Blanca Flor: "Con fuerza y dignidad he superado todo en la vida"

Esta mujer revela a CROMOS su historia de lucha con sus cuatro hijos en el Hospital San Juan de Dios.
Blanca Flor: "Con fuerza y dignidad he superado todo en la vida"

El Hospital San Juan de Dios, su lugar de vivienda desde hace 33 años, fue el sitio propicio para encontrar a una madre, que al igual que muchas colombianas, tiene una historia llena de valentía y 'berraquera' por el esfuerzo puesto día a día en la crianza de sus hijos.

Al ser la hija mayor de una campesina adquirió disciplina desde los siete años al estudiar primaria en un colegio de policía. Dos años después debió abandonar sus estudios de cuarto de primaria para tomar el rol de mamá en casa, debido al cáncer en la columna que su madre padecía. Y luego de cinco años de cocinar, lavar, ayudarle a sus hermanos en todo lo que necesitaban y demás tareas de hogar, ingresó al internado 'Jardín de la niña María' tras el deceso de su madre. En aquel lugar concluye sus estudios de primaria y regresa a casa a vivir con su padre. Allí debe convivir con su madrastra y medios hermanos. Su estadía en esta 'nueva familia' fue fugaz, un día salió de su casa y al regresar no le abrieron la puerta. Decidió no volver jamás.

Es así como a sus 15 años conoció el mundo por medio de las personas con las que se relacionaba. Una de ellas, el padre de sus hijos lo conoció en la constructora Pedro Gómez y  su relación avanzó hasta el punto de vivir juntos. Quince meses después de la llegada de su primogénito, nació su hija. La llegada de estos dos seres le cambiaron la vida, sin embargo su relación decayó, “empezaron los problemas con él, tomaba mucho, me golpeaba, entonces yo le dije que me iba de la casa y que iba a trabajar”, comenta.

Bajo esa necesidad, a sus 23 años, logró ingresar al Hospital San Juan de Dios como cocinera. Sus hijos, mientras tanto, se quedaban en el hogar infantil ubicado dentro del hospital, lo que le generaba tranquilidad. Al finalizar su jornada laboral regresaba con ellos a su vivienda, una habitación con poca luz y carente de espacios sanitarios. Tiempo después, con sus hijos de nueve y diez años, “me creí el cuento que la gente cambia” – agrega Blanca–  y regresó con su marido. Los frutos de ese reencuentro son dos niñas más, que nacieron en uno de los momentos más críticos de su carrera cuando el hospital empezó el proceso de privatización en los años 80.

 

Una lucha que continúa

 

En ese momento, Blanca era parte del departamento de cartera, pues su deseo por aprender la llevó a ascender dentro del hospital, y tomó la iniciativa de dar la pelea por el San Juan, pues el significado de este monumento nacional en su vida lo ha sido todo. “Este bien estatal me dio muchas cosas. Conocí todas las regiones de Colombia, me formé con todo lo que me contaban, conocí el mundo entero en este hospital”, agrega.

Por esa razón comenzó a defender, a causa de la privatización, al San Juan de Dios mediante la realización de la demanda de nulidad. Para lograrlo, su rutina diaria era de siete a ocho de la mañana organizando los documentos de cartera, luego se dirigía a archivo a investigar hasta las 12 del medio día los documentos que demostraran que el hospital es un bien público y que en el año 79 el expresidente Turbay lo convirtió ilegalmente en un ente privado bajo engaño; luego regresaba a su oficina, que aún conserva intacta con las carpetas, los escritorios, el computador y demás; y volvía a archivo a las tres de la tarde para terminar su jornada laboral a las 11 de la noche.

Cuando terminó la demanda, al no tener un abogado para defenderla, decidió hacerse cargo del tema gracias a lo que aprendió en su paso por la Universidad Nacional, donde estudió seis semestres de derecho como asistente. Pero nada mejoró. El hospital seguía bajo el proceso y se quedaba sin personal, instrumentaria, investigaciones y visitantes. Blanca no fue despedida, por lo tanto siguió cumpliendo su horario laboral sin recibir salario.

En ese momento de crisis comenzó su sobre esfuerzo para sacar adelante a sus hijos sin la ayuda de nadie.Su fuente de ingresos empezó a generarse por medio de todo lo que ella lograba hacer fuera del hospital. Si alguien cercano necesitaba servicio de limpieza o cocina en la casa, ella siempre estaba disponible, vendía los tejidos y artesanías que realizaba, y conseguía los alimentos en la plaza hablando con los proveedores.

La participación de sus hijos en actividades culturales también hizo parte de sus esfuerzos para buscar la integridad de ellos. Los fines de semana hablaba con los dueños del teatro La Candelaria, les contaba su historia y, al final, lograban disfrutar juntos la función. Además de eso, “los metí a danza, deporte, música, gimnasia olímpica, karate ¿Cómo? Lo logré con el ingenio que mi mamá una vez me enseñó, hablando, contando. Las personas fueron muy solidarias conmigo, siempre me abrieron las puertas, mis hijos nunca se enteraron cómo lo lograba, nunca supieron por su dignidad, siempre intenté encontrar su felicidad”, comenta.

En cuanto a la educación, cada uno de sus hijos ha logrado ser profesional. Ella pudo darles hasta el bachillerato y ellos ingresaron por sí solos a las universidades públicas. En esa etapa, Blanca continuó con más fuerza su labor para conseguirles el dinero del semestre y de sostenimiento. De esa manera sus cuatro hijos han obtenido los títulos de Ingeniería Química, Licenciada en matemáticas, Física y Economista. En la actualidad, Blanca continúa viviendo en el San Juan de Dios con un perrito llamado 'Tommy' y su lucha aún no termina. “Hace unos años me diagnosticaron cáncer, pero aún no he iniciado el tratamiento. Cuando una es mamá, deja de ser una para criar a los hijos. Cada hijo tiene la mamá que se merece y cada mamá tiene los hijos que se merecen, y yo los tengo”, finaliza.