Víctor Castro, el colombiano que diseña hospitales en Francia

Un cartagenero es el abanderado de un nuevo tipo de diseño que se abre paso en Francia, pensado en función de los enfermos mentales.
Víctor Castro, el colombiano que diseña hospitales en Francia

¿Cómo diseñar el espacio para que el paciente, en lugar de sentirse aislado, se reintegre a la vida? ¿Qué manejo darle al color y a la luz para que el enfermo, antes que sentirse angustiado, tenga tranquilidad?

Esas son algunas de las preguntas que animan el trabajo del cartagenero Víctor Castro, como diseñador de hospitales psiquiátricos en Francia: “Mi objetivo es integrar la arquitectura en la terapia del paciente. La noción de “bien-estar” está ligada directamente a la calidad del espacio que rodea al paciente, una búsqueda que intenta disminuir su angustia y su sufrimiento”.

Un reto de no poca monta, si se tiene en cuenta que los pacientes psiquiátricos, dada su condición, tienen problemas para comunicarse y no pueden ser consultados directamente. Es en ese momento cuando Castro se “desdobla” para ponerse en su lugar, comprender sus necesidades y materializarlas en el diseño del espacio.

Su apuesta inicial se inclinó por depurar la asepsia del color y el frío característico de los hospitales psiquiátricos para darles un tono más humano. En el proyecto de la comuna francesa de Beaumont-sur-Oise, por ejemplo, Castro diseñó el espacio para que, en cada punto del hospital, el paciente estuviera en contacto con mínimo cuatro colores, en aras de generar una sensación de paz y equilibrio en el ambiente.

“Nunca he podido encontrar un valor consensual en relación con el color. ¿El verde relaja y el rojo irrita? No siempre es así. Todo es de proporciones. No todo es salado o dulce, quizá hay en lo agridulce un valor inesperado que se convierte en un placer. La arquitectura mezcla ingredientes, fórmulas técnicas, económicas, ideológicas, y es la dosis de esos ingredientes la que puede producir efectos afortunados”.

Esa propuesta del manejo del color al principio fue muy criticada, pero el tiempo se encargó de darle la razón: los índices de agresión de los pacientes, entre ellos mismos y con el personal médico, se han reducido a cero, en los tres años que lleva el hospital en funcionamiento.

Pero sus propuestas van más allá. Como la doble circulación de pasillos, diseñada para preservar al paciente del ruido que genera el tránsito del personal médico y logístico del hospital. O como la supresión del ángulo, a cambio del uso de la curva para que el paciente no se pierda mientras deambula por los corredores.

Sus propuestas han trascendido los bosquejos para incidir favorablemente en la terapia. Así lo corroboró una “paciente” que en una ocasión contactó a Castro para comentar su trabajo: “Si cuando estuve interna en el hospital psiquiátrico el ambiente hubiera sido como los que usted propone, mi recuperación habría sido diferente, mucho más rápida y eficaz”.

Los aciertos le han dado la oportunidad a Castro de ampliar el horizonte de su trabajo. Así sucedió en la Unidad Psiquiátrica de Alta Seguridad en Nancy –inaugurada el pasado mes de febrero– que alberga enfermos psiquiátricos que han sido condenados (la primera de este tipo se construyó por otro equipo en la ciudad de Lyon).

En esta ocasión la pregunta estaba dirigida abiertamente a la sociedad: ¿se trata de curar o de castigar? “Por un lado la institución penal habla de mi preso, mi celda, mi cárcel; por el otro, yo hablo de mi paciente, mi cuarto, mi hospital… y estamos hablando del mismo volumen y el mismo espacio”. En este proyecto, propuso utilizar celdas lumínicas que hicieran las veces de barrotes. Una idea arriesgada y novedosa que, sin embargo, al final se estrelló con el riguroso Sistema de Administración de las Cárceles en Francia, que dio su negativa.

Castro es un colombiano convencido de las bondades de la arquitectura. Al punto que recientemente publicó un libro titulado 'La arquitectura, los pacientes', en español y francés, en donde reúne las voces de políticos, psiquiatras y empresarios que han compartido su experiencia a lo largo de los últimos 20 años.

Un libro que, aunque terminado, tiene un colofón pendiente: el trabajo que Castro aún está por realizar en su país, para aliviar el tratamiento de los enfermos mentales en Colombia, en su empeño, siempre, por “tejer lazos entre el paciente y la arquitectura”.