Lucía Aldana, una mujer muy moderna

Sí, este bombón es la Señorita Colombia, mostrando y demostrando frente a las cámaras de CROMOS por qué es la más bella del país. Divina y decidida, le sobra personalidad para imponer sus gustos y sus pasiones. ¡Difícil de olvidar!
Lucía Aldana, una mujer muy moderna

Llegar a un lugar repleto de gente y asegurarse de que todas las miradas estén sobre ella, no es algo que esta vallecaucana propicie. Es más, no es algo que haga con frecuencia. Y no es cuestión de antipatía o superioridad, es simplemente que ella no necesita un público para lucirse. Entonces, ¿para qué se metió en un concurso de belleza, donde todo el mundo tiene una opinión sobre ella, y donde todos se creen con el derecho a criticarla? La respuesta está escrita en clave: “A mí lo que me interesa es dejarle algo a alguien en específico,  alguien con quien pude compartir personalmente sin necesidad de tener gente alrededor mirándome”.Eso explicaría por qué desde que fue elegida Señorita Colombia, el 12 de noviembre de 2012, no se ha sabido mucho de ella, a diferencia, por ejemplo, de exreinas como Valerie Domínguez (2005) o Taliana Vargas (2007) quienes con su picardía costeña y personalidad arrolladora se robaban el show a donde fueran. Pero Lucía está lejos de querer parecerse a ellas. Y no es porque demerite lo que hicieron, al contrario, admira y respeta enormemente a estas mujeres. Simplemente, ella no es ese tipo de mujer.“Desde que fui elegida Señorita Valle e incluso ahora que soy Señorita Colombia, la gente dice que soy dormida, que no tengo carisma, pero yo soy extrovertida a mi manera. Soy una mujer tranquila, romántica que, más allá de exhibir belleza, quiero regalar algo de mi ser, no me interesa seguir estereotipos. No renuncio nunca a mi estilo”. Puede que no sea explicación suficiente para algunos, pero Lucía a sus 21 años la tiene clarísima. Esta fórmula no es nueva. Así fue como esta estudiante de Comunicación Social se llevó la corona hace seis meses. Sus rivales bailaron en cuanto evento hubo, posaron coquetas frente a las cámaras, figuraron en todas las entrevistas posibles. Mientreas tanto, Lucía se mantuvo tranquila, callada, aferrada a su fe y a creer en sí misma para sobresalir. Parte de lo que hace a Lucía una reina diferente es que, a pesar de vivir en una época en que la religión es un tema criticado y negado por muchos jóvenes de su edad, para ella es su razón de ser.Desde hace 10 años, junto con su familia, pertenece a la comunidad cristiana Avivando la fe, a donde asistía sin falta todos los domingos. Ahora que su agenda no le permite ir con la misma frecuencia, Lucía aprovecha cualquier espacio para orar y reflexionar. Su guía es Dios y a él le debe todo lo que tiene, inclusive ser Señorita Colombia. “Yo llegué a Cartagena con la certeza de que iba a ganar porque Dios me acompañaba en todo momento”.Esa paz la traduce en tranquilidad y sencillez. Cuando no está con la corona puesta visitando algún lugar del país, Lucía se refugia en la casa de sus papás en Cali. La última vez estuvo 15 días en los que no se maquilló; cambió los tacones por chanclas, y los vestidos por shorts y camisetas. “Soy de Samanes de Guadalupe, un barrio popular de Cali donde tengo la tranquilidad de ir a la tienda sin arreglarme y no ser criticada; la gente me conoce de toda la vida y sabe que soy una mujer relajada”. Evita las rumbas y prefiere que sus amigos la visiten en la casa de sus papás para asegurarse de no dejarlos solos. Son adultos mayores y a Lucía le da miedo no poder disfrutarlos y perderse de momentos importantes con ellos ahora que su vida gira lejos de casa. “Somos cinco hermanos, pero soy la menor, así que ellos me quieren seguir cuidando. Me llaman hasta ocho veces al día y cuando regreso a la casa no me dejan ni levantar un plato”.Pero Lucía está lejos de ser una niña malcriada. Cuando está en certámenes propios del Concurso Nacional de Belleza, se levanta a las cuatro de la mañana, se maquilla y se peina sola como parte de su preparación para Miss Universo. Plancha los vestidos que va a usar, llega al aeropuerto, viaja al lugar asignado, asiste a los eventos (que en ocasiones pueden llegar a ser cuatro en un solo día), llega al hotel a las 11 de la noche y deja todo listo para repetir la rutina al día siguiente. Cuando tiene tiempo para ella,  hace ejercicio, acude a masajes para tonificar y, si le alcanza, duerme. No es vanidosa; no compra cremas para la cara, como probablemente lo hace el 90 por ciento de las mujeres que participan en concursos de belleza. No sigue tendencias de moda, no se pone lo que le dicen o lo que las demás se ponen, sino lo que le gusta. Y no es que sea una mujer aburrida y anticuada. Al contrario, Lucía es una reina muy a la vanguardia. “Soy una mujer moderna porque soy fiel a mi estilo y no sigo estereotipos. Para mí la modernidad se traduce en estar cómoda con lo que me pongo y no renunciar a mi esencia”.Por más que los vestidos ajustados, las minifaldas y los colores fuertes no hagan parte de su ropero (salvo en editoriales de moda como esta), Lucía sabe lucirlos con gracia (no lo decimos nosotros, lo prueban las fotos). Pero su verdadero encanto radica en su bajo perfil, en su desinterés por protagonizar que, curiosamente, llama la atención.