Malala Yousafzai, la heroína pakistaní que defiende los derechos de las niñas a la educación

A los 15 años, Malala Yousafzai fue baleada por talibanes por defender su derecho a la escuela. Hoy es un ejemplo de valentía para su país y para el mundo. Esta es su historia.
Malala Yousafzai, la heroína pakistaní que defiende los derechos de las niñas a la educación

“Los talibanes han emitido un panfleto que prohíbe ir a la escuela a todas las niñas”, escribió Malala en su blog en 2009, cuando tenía doce años y vivía en la ciudad de Mingora, norte de Pakistán. Días después pudo ir a clases, pero lo que informó tampoco fue alentador. “Solo asistieron once de las veintisiete alumnas.  Después del panfleto, mis tres mejores amigas se han ido a Peshawar y Lahore con sus familias”. Bajo el seudónimo Gul Makai y con la asesoría de un periodista de la BBC de Londres, Malala narró su historia en una zona que se disputaban a sangre y fuego el ejército pakistaní y la guerrilla Tehrik e Talibán. "Tengo miedo. Ayer tuve un sueño horrible con helicópteros militares y extremistas. He tenido esos sueños desde que empezó la operación militar.” Ese año, la región en la que está Mingora, conocida como el Valle de Swat, registró 1,5 millones de desplazados a causa de la guerra fratricida. A pesar del conflicto, Malala y su familia no se marcharon. Ziauddin Yusafzai, su papá, resistió a su manera; siguió dirigiendo la escuela a la que acudía su hija. Y lo hizo como pudo, en ocasiones con disimulo: “El director, al anunciar las vacaciones, no mencionó qué día tenemos que volver. Es la primera vez que ocurre y no nos ha informado la causa, por eso temo que sea porque los talibanes han prohibido nuestra escolarización”, escribió Malala.En la cruda realidad que les tocó a ambos, Malala dio valor a ciertas circunstancias. Así lo demuestran estas líneas: “El director nos ha pedido que vayamos vestidas de calle en lugar del uniforme para no llamar la atención de los talibanes. Así que decidí llevar mi vestido rosa favorito. Otras niñas también llevan ropa de colores alegres y el colegio tiene un aspecto hogareño”. Por mensajes como el suyo, Occidente volteó sus ojos hacia el Valle de Swat. Tanto que el New York Times filmó un documental, La muerte de la educación, en el que los protagonistas son la adolescente que no le tembló el pulso para denunciar la opresión talibán, y su valiente padre.   El martes 9 de octubre del 2012 su activismo hizo más eco. Y no porque su blog llegara a una cifra récord de lectores. Todo lo contrario: ese día, regresando de clases, dos sicarios le dispararon en la furgoneta en la que venía junto a otras compañeras. El impacto en su cabeza hizo temer lo peor. Recibió atención inmediata y fue trasladada a un hospital militar en Peshawar. Luego de varias horas de cirugía, el diagnóstico no fue favorable, pero sí algo esperanzador. Inglaterra, uno de los primeros países en el que cultivó lectores, le ofreció asilo político y tratamiento médico y psicológico. En un helicóptero medicalizado, prestado por Jalifa bin Zayed Al Nahyan, jeque de Emiratos Árabes, viajó a la isla con sus padres y sus dos hermanos menores.Tras cinco meses de recuperación, Malala volvió a la carga. Su primer acto fue acudir al Instituto Edgbaston, en Birmingham, Inglaterra, el pasado 19 de marzo, portando su inseparable hiyab. "Este es el momento más feliz, el de regresar al colegio. Es con lo que sueño: que todos los niños puedan ir a la escuela porque es su derecho". No lo escribió sino que lo dijo frente a las cámaras. Sus palabras contrastaron con las que escribió tres años antes, cuando nombró los panfletos.En su cumpleaños número dieciséis, el último 12 de julio, fue la invitada de honor a Naciones Unidas. "Tomemos los libros y las plumas porque pueden cambiar el mundo", dijo en un perfecto inglés. Pronto el jefe talibán Adnan Rasheed, presuntamente desde las montañas del Valle de Swat, respondió a su discurso. Manifestó que la atacaron no por estar a favor de la educación universal, sino porque “dirigía una campaña de difamación para frustrar sus esfuerzos de establecer un sistema islámico en Swat”. Ella le salió al paso: "Aprendí la filosofía de la no violencia de Gandhi y el perdón de mi padre y de mi madre”.

UN-PAKISTAN-YOUTH-MALALA YOUSAFZAISu discurso en Naciones Unidas, en el que llamó al perdón y a la igualdad, estuvo a la altura de discursos de personajes como Martin Luther King.

Entre 2007 y 2008, antes del atentado a Malala, los talibanes ya habían hecho sentir su violencia (que incluía ejecuciones públicas) contra las instituciones educativas que aceptaban niñas. El año pasado, según un informe de Human Right Watch, se presentaron 96 ataques contra escuelas en Pakistán por parte de grupos armados extremistas que se oponen a que las niñas vayan a la escuela. Así las cosas, la lucha de Malala, como la de tantos activistas predecesores, no será corta.