José Mejía del Valle es el chef preferido de los famosos

Shakira, Obama, Penélope Cruz y otros famosos mueren por la sazón de este cocinero colombiano
José Mejía del Valle es el chef preferido de los famosos

Hace 25 años llegó a Estados Unidos por la frontera mexicana y vivió durante una década como ilegal. Ahora este colombiano es un prestigioso chef que ha deleitado el paladar de personalidades como Barack Obama, Jennifer López y Giorgio Armani.  

A Shakira le encantan los raviolis. El mundo entero supo de su romance con Piqué y del nacimiento de su hijo Milan, pero muy pocos conocen su amor por las pastas y la comida casera. José Mejía del Valle, sin embargo, tiene muy claras sus preferencias gastronómicas, pues durante diez días estuvo encargado de preparar sus almuerzos y sus cenas. El chef conoce el lado más íntimo de la cantante, quien detrás de cámaras es la niña mimada de sus padres y una mujer dulce y vanidosa que solía salir a la mesa llena de cremas y máscaras faciales.  Mejía conoce el otro lado de los famosos, ese que la televisión no muestra y que los paparazzis añoran alcanzar. Podría pensarse que el colombiano es un privilegiado por tener a las celebridades tan cerca; pero, en realidad, para trabajar con estas personalidades hay que comprometerse a cumplir con condiciones dignas de la realeza o del Dalai Lama: no es posible mirarlas a los ojos, tomar fotos está absolutamente prohibido y pedir autógrafos es un insulto. A pesar de estas restricciones, Mejía adora su trabajo y los famosos lo llaman una y otra vez, ya sea para que les ayude a organizar grandes banquetes o para cocinarles en sus residencias en Miami, pues confían en su profesionalismo. “Ellos se dan cuenta de que los fogones me apasionan –cuenta–, y aunque en un principio su trato es seco y distante, y uno lo respeta, luego empezamos a interactuar”.

Ricky MartinRicky Martin es uno de sus clientes fieles

 

Este colombiano –nacido en Caldas, Antioquia, en 1965– decidió escapar a Estados Unidos cuando tenía 18 años, convencido de que allá estaba su futuro. Siempre se consideró un artista –adoraba el teatro y la música–, así que después de graduarse del colegio se dispuso a cruzar la frontera que lo separaba de su sueño. Y lo hizo, con 700 dólares en el bolsillo y sin saber una gota de inglés. Llegó a Los Ángeles y después viajó a Nueva York, donde la vida lo trató tan mal que estuvo a punto de devolverse. No obstante, aparecieron compatriotas que le dieron una mano y, finalmente, en el restaurante Bobby Valentine’s lo contrataron para que lavara platos. Después de dos meses entre agua y jabón, el encargado de las pizzas no fue a trabajar y sus jefes lo invitaron a reemplazarlo. Como buen paisa, dijo que sí, sin saber que esa primera experiencia gastronómica determinaría su destino. La cocina aniquiló la actuación –esa ilusión que inicialmente lo llevó hasta Norteamérica– pero no dejó de pensar en sí mismo como un artista y así entiende la gastronomía, desde el arte. Nunca pasó por la universidad, trabajó en varios restaurantes y la prestigiosa casa de banquetes Le Basque fue su escuela. Allí aprendió todo lo que debía saber para organizar los sofisticados eventos de los famosos y para probar la independencia 15 años más tarde. “Era un negocio en el que había muy buen dinero. Me pagaban bien, pero tenía la oportunidad de que todos los ingresos fueran para mí y de ganarme el aplauso de los clientes. Eso era muy importante para mí, por eso creé mi casa de banquetes, Blooming Flavors, sabores que florecen”.Las delicias de Mejía han pasado por los más refinados paladares. Eva Longoria, Penélope Cruz, Javier Bardem, Alicia Keys, Ricky Martin, Marc Anthony, Paulina Rubio y Bill Clinton han comido sus platos. Chayanne es un cliente frecuente. El presidente Obama probó y repitió. Alejandro Sanz es uno de sus comensales preferidos. Incluso se portó de maravilla cuando el colombiano tuvo que obligarlo a seguir una dieta estricta. Aparte de los nombres reconocidos, decenas de millonarios lo buscan para pagar 400 dólares por recibir su servicio de chef privado durante seis horas, o 200 por plato en sus banquetes. Ahora Mejía prepara un libro sobre comida afrodisiaca y experimenta con la cocina molecular, después de haber atendido al propio Ferran Adrià. Su fama ahora está a pedir de boca.