Así fue la boda de la princesa de Suecia

La heredera al trono sueco, Victoria, se casó con su entrenador personal, Daniel Westling. Como testigos se congregaron 11 soberanos y 15 príncipes.
Así fue la boda de la princesa de Suecia

Desde primera hora de la mañana del sábado 19 de julio, 6.000 soldados, el dispositivo de seguridad, vigilaban los alrededores de la catedral de San Nicolás, en Estocolmo, donde tuvo lugar la ceremonia luterana, que duró media hora y fue impartida por tres obispos a los que acompañaba una “arzobispa”, tal como exige el protocolo sueco. Estaban acreditados, para cubrir la ceremonia, 2.000 periodistas de todo el mundo.

La princesa entró del brazo de su padre, el rey Gustavo, quien, al llegar al altar, cedió su mano a su futuro esposo, que se iba a convertir en príncipe y duque de Västergötland. Entre los pajes que seguían a Victoria se hallaba la hija de los herederos noruegos, uno de los hijos de Máxima y Guillermo de Holanda y uno de los vástagos de Mary Donaldson, que se tropezó y casi se cae después de que su marido, el príncipe Federico de Dinamarca, le pisara el vestido.

Victoria vestía un traje blanco de seda brillante de corte clásico, escote de barco y larga cola. En la cabeza llevaba la corona y el velo con los que se casó su madre, la reina Silvia, hace 34 años. Esa corona se denomina tiara de los camafeos y es un tesoro familiar desde que la princesa Brigitta, hermana del Rey, lució esta joya en su matrimonio. Procede de la emperatriz Josefina, a quien se la regaló Napoleón. 

Entre los invitados al evento, uno de los diseños más sobresalientes fue la creación de Lorenzo Caprile para la infanta Elena de España, duquesa de Lugo, de inspiración goyesca. La falda parecía un capote torero, y su pelo iba recogido en una redecilla de madroños.

El enlace también sirvió para que se volviera a ver juntos a Kyril de Bulgaria y a la española Rosario Nadal. Recordemos que, después de 20 años de matrimonio, la pareja se separó en octubre de 2009. Parece que la pareja lleva bien, o con gran naturalidad, su ruptura.

También fue llamativa la salida de la catedral de los contrayentes, Victoria y Daniel, ya como matrimonio: diez soldados reales les hicieron los honores con sus sables desenvainados formando un arco. Luego vino el paseo oficial por las calles de Estocolmo, en carruaje, y su vuelta en una barcaza con los colores de la bandera sueca por la bahía de Saltsjön.

El momento en el que la pareja, ya en el Palacio Real, se asomó al balcón y saludó a los suecos venidos de todas partes, se convirtió en el más emotivo del de la tarde. “Gracias por darme a mi Príncipe”, dijo Victoria, dirigiéndose a sus súbditos, y a su marido, Daniel, se le llenaron los ojos de lágrimas.

El feliz evento continuó con un banquete y una fiesta. En el menú real, langosta noruega con caviar; bacalao marinado sobre base de flores con mermelada de pepino y crema de guisantes; trucha ártica con hierbas; huevos de codorniz; solomillo con chalotas. De postre, “mousse” de fresas con helado. Los vinos, Sancerre Les Pierris 2008, Domaine Roger Champault, Luis Jadot y Chateau Simon 2007 Sauternes. Un más que digno convite que sirvió de colofón al bonito cuento de hadas que se estaba viviendo.