Caterine Ibarguen es por cuarta vez, la deportista del año de El Espectador

Recordamos la entrevista que la atleta dio a la revista quien hoy es merecedora de este importante premio.

 

 

«Mis piernas largas claro que ayudan» Caterine Ibargüen

Por: Jairo Dueñas

Fotos: Esteban Escobar

 

Este año ya lleva tres medallas de oro compitiendo en China, EE.UU. y Noruega contra las mejores del mundo en salto triple. lo que ignoran sus rivales es que ella viene de Apartadó, un pequeño pueblo en el urabá antioqueño que se alimenta de sueños, pescado y banano. Esta gran atleta de cuerpo macizo y sonrisa ligera se le mide a todo, incluso a posar para CROMOS, antes de su próximo salto en París. ¡Preciosa, pícara y potente!

Del otro lado del teléfono no suena ofuscada o molesta con tantas llamadas, su tono es más bien de una persona tímida que no entiende por qué la quieren para unas fotografías si eso no es lo de ella.

–No, yo no sirvo para maquillarme, no me gusta, y tampoco me quedan ganas después de entrenar todo el día en la pista.

Era el tercer intento por convencerla de una cita en Medellín para unas fotos y una entrevista. El primer contacto falló al oír que la íbamos a maquillar. El segundo se esfumó cuando le preguntaron por sus tallas de ropa y le explicaron que la cita era en un estudio. Por tercera vez contestaba sin ínfulas ni pretensiones, con más serenidad que impaciencia:

–No, es que yo de eso de posar no sé. Y, además, estoy cansada. (Su voz es de una dulzura que su NO, seco y rotundo, para nada suena displicente o grosero).

A pesar de su negativa, habla sin sembrar abismos ni silencios. Al contrario, hay en ella tanta ingenuidad que siempre queda la esperanza de un final feliz. Por eso no sobra tratar, por todos los medios, de convencerla de que salga en portada.

–No se preocupe por posar que con su cuerpazo es más fácil y por el maquillaje no hay problema, le ponemos solo lo que usted quiera. Lo importante es que ni usted ni nosotros queremos que salga fea. Y por lo del cansancio, tranquila que no tiene que correr o saltar, simplemente ver cómo el fotógrafo trabaja frente a usted con su cámara.

Espantados los fantasmas del glamour, acepta que nos veamos a las siete de la noche, durante dos horas, después de su rutina diaria de entrenamiento en el estadio Alfonso Galvis, en Medellín.

Aparece inmensa, en la puerta del estudio, sobre unas piernas infinitas, con un pantaloncito gris con figuras negras muy reteñidas, una camiseta blanca que grita "el corazón roto cambia a la gente", y  una sonrisa tan extensa como los saltos que pega.

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¿Por qué le pusieron Caterine? Me iba a llamar Yaneth, pero una tía de Cali mandó a decir que me bautizaran Caterine.

De la cintura para arriba es talla small y de la cintura para abajo es large. ¿Esa anatomía alargada en sus piernas ayuda a la hora de saltar? Tener las piernas largas me da más facilidad de ganar metros. Pero no creo que la ventaja la tenga solo por las piernas; también por mi espíritu de hacer siempre bien las cosas... Claro que las piernas ayudan (suelta una carcajada. Cuando se ríe, el blanco de sus dientes le roba el show al brillo de sus ojos muy negros).

Su última medalla de oro este año fue por un salto triple de 14 metros 81 centímetros en Oslo. ¿Se acuerda de su primer salto cuando niña? Fue horrible porque no era especialista. Me acuerdo de que lo hice en el Alfonso Galvis, que es la pista de atletismo aquí en Medellín. Pero era horrible porque como todavía era muy niña, cuando saltaba las piernitas todavía me temblaban.

¿Usted es vanidosa? No mucho.

¿No se mira en el espejo? Sí, pero no soy vanidosa.

¿Cuál es la parte de su cuerpo que más le gusta? De mi cuerpo me encanta todo, aunque me gusta mucho mi abdomen.

Antes de dedicarse de lleno al salto largo, ¿tuvo en mente hacer otra cosa? Me habría gustado ser bailarina. Me encanta ver bailar.

¿Es buena para bailar? No tan buena. Gracias a Dios no escogí ese camino. Apenas me defiendo en la pista.

¿Con esa voz tan dulce no quiso de pronto cantar? ¡No! Soy horrible cantando.

¿Y con ese cuerpo nunca le dio por ser reina? No, nunca pensé en eso. Ni en el modelaje.

Descríbame cómo es Apartadó. Si tuviera que pintarlo como una niña, ¿qué pintaría? Sus bananeras es lo que más me impresiona. Empezaría a pintar el barrio Obrero, que es donde crecí. Tiene tan pocos recursos que aún están arreglando sus calles. Me encanta el color de su gente. La ropa de ellos siempre está bien.

¿Ropa de colores? Somos negritos y ese barrio es pura rumba. Hay muchos niños jugando en las calles. Tenemos dos colegios ahí, un hospital, una cancha de baloncesto y otra de fútbol.

¿Dibujaría parlantes por fuera de las casas? Sí, sí. La gente está siempre alegre y buscando la música. ¿Qué más te dibujaría de Apartadó? Por supuesto, el estadio Antonio Roldán, el mismo que me vio crecer. Es pequeño. Tiene su coliseo, su cancha de béisbol y su pista de atletismo. Ahí empecé.

Y si le dijera que vamos a hacer un cuadro un poco más triste de su pueblo. ¿Qué pintaría? Lo que no me gusta del pueblo… no sé qué no me gusta.

¿La violencia? En eso ha mejorado mucho y creo que va a seguir mejorando. Lo que no me gusta es la poca oportunidad que tienen los niños para acceder a la educación.

¿Haber nacido en Apartadó le dio alguna ventaja? Apartadó me lo ha dado todo. Me ha dado las ganas de seguir, me ha dado las ganas de luchar por mostrar ese pueblo. ¡Quiero que lo conozcan! Apartadó me ha dado alegrías y tristezas. Le debo mucho.

Una tristeza de Apartadó. Dejar a mi familia allá.

¿Es cierto que los habitantes de Apartadó son fuertes debido a su dieta basada en banano y pescado? En eso se basó mi alimentación. Me encanta el pescado. En mi casa lo comemos mucho. También comí banano debido a que esa es la fruta emblemática de la región. Mi familia es trabajadora de fincas bananeras, así que había mucho banano en mi casa. A pesar de las carencias, considero que físicamente nunca fui débil. Y siempre tuve la filosofía de luchar, de ir para adelante, de no dejármela montar. Los débiles se quedan siempre en el camino.

¿Cuál era su deporte favorito en Apartadó? Jugábamos mucho a las escondidas, al “yeimi”, que es un juego en el que pones unas tapillas unas sobre otras y las tumbas con una pelota. Luego de esto hay que correr porque si no te ponchan. Cuando ves que la bola está lejos, los otros amigos tienen que volver a montar las tapillas unas encima de otras. Cuando se monta toda la torre gritas “¡yeimi!”, y ya, se acaba el juego.

Si se hubiera quedado en Apartadó, ¿se imagina qué habría pasado con su vida? De verdad que no lo imagino. Habría tenido muy pocas oportunidades debido a que los recursos de mi familia eran pocos. Doy gracias a Dios por haber llegado al deporte y sacar lo mejor de él.

¿A qué edad salió para Medellín? A los 14 años.

¿Cómo fue su primera noche en Medellín? De verdad que las malas noches las vine a sentir después, más o menos a los diez días de estadía. Lo primero era la ilusión de salir, de conocer, de venir a entrenar acá, sin ver que mi familia estaba lejos. Puedo decir que después de la semana sentí ese vacío, esa ausencia, esas ganas de tener a los míos.  En mi casa siempre me dijeron: “Siga ahí, siga ahí, luche por lo que quiere”.

¿Dónde dormía aquí en Medellín? ¿En la casa de quién? Cuando me trajeron de muy niña me trajeron a la villa deportiva Antonio Roldán. Allá íbamos a parar todos los deportistas de Urabá. Teníamos un hotel con capacidad para cincuenta deportistas.

¿Y eso sigue funcionando? Sigue funcionando, siguen ayudando.

 

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Frente al espejo, sentada en esa silla que le queda pequeña, en medio de pinzas, cepillos y sprays, ella no sabe qué pensar... porque le gusta que le alisen su pelo negro ensortijado y le encanta que le pongan bastante crema en brazos y piernas, pero al mimo tiempo le molesta que le pinten los labios y le depilen las cejas. Se mira y calla.

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¿Cuál fue el paso decisivo en su carrera? Haberme ido a San Juan de Puerto Rico en el 2008. No haber clasificado a Pekín me llenó de mucha tristeza y, por suerte, me ofrecieron una beca en Puerto Rico para representar a una universidad. Tomé esa oportunidad porque, al no clasificar a los olímpicos, puse en duda mis condiciones deportivas. Me pregunté: ¿será que yo ya no sirvo para esto? A esa edad solo me dedicaba a entrenar y, como no había clasificado, pensé en apostar por una carrera. Me dije: voy a estudiar enfermería y después seré deportista. Me fui con las ganas de sacar primero la profesión y al llegar me encontré con Ubaldo Duany, el profesor que me cambió la vida completamente. Y aquí estoy todavía dando saltos.

¿Ya terminó la carrera? Me acabo de graduar de enfermera, mi grado fue el 12 de junio de este año.

¿Por qué escogió Puerto Rico? Lo escogí porque fue el país que me ofreció la beca deportiva. El compromiso es competir por la universidad y ellos te dan la opción de estudiar.

¿Cómo se llama la Universidad? Universidad Metropolitana de Puerto Rico. Estudio en ella desde el 2008.

¿Y ahora qué sigue? Ahora voy a empezar una maestría en la misma universidad. Ya no podré competir por ellos porque solo puedes hacerlo durante cuatro años. Pero sí puedo continuar estudiando, eso sí.

¿Va a seguir entrenando con Ubaldo Duany? Ajá.

¿Qué tiene este entrenador que no tengan los demás? Siempre he tenido excelentes entrenadores y cada uno me ha cambiado la vida a su manera. Con Ubaldo Duany cambié de prueba: pasé del salto alto al salto triple. Con Regla Sandrino, excelente entrenador especialista en salto alto, logré la marca de 1,93 metros. Aunque esa marca no es significativa, podía clasificar a un mundial y estar entre las veinticinco mejores. Pero para estar en la final de una competencia de alto nivel tienes que estar saltando arriba de 1,98 y 2,05. Teniendo en cuenta esto, cuando Duany evaluó mi contextura física, me dijo: “No, Caterine, vamos a buscar algo para ti y mi propuesta es esta”. Y me fue llevando paso a paso al salto triple.

Entonces usted dijo: “Este hombre tiene razón”. Si te contara… años atrás, en el 2005-2006, la universidad ya me había hecho la propuesta. Pero yo dije “No, no y no, yo quiero Medellín y de aquí no me muevo. Yo quiero a mi país, ¿cómo me voy a ir a Puerto Rico?”. Y él me decía: “Mire, yo la voy a hacer especialista en el salto triple, la voy a llevar a la final de un mundial”. Recuerdo que hablé mucho de eso con mi mamá. Incluso llegué a pensar que Duany estaba loco. Finalmente dejamos así y entonces él volvió a insistir cuando no pude clasificar a Pekín en 2008. Ese año acepté y desde entonces empezó una segunda oportunidad en mi carrera deportiva y universitaria.

¿En quién cree hoy en día? Yo creo a ciegas en mi profesor Ubaldo Duany y en mi familia. Pero primero que ellos está Dios, porque sin él yo no estaría aquí.

¿Cuál es la frase que siempre le dice su entrenador? Él me dice que en cada entrenamiento tengo que dar lo máximo. Siempre me repite: “Tú no puedes guardar nada porque no sabemos mañana qué va a pasar”.

En el 2011 realizó un notable progreso, en cinco meses pasó de 14,30 a 14,99 metros. ¿Cómo lo hizo? Entrenando mucho. Eso lo hice muy enfocada; eso fue trabajo sobre trabajo.

Lleva este año tres medallas de oro en salto triple, con 14,79 metros, en Shanghái; 14,93, en Estados Unidos, y 14,81, en Oslo. ¿Cómo explicarles eso a los colombianos? Esas pruebas son llamadas Liga Diamante y para estar en ellas te exigen estar entre los diez mejores del mundo. Entonces ganar una prueba de esta competencia para mí es algo muy grande. Es el reflejo de lo que va a ser lo más alto del año. Como ahorita estamos enfocados en el campeonato mundial en Rusia, ya eso te va abriendo paso, ya vas viendo qué puedes hacer. Al estar con las mejores del mundo en la Liga Diamante valoras tu nivel. Y ganar es saber que tu trabajo diario está dando resultado.

Les ganó en todas a Olha Saladukha, la ucraniana, su gran rival… Mi gran rival soy yo misma. Siempre lucho por superarme a mí primero. No te voy decir que cada que estoy con una contrincante uno piensa en ella, pero siempre estoy concentrada en hacer las cosas bien sin importar quién está al frente. Me presiono, me pregunto: si ellas están, ¿por qué yo no? Saladukha es una excelente deportista.

¿Se hablan? No hablamos mucho, por el idioma, pero las dos sabemos que somos fuertes y ella me puede ganar como yo a ella. Estamos juntas en torneos internacionales desde el 2011.

¿Cuál es su objetivo con miras al mundial en Moscú, del 10 al 18 de agosto? El objetivo es estar nuevamente en el podio, superar lo ya realizado. Eso si cuento con salud, con que mis piernas y mi mente estén bien. Me gustaría darle otra alegría a Colombia con una medalla mundial nuevamente.

¿Cuánto tiempo entrenó hoy? En la mañana desde las 6:00 hasta las 10:30. Hoy pegué los dos horarios de entrenamiento para sacar tiempo para esta entrevista. Más o menos, cada uno dura dos horas y media.

¿Cómo es su rutina de entrenamiento? Todos los días me levantó a las 5:30 a.m. y empiezo a entrenar más o menos a las 6:00. Hago gimnasio y ahí casi siempre me dan las 9:00. Luego llego a mi casa, almuerzo y me acuesto de 1:00 a 3:00 p.m. Después me levanto, entreno de vuelta a las 4:00 en la pista. Termino a las 7:30, voy a mi casa, descanso, ceno, si tengo que hacer algo lo hago y a dormir. Esa es mi rutina diaria.

¿De una a tres de la tarde duerme todos los días? Todo está calculado y los momentos de descanso son sagrados. No me gusta que me los toquen. Son mis horitas de sueño. Si no duermo esas horas, parezco la novata más grande. Mala, mala, mala.

¿El mejor titular sobre usted en un periódico? Caterine está volando. (Con la misma rapidez que responde, lanza una risotada).

¿Cuál es la distancia más grande que ha saltado? Yo hago salto largo y salto triple. En salto largo tengo un salto de 6,73 metros y, en triple, que es mi especialidad, tengo un salto de 14,99 metros.

¿Cuál es la distancia máxima que quiere saltar? Lo más lejos que pueda. De verdad que mi ilusión está muy alta. Quiero llegar lo más lejos que haya llegado una mujer. El record mundial está en 15,50 metros y mi objetivo es pasar de ahí.

¿En su práctica diaria tiene un número de saltos programados? Los saltos los hago para fijar bien la técnica. Los hago en intervalos de tiempo. Hay días que puedo hacer diez o veinticinco al día.

De tanto saltar, ¿qué es lo que más le duele de su cuerpo? Duelen mucho las articulaciones de rodilla, tobillo y caderas. Para combatirlo hay que consumir vitaminas.

Cuando compite, ¿tiene algo que se ponga porque le trae suerte? Sí. Siempre ando con unos aretes que me regaló mi mamá hace muchos años. Siempre los uso para las competencias.

¿Para competir se pone aretes? Sí, uso aretes, cadenas, como yo me sienta cómoda.

Antes de pegar esos saltos tan grandes, ¿tiene una frase? ¡Vamos negra!

¿Hasta cuándo va a saltar? Pienso saltar hasta los Olímpicos de Río de Janeiro 2016.

¿Dónde se imagina su vida como enfermera? Yo me imagino mi vida aquí en Colombia, especialmente en Medellín. Quiero volver a vivir acá.

Pasa mucho tiempo en entrenamiento ¿Y para el amor? ¿Cuánto tiempo le dedica al amor? Eso sí es una lástima hablarlo, pues yo trato de cumplir porque tengo una pareja de muchos años, se llama Alexánder Ramos. Él fue atleta, tenemos aproximadamente 10 años de estar juntos. Él está también en la universidad, en Puerto Rico. Es asistente del profesor, me entiende mucho porque es del medio. Él sabe que yo soy primero atleta y después su novia. (Vuelve y suelta su risa franca).

¿Viven juntos? Sí, hace como seis años. ¡Él tiene mucha paciencia! Hay veces que no nos vemos durante tres meses. Es fuerte.

¿De qué más se priva para ser una deportista? Ser atleta de alto rendimiento te priva de muchas cosas. Por ejemplo,  a mí me gusta bailar, cosa que solo puedo hacer en jornadas de descanso. Es decir, ocho días en diciembre. Saber que puedes ir a un centro comercial y lo máximo que te puedes demorar es una hora. El sacrificio más grande es estar lejos de mi familia y de mi país.

¿Cómo está conformada su familia? Está conformada por William Ibargüen y Francisca Guerrero, que son mis padres. Luis Alberto es mi hermano mayor. Y yo que soy la menor, la “secaleche”.

¿Su papá qué hace? Mi papá hace oficios varios, vive en Venezuela. En cambio mi madre vive en Turbo, ellos son separados.

¿Cuántos años tenía cuando se separaron? Creo que 7 años, desde muy niña se separaron.

¿Qué hace su papá en Venezuela? Mi papá trabaja en una finca en Venezuela. Es el administrador.

¿Y su mamá? Mi mamá está dedicada al hogar. Vive en unión libre con su nueva pareja.

¿Qué es lo que más le gusta hacer en sus días de descanso? No me lo vas a creer. Yo me tomo bien en serio lo de dormir, levantarme, comer, dormir, levantarme, comer, dormir. Yo puedo dormir todo el día. Un domingo, como soy muy madrugadora, casi siempre me levanto a las 7:00 a.m. Entro a Facebook hasta las 9:00. De esa hora al mediodía duermo de nuevo. Y posterior al almuerzo, a eso de la 1:00, tomo otra siesta de dos horas más. En la tarde-noche voy a un centro comercial, máximo una hora, y de nuevo a la cama.

¿De lo virtual qué le gusta? ¿Facebook o Twitter? Twitter no tengo porque no me gusta. En cambio Facebook sí, me gusta ver fotos, videos, me gusta comunicarme con amigos… Igualmente tampoco mantengo mucho conectada, a veces duro ocho días sin entrar.

¿Hay un ídolo en su vida, alguien a quién admire? ¿A quién admiro?

¿A nadie? Un cantante… No.

¿Un futbolista? Nada.

¿Un salsero? No.

¿Cuál es su color favorito? Me encanta el color negro.

¿Un olor de su infancia que recuerde? El olor a vainilla. Había un árbol de flor blanca que por la noche expulsaba olor a vainilla.

Además de saltar, ¿tiene alguna otra afición? Me encanta cocinar. Cuando salga de todo esto voy a estudiar culinaria. Me gustan mucho los mariscos y las pastas. Soy una experta preparándolas. En la cocina me relajo un poco, me saca un poco de la rutina.

¿Qué es lo que más le gusta de cocinar? Me gusta cuando lo que hago queda rico.

¿Cuánto pesa? 69,9 kilos.

¿Cuánto mide? 1,80 metros.

¿Cuáles son sus medidas? ¿90-60-90? ¡No, no, no! Sé que mi cintura mide 55 cm. Lo sé porque me la midieron en una competencia y todavía me acuerdo.

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Aunque tiene ya 29 años, responde como una niña, sin grandes preámbulos y con pequeñas distracciones. Superadas las dos horas de flashes y preguntas, parece que fuera otra, ya no es la dueña de su cuerpo, son sus piernas las que hablan por ella, las que no quieren trabajar más. La atleta cierra sus ojos y vuelve a ser la niña que me dice que está muy cansada. Le creo. Está entrenando desde las 5:30 de la mañana y ya son más de las 10 de la noche. Como atleta consumada, lo físico la gobierna y, según su rutina, hace tres horas que ya debería estar dormida. Se despide y sale como sonámbula. En unas semanas compite en París. Sus músculos mandan.

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Fotos: Esteban Escobar Coordinación general: Mónica María Moreno Mesa Producción: Manuela Lopera Maquillaje y peinado: Adriana Pérez Asistentes de fotografía: Diego Castillo y Andrés Felipe Bustamante Agradecimientos: Tienda Azulu - Tienda Converse (Medellín)

 

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