"No me resisto mirar a una mujer bonita" Eduardo Montealegre, Fiscal General

/El Fiscal Montealegre confesó sus mejores y peores hábitos, dejó ver asomos de su bohemia y mandó un par de puyas a sus más fuertes detractores./
"No me resisto mirar a una mujer bonita" Eduardo Montealegre, Fiscal General

Más incisivo que nunca, Montealegre es un investigador a toda prueba.

 

¿Madrugador o trasnochador? 

Trasnochador. Leo por hábito hasta pasadas las dos de la mañana.

Un truco para conservar la calma. 

Tomar las decisiones un día después de que pase la tormenta. Nunca en caliente. 

¿Qué le quita el sueño? 

La música a todo volumen de mis vecinos, a quienes envidio por bailar son cubano hasta el amanecer.

¿En qué gasta sin pensar? 

En buenos libros. 

 

Un recuerdo de Alemania.

 

Viví en una casa cerca de Bonn donde llegaban las liebres y veía pasar los barcos en el atardecer.

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Un olor que lo regrese a la infancia. 

El aroma del café en una pequeña finca cafetera de mi padre en las montañas del norte del Tolima. 

 

¿Qué hace cuando se desvela? 

Leo literatura fantástica. Entre lo racional del mundo y la incredulidad ante los sobrenatural, me duermo. 

¿Qué música escucha ?

 

De toda, pero especialmente jazz, son cubano y algo de pop moderno.

 

¿Qué le falta por hacer? 

Como en el cuento de Borges, escribir un libro que contenga todos los libros del universo. Es mi sueño.

 

¿A quién no soporta? 

 

Ni a los arrogantes ni a los fanfarrones.

 

¿Dónde queda el infierno? 

En la mejor obra de la literatura medieval italiana: La divina comedia. A uno de esos círculos, camándula en mano, hay que enviar unos cuantos enemigos de la paz.

 

¿Qué extraña de Ibagué? 

Mis épocas del Colegio San Simón, cuando soñábamos con hacer la revolución en medio de la bohemia y los libros.

 

¿A quién le gustaría conocer? 

A Gabriel García Márquez y a Mario Vargas Llosa.

 

¿Qué tiene en su mesa esa de noche? 

En este momento, leo una antología de cuentos de AntonChéjov. Desde niño admiré la Rusia campesina, y él describe magistralmente los caminos, los campos y la gente de la Rusia zarista.

Su autor de cabecera. 

Jorge Luis Borges. Me gustan sus seres metafísicos: el tiempo, los laberintos, las paradojas filosóficas y el encuentro de todas las culturas que hay en sus cuentos.

 

¿Qué le aburre de su cargo? 

No disponer del tiempo necesario,para leer todos los libros de las bibliotecas de Borges.

 

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¿Qué lo ha hecho llorar? 

La pérdida de mi madre, longeva y prudente.

 

¿Cuál es su posesión de mayor valor? 

Los seres imaginarios que habitan en mi biblioteca y que regresan al mundo cuando abro mis libros. 

¿Su mayor pecado? 

Comer chocolates.

 

¿Qué no perdona? 

Unos cuernos más grandes que los del alce.

 

¿A quién le sacaría tarjeta roja? 

A los apologistas de la guerra que pululan en este país.

 

Un maestro en su oficio. 

Joe Arroyo.

 

Un agüero.

Dar una vuelta a la cuadra, el 31 de diciembre, con una maleta de viaje.

 

¿Quién da la última palabra en su casa?

Mi esposa. Es la ley universal en todas las culturas y en todos los tiempos.

 

Un consejo para los notarios.

Que compren buenas rodilleras.

 

¿Qué le pedirá al niño dios?  

Un gran capote para esquivar las embestidas de la Contraloría.

 

Lo mejor de su cargo. 

No padecer los trancones que empeoró el alcalde Petro en Bogotá.

  

Una fórmula para esquivar lagartos.  

No frecuentar notarías.

 

Su especialidad en la cocina. 

Caliento muy bien el agua para hacer café instantáneo. Soy un virtuoso en esa técnica.

  

¿En qué lo han tumbado? 

En los puntos bajos que a veces me dan las encuestas de opinión. 

Un castigo que no olvida. 

Me prohibieron durante un tiempo jugar ajedrez, porque dije que mi profesor de francés  se parecía a la Pantera Rosa.

 

¿Qué tal es para bailar? 

Voy a confesar un gran secreto: soy mejor bailarín que abogado. 

 

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¿Cómo sobrevivir a la lectura de un expediente? 

Imaginar que es un cuento policíaco de Edgar Allan Poe o un relato fantástico de Kafka.  

¿En qué deporte es bueno? 

En mamar gallo, como todos los colombianos.