Con el mundial en la piel

Ellas no quisieron ponerse la camiseta, prefirieron pintársela en todo el cuerpo. Se desnudaron para ser el blanco del body painting y representar a los equipos del mundial.
Con el mundial en la piel

CURIOSIDADES Y EXTRAVAGANCIAS. POR EDUARDO ARIAS.

Fútbol para paliar la dictadura

Dos años antes de que se iniciara el Mundial de Argentina 1978, la presidenta María Estela Martínez de Perón, más conocida como Isabelita, fue derrocada por un golpe militar que comandó el general Jorge Rafael Videla. Comenzó una etapa, bautizada como el ‘Proceso’, en la que los organismos de seguridad del Estado se empeñaron en aniquilar no sólo a la guerrilla sino también a los simpatizantes de la izquierda. Argentina utilizó el Mundial como plataforma para mejorar su imagen ante el mundo, bastante deteriorada por las denuncias de violaciones de los derechos humanos. 

La guerra del Golfo

En el Mundial de Francia de 1998, Irán y Estados Unidos quedaron ubicados en el mismo grupo. Se habló de la carga política de aquel encuentro entre dos potencias que se mantienen en permanente estado de guerra desde el triunfo de la revolución islámica. Sin embargo, el partido se jugó sin mayores problemas e Irán se impuso 2 a 1. Eso sí, el régimen iraní lo celebró como una de sus mayores victorias políticas, a pesar de que ellos decían aborrecer el fútbol. La televisión oficial repitió una y otra vez los goles de Irán con música marcial de fondo.

Dos equipos con la misma camiseta

Hungría y Francia (eliminados por Italia y Argentina) se despedían del mundial de Argentina 78 en el estadio de Mar del Plata. Cuando iba a comenzar el partido, el árbitro descubrió que ambos equipos habían traído sus camisetas blancas. Como no había tiempo de ir a buscar unas nuevas, los franceses utilizaron la camiseta verde y blanca a rayas de Kimberley, un equipo de la ciudad. Ese día, los hinchas del equipo de casa hicieron realidad de ver la camiseta de su equipo nada menos que en una Copa del Mundo.

El Mundial más violento

Aunque el folclor suele señalar el Mundial de Inglaterra de 1966 como el más antideportivo de todos, la realidad es que en Chile 1962 se rompieron todos los récords al respecto. El mediocampista yugoslavo Mujic, en una jugada sin pelota, le fracturó la tibia y el peroné de la pierna izquierda al zaguero ruso Dubinsky, quien nunca pudo recuperarse de la lesión. Le amputaron la pierna y siete años después murió como consecuencia de una infección en la herida. Al tercer día de competencia, el Mundial de Chile sumaba 24 jugadores lesionados; al día siguiente, la cifra había subido a 50. El balance global del torneo arrojó tres fracturas de piernas, una de tabique nasal y una de cadera.

Dopados

Sólo tres jugadores han dado positivo cuando han sido sometidos a control de dopaje. Jean Joseph, de Haití, en 1974, luego del partido en que su selección perdió 3 a 1 con Italia. El escocés Willie Johnstone, tras el partido en que su equipo perdió 3 a 1 con Perú, y Diego Maradona, luego del triunfo 2 a 1 de Argentina ante Nigeria.

En el mejor estilo de Ana Frank

Durante la Segunda Guerra Mundial, el dirigente italiano Ottorino Barassi, vicepresidente de la FIFA, escondió la Copa Jules Rimet en una caja de zapatos debajo de su cama para salvarla de los nazis.

Creerse el cuento se paga caro

Los ingleses se afiliaron a la FIFA recién en 1950 y vivían de la leyenda de ser los mejores del mundo por haber inventado el juego, aunque no lo habían demostrado más allá de algunos partidos amistosos que ayudaban a construir la leyenda. Su debut en Brasil 1950 fue un desastre. Tras un triunfo 2 a 0 ante Chile, perdieron 1 a 0 con Estados Unidos y por el mismo marcador ante España. Algo similar les sucedió a los argentinos en 1958. Habían regresado a un Mundial tras 24 años de ausencia, convencidos de que bastaba “el talento innato del jugador criollo” para triunfar. Vo lvieron a casa humillados luego de que Checoslovaquia, a punta de velocidad y estado físico, los goleara 6 a 1. Los argentinos quedaron de últimos en su grupo.

Esposas en vacaciones

En el Mundial de Alemania, el entrenador Rinus Michels, de Holanda, no sólo asombró al mundo por el revolucionario estilo de juego de su equipo, sino también porque permitió que esposas, novias y amigas de los jugadores los acompañaran en la concentración del equipo. A juzgar por el rendimiento de los jugadores, esto no afectó para nada el desempeño de la Naranja Mecánica, que llegó a la final sin haber perdido ningún partido, y con 14 goles a favor y uno en contra, merced a un desafortunado autogol de Krol en el partido que le ganaron 4 a 1 a Bulgaria. En la final eran los grandes favoritos pero perdieron 2 a 1 ante Alemania Federal, el equipo de casa.

El Reich, humillado

En los años 30 Austria era una de las principales potencias del fútbol europeo y tenía asegurado un cupo al Mundial de Francia de 1938. Sin embargo, pocos semanas antes del Mundial, Hitler anexó a Austria, y el Reich Alemán participó con un equipo combinado. En teoría, Alemania era una especie de equipo soñado y gran candidato al título. En la práctica, en la fase de octavos de final empató con Suiza a un gol y en el partido de desempate (hermosos tiempos aquellos en los que no se habían inventado la lotería de los penales), los helvéticos ganaron 4 a 2. Alemania fue eliminada en primera fase, algo que nunca le volvería a suceder en una competencia internacional, hasta la Eurocopa de 2000.

Cerveza y cigarrillo para reencontrar el nivel

Alemania Federal comenzó muy mal su participación en el Mundial de 1974, del cual era anfitriona. Dos victorias sin convencer ante los débiles seleccionados de Chile y Australia, y una derrota ante Alemania Democrática, los rivales políticos. La moral del equipo estaba deshecha. Entonces, recuerda Franz Beckenbauer, los jugadores se reunieron, se pusieron a fumar y a tomar cerveza y se dijeron lo que tenían que decirse. Luego de esta tanda de tabaco y alcohol, Alemania Federal encontró su norte y se coronó campeón del Mundo.

Radio en sueco

Manoel dos Santos, más conocido como Garrincha, fue figura descollante en los mundiales de 1958 y 1962, en los que se coronó campeón con Brasil, y se le considera como uno de los 10 mejores futbolistas de la historia. Pero además de su gambeta endiablada se distinguía del resto de los mortales por su ingenuidad. En el Mundial de Suecia compró un receptor de radio muy costoso y el masajista Mario Américo le dijo que el aparato no le servía porque sólo se oía en sueco. Garrincha lo prendió y se puso furioso al mover el dial y comprobar que sólo hablaban en ese extraño idioma. Mario Américo le hizo el gran favor de comprárselo a mitad de precio.

El empate de Colombia, ¿amañado?

El árbitro Etzel Filho, brasileño de origen húngaro que pitó el 4-4 entre Colombia y la URSS en 1962, confesó varios años después del Mundial de Chile que él había empatado el partido (ganaba la URSS 4 a 1 al comenzar el segundo tiempo) porque odiaba a los rusos desde la invasión soviética a Hungría en 1956.

La superioridad falangista

En el Mundial de 1950, España derrotó 1 a 0 a Inglaterra y el régimen franquista proclamó que aquella era una clara muestra de la superioridad del falangismo católico sobre la decadente democracia británica hereje, a la que denominaba “la pérfida Albión”, por aquello del control británico sobre Gibraltar. Días después, durante la liguilla final por el título de aquel Mundial, la propaganda oficial nada manifestó al respecto cuando Brasil goleó 6 a 1 a España (una nítida victoria del sincretismo entre cristianismo y religiones africanas), como tampoco cuando cayeron 3 a 1 ante la luterana y muy democrática y tolerante Suecia. 

‘Sé que fumo, sé que bebo…’

Sócrates Brasileiro Sampaio Vieira de Oliveira, más conocido como Sócrates, fue uno de los mejores volantes de la historia de Brasil. A pesar de ser doctor en medicina y futbolista de élite, fumaba y bebía con cierta frecuencia, hasta el punto que se fumaba un cigarrillo antes de los partidos para relajarse. Incluso dice la leyenda que se alcanzó a fumar un cigarrillo en el entretiempo en el partido que Brasil perdió contra Italia, en el Mundial del 82.

Regionalismo extremo

Brasil había organizado el Mundial de 1950 para ganarlo, y tenía un equipo que parecía invencible. En la primera fase arrancó con un triunfo contundente ante México. Sin embargo, el segundo partido, frente a los suizos, debía jugarlo en São Paulo. Como la mayoría de los titulares eran de Río, el técnico Costa hizo varias modificaciones para que hubiera mayoría de jugadores paulistas y no de Río de Janeiro. Resultado, empate agónico a dos goles. Como quien dice, Brasil estuvo a punto de ser eliminado en primera fase por consentir al público. 

El gol más triste de la historia

En 1973, Chile debía jugar un repechaje contra la URSS para ganar un cupo al Mundial de Alemania de 1974. El primer partido se jugó en Moscú pocos días después del golpe militar del 11 de septiembre. Terminó empatado a cero goles. Los soviéticos se negaron a jugar el partido de vuelta porque el régimen de Pinochet había convertido al estadio Nacional de Santiago en un campo de concentración. El 21 de noviembre ya no había detenidos, pero algunos jugadores de Chile recuerdan haber visto rastros de sangre en los camerinos. Los jugadores chilenos se presentaron en el campo y, tras el pitazo del árbitro y sin rivales a la vista, anotaron una triste pantomima de gol que les dio el tiquete al Mundial en medio del terror y los ríos de sangre. Chile clasificó así al Mundial y fue eliminado sin pena ni gloria en la primera ronda. 

Propaganda fascista

En la década de 1930, Benito Mussolini utilizó a la selección de fútbol italiana como un instrumento de propaganda para demostrarle al mundo las bondades de la Nueva Italia, una especie de “refundación de la Patria” que había comenzado en 1922 con la Marcha sobre Roma. La selección italiana representaba lo mejor del joven formado bajo el régimen fascista. Esto no impidió que en aquel equipo jugaran cuatro argentinos de origen italiano (denominados ‘oriundi’), criados a 10.000 kilómetros de distancia y bajo el gobierno democrático de Hipólito Yrigoyen de finales de los años 20, que nada tenía que ver con el fascismo. Detalles que nunca les han importado a los encargados de la propaganda de regímenes caudillistas.

Boicot o crisis familiar?

El gran astro del fútbol holandés Johan Cruyff no participó en el Mundial de Argentina de 1978 y durante mucho tiempo se dijo que había tomado esa decisión para repudiar el régimen de terror impuesto por los militares en el poder. Sin embargo, hace pocos meses Cruyff dio una razón diferente a Radio Cataluña. Recuerda que pasaba por un mal momento en Barcelona y había sufrido un asalto a mano armada. “Mis niños iban con la policía al colegio, y en mi casa también tuve vigilancia durante unos cuantos meses. Y llega un momento que dices ¡basta! Hay momentos en que hay otros valores en la vida –declaró–. También era el momento en el que quería despedirme del fútbol, tenía la mentalidad de dejarlo, y no podía jugar sabiendo esto. Creo que para jugar un Mundial hay que estar al 200%, así que no tenía sentido”. ¿Cuál versión convence más?