La eterna noche de las doce lunas: un acercamiento hermoso, respetuoso y muy interesante a la cultura wayúu

Todos los cinéfilos estarán de felices con el estreno de este documental, y correrán a poblar las salas donde se presente, ávidos de ver por fin satisfechas sus peticiones.
La eterna noche de las doce lunas: un acercamiento hermoso, respetuoso y muy interesante a la cultura wayúu

Ciertos espectadores colombianos viven quejándose de la superficialidad del cine nacional, de la preferencia por la taquilla por encima del contenido, de la manía de los directores de aferrarse a la realidad inmediata y tremendista, antes que ofrecer algo de profundidad sobre nuestra verdadera idiosincrasia.

 

Ajena al espectáculo, a la intención de forzar el guión para reclutar público, y en cambio sí dotada de la paciencia suficiente para lograr una investigación no solo completa sino genuina, Priscila Padilla nos ofrece la culminación de cinco años de trabajo: la filmación de una de las tradiciones más especiales de la cultura wayúu: el encierro que deben vivir las niñas una vez experimentan su primera menstruación, como tránsito entre la infancia y la juventud.

 

Aislada por períodos que oscilan entre los seis meses y el año en una pequeña cabaña destinada para tal fin, la niña no puede ser vista por nadie (menos por un hombre) y solo puede salir de vez en cuando en las noches en compañía de su madre o de otra mujer a tomar baños de luna. Mientras tanto, la niña no solo se prepara espiritualmente, sino que se nutre de los oficios domésticos que le enseñarán a ser una buena mujer. Es, ni más ni menos, la oruga en su crisálida antes de salir transformada en mariposa.

 

La película no solo asiste a esa transición, sino que documenta todo lo que ocurre en la comunidad alrededor del encierro, y cómo las tradiciones ancestrales contrastan con la necesidad (y el derecho) de modernizarlas. Al fin y al cabo, en la actualidad la prioridad de la familia ya no es dar a su hija en matrimonio una vez culmine el encierro, como la tradición indica.

 

El documental aproxima al espectador a una cultura tan colombiana como el vallenato y, sin embargo, tan poco comprendida en toda su integridad. Con razón se llevó el premio especial del jurado en el pasado Festival de Cine de Cartagena, en la sección Colombia al 100 %.