¿Gina González desapareció tras la muerte de su prometido Alfredo Di Stefano?

Según algunos medios españoles la ex secretaria del astro futbolero, no dejó rastro y al parecer lo abandonó en los momentos más difíciles de su enfermedad.
Descubra de dónde viene tanto amor entre Di Stéfano y su secretaria

Según relató ABC.es, todo comenzó cuando ella se cansó de ser la única que luchaba por la relación y decidió abandonar España con una amenaza: «Alfredo es el que tiene que buscarme. Tiene que hacer algún movimiento. Yo sola no puedo luchar por esto», le comentó Gina al portal y lo cumplió, tanto así, que en estos días difíciles para el astro futbolero, sus familiares han asegurado al portal español Vanitatis que «está ocurriendo lo que siempre imaginamos. Cuando ya no tiene nada que hacer ni puede cumplir sus objetivos, ha desaparecido». 

Al parecer ni siquiera su abogado Marcos García - Montes sabe de su ubicación «Quiero intentar localizarla por otro lado, porque su móvil no funciona», aseguró.

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Mientras se descubre la verdad sobre la desaparición de Gina, recordamos esta historia de amor criticada por la sociedad.
 
¿De dónde viene tanto amor?
Por: Gloria Castrillón
 

Triste, cansado, desorientado. Así se le ha visto últimamente a Alfredo Di Stéfano. Ya no va al palco de honor que el Real Madrid le tiene en el Santiago Bernabéu, no puede salir de su casa ni contestar su teléfono celular. Desde el día que anunció su boda con Gina González, su asistente durante los últimos cinco años, los hijos del mítico jugador decidieron rodearlo, incomunicarlo e iniciar una batalla legal para declararlo mentalmente incompetente.

La historia, que tiene todos los ingredientes de un culebrón, raya en lo absurdo y en lo escabroso. Por un lado, un venerable anciano de 86 años, vieja gloria del fútbol mundial, admirado por los mejores jugadores del momento y referente para varias generaciones de deportistas, dice estar enamorado de su secretaria, de apenas 36 años. Por otro, están sus cinco hijos que dicen luchar por mantener intactos los intereses económicos del padre y que quieren alejarlo de una oportunista que, según dicen, está detrás de la fortuna que heredaría tras la muerte del viejo.

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Y está ella, la supuesta aprovechada que reclama su derecho a estar enamorada de un viejito al que, apenas conoció, decidió dedicarle su tiempo y prodigarle su amor. Poco después de hacerle una entrevista, Gina logró copar todos los espacios de Di Stéfano hasta convertirse en su secretaria, asistente, escribiente y, finalmente, una barrera infranqueable para llegar al presidente honorario del Real Madrid.

Pero no solo los hijos de quien fuera conocido como la saeta rubia desconfían de la prometida. Varios miembros del club y amigos veteranos de Di Stéfano la miran con recelo. De hecho, él intentó imponer su presencia exigiendo un lugar para ella en el palco de honor, solicitud que fue negada de plano. Hace un año, cuando Gina organizó una gigantesca fiesta para celebrar los 85 años de su novio, nadie del Real Madrid asistió. Tampoco sus hijos.

Aun así, lo que está en juego no es precisamente una fortuna contante y sonante. Di Stéfano no es un millonario. Posee algunas propiedades en España y percibe cerca de 200.000 euros al año como sueldo del club. El diario Marca le paga por escribir artículos y por ceder su nombre para entregar cada año un premio.

Se cree que tiene unos ahorros considerables, pero lo realmente importante es la marca, que ya está registrada, y su patrimonio deportivo, que el Real Madrid administra a través de un museo a cambio de pagarle 120.000 euros más.

No es poca cosa. Solo así se entiende la cadena de acciones y reacciones que ha llenado los titulares de los medios desde hace tres meses. El nudo de este novelón se armó cuando los descendientes de Di Stéfano descubrieron, en marzo pasado, que en un juzgado de Madrid se adelantaban trámites para el matrimonio de su padre con Gina González. El 24 de abril, armados con abogado y un dictamen médico, instauraron la demanda ante un tribunal de esa ciudad para pedir la incapacidad del astro del fútbol. Dos días después, el juez admitió la demanda. Ocho días más tarde, Gina y el anciano anunciaron su boda con bombos y platillos en el diario El Mundo.

El primer capítulo de esta historia se comenzó a escribir hace casi 10 años, cuando la joven periodista costarricense pidió hacerle una entrevista al mítico exjugador. Era tal su devoción por el argentino, que llevaba una camiseta con su nombre. Después de la entrevista, se acercó poco a poco a Di Stéfano, hasta convertirse en su mano derecha. El anciano acababa de enviudar y, desde entonces, era su hija Nannette la encargada de brindarle compañía. Pero Nannette murió a finales del año pasado, y dejó a su padre en una profunda soledad.

 

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Desde que apareció, Gina generó desconfianza. Hay quienes dicen que primero se presentó como abogada, luego como periodista. Dicen que trató de trabajar como representante de jugadores y que finalmente terminó como pasante en la Fundación del club, logrando, así, su entrada a los sitios que frecuentaba Di Stéfano. La relación fue tan cercana, que hace tres años se volvieron casi inseparables.

La noticia de la boda revolvió las aguas, y logró que este novelón llegara a su epílogo por cuenta de la demanda que Gina instauró contra los que, algún día, podrían ser sus hijastros. Ella asegura que los hijos lo mantienen incomunicado, que no lo dejan hablar por teléfono, ni siquiera con sus amigos o los directivos del Club.

Pero esta semana, Gina sorprendió con un anuncio en un programa de televisión: “No me quiero casar. Estoy dispuesta a renunciar a la boda con tal de estar con él, ver un partido de fútbol, comer juntos, reírnos... verle y estar con él. Es lo único que me hemos hecho en esos seis años de relación”.

La costarricense explicó que anunciaron el matrimonio porque vieron que era la única posibilidad de estar juntos sin que nadie se los impidiera. Y para despejar las sospechas que se ciernen sobre sus intenciones, dijo que ella nunca ha manejado las cuentas bancarias ni los poderes notariales de su novio. «Él es el que ha querido casarse. El amor no es firmar un papel, es compartir y vernos. Es luchar el uno por el otro».

 

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