo, la presentadora llega a su cuarto exhausta. Apenas puede moverse y sus ojos se cierran involuntariamente.

Podría quejarse, pero entonces recuerda el momento en que vio, por primera vez, cinco leones libres dirigiéndose hacía ella con tal serenidad e imponencia que parecían arrogantes estrellas de cine que caminaban por la alfombra roja mientras ella se quedaba paralizada, aterrada y perpleja ante su belleza. Con esa imagen en la cabeza, quejarse es descabellado. En esa tierra mágica todo su esfuerzo vale la pena.