¿Qué hacer cuando un papá se jubila?

Papás que son madres, que se jubilan y que cuidan en exceso a sus hijos, descubra cómo llevarlos.
¿Qué hacer cuando un papá se jubila?

Cuando papá se jubila

La familia entra en crisis, la esposa no sabe qué hacer con él, los hijos se fastidian con su afán de controlar la vida de los demás y él se deprime, se siente inútil e improductivo. ¿Qué hacer en este momento?

Así como en nuestra sociedad las mujeres son educadas para ser madres y velar por los hijos, los hombres son formados con el objetivo de convertirse en los trabajadores incansables, los grandes aportantes del hogar, los que sostienen económicamente a la familia. Su idea es ser productivos y rentables, competir por conseguir la casa más cómoda, el carro más nuevo, pagar la mejor educación para sus hijos, llevarlos de vacaciones, ofrecerles salud, ropa, diversión.

Pero pocas veces se preparan para el momento en que llega la jubilación. Ese instante de la vida en que debe retirarse forzosamente del trabajo es visto por la mayoría como la hora de la improductividad, un punto muerto en la existencia en el que no se hace nada, sólo soportar el lento paso de los días, mientras el resto de la familia empieza a verlo como un mueble más que hace parte de la decoración de la casa.

Algunos hijos creen que es el momento para que el abuelo se dedique a cuidar la mascota o entretenerse con los nietos. Otros se desesperan por tener al papá con mucho tiempo libre y dispuesto a entrometerse en la vida de todos. Pocos ven esta etapa de la vida como la oportunidad para reencontrarse con la familia, para restablecer los vínculos perdidos por la falta del tiempo y para hacer las cosas que nunca pudieron.

Pero resulta que ya no pueden hacer mucho porque los hijos ya tienen vida propia, universidad, amigos, incluso algunos estarán casados. Entonces, vienen los desencuentros y la frustración. La mejor opción está en que el padre se prepare para esta nueva etapa de su vida y lo hable con su familia para saber qué espera cada uno de esta situación. De allí saldrán las mejores alternativas.

La jubilación no debe verse como una etapa improductiva. Todo lo contrario, los padres pueden organizar con anticipación una serie de actividades para utilizar su tiempo libre e incluso seguir aportando a su hogar. Algunos ven en un negocio familiar una buena opción, otros pueden brindar asesorías o consultorías en las que serían muy valiosas sus experiencias laborales anteriores.

La jubilación puede ser la oportunidad para desarrollar aquellas actividades que no pudo realizar antes por falta de tiempo. Estudio, deporte o una actividad artística suelen ser una buena opción, sin dejar de lado el fortalecimiento de lazos de amistad y las relaciones familiares. Un aspecto importante es revitalizar y reenfocar la vida de pareja, que sin duda será un gran espacio para desarrollar una vida tranquila y plena.

Luis Rengifo, un psicólogo que ha dedicado buena parte de su trabajo a los prejubilados, asegura que si este momento se asume como el de la autoproducción, la autodedicación y el autocuidado, seguramente se verá como un evento más en la vida familiar, así como se afronta el matrimonio de los hijos o las dificultades económicas.

Incluso pone de presente un ejemplo negativo de lo que no debe pasar: que un matrimonio de 40 años termine derrotado por no poder aguantarse durante la jubilación. Si los problemas de pareja no fueron resueltos en su momento, explotarán cuando se enfrenten a vivir solos y con más tiempo libre.

Si la pareja permite que su relación gire siempre alrededor de los hijos y el trabajo y no construye una relación para los dos, en su vejez los problemas aflorarán con más fuerza. El doctor Rengifo recomienda que al acercarse la hora de la jubilación, los padres deben recordar que nadie es indispensable o imprescindible en la vida de los demás y que sin importar cuál sea su ocupación o situación financiera, es importante trabajar para ellos mismos, para el presente y para el futuro.

 * Con asesoría de Luis Alberto Rengifo Quintero, psicólogo, especialista en psicología educativa, consultor en desarrollo humano, liderazgo personal y programas de preparación para la jubilación en empresas públicas y privadas.

Papá: ¡no me cuides tanto!

Proteger a los hijos más de la cuenta es un error que los padres cometen a veces, incluso, sin darse cuenta. Correr riesgos no sólo es sano para el aprendizaje, sino fundamental para el desarrollo.

Digámoslo de entrada: amar a los hijos es normal, pero hacerlo en exceso resulta peligroso. La sobreprotección, un error más común de lo que muchos padres imaginan, puede generar serios problemas en el desarrollo de los hijos. Como afirma la psicóloga Annie de Acevedo en su libro Padres que aman demasiado, escrito en colaboración con sus colegas Jane Nielsen y Cheril Erwin: “Lo que no podemos hacer es amar en exceso todo el tiempo, pues eso afecta el desarrollo emocional de nuestros hijos y se vuelve en contra de nosotros y de ellos mismos”.

El principal error de un padre sobreprotector es que no deja a sus hijos tomar riesgos. “Caerse de la bicicleta o equivocarse al decir algo son riesgos necesarios para crecer bien. En la medida en que los hijos crecen, este tipo de padres evitan que cometan errores y, de esta manera, les quitan la magnífica oportunidad de aprender de ellos”, escribe.

¿Qué sucede, entonces? Que los hijos se vuelven inseguros, nerviosos, tímidos y vulnerables. La sobreprotección los hace dudar de sus capacidades y los convierte en seres temerosos. “El mensaje de la sobreprotección es: yo solo no voy a poder salir adelante en este mundo; siempre necesitaré de mis padres”, afirman las psicólogas. Por si fuera poco, un padre que sobreprotege le está haciendo creer al niño que el mundo es un lugar peligroso y eso lo vuelve prevenido.

Por eso lo ideal es entender que un padre no puede –ni debe– sobrepasarse en sus roles. Hay que querer a los hijos pero darles libertad; enseñarles, mediante el ejemplo, que equivocarse es algo natural y que no hay mejor manera de aprender. “El coraje de ser imperfecto, como dice el siquiatra Rudolf Dreikurs, es uno de los grandes regalos que puede darse usted mismo y a sus hijos. De su ejemplo, ellos pueden aprender que está bien cometer errores, aprender de ellos y corregirlos”.

A los hijos es necesario guiarlos y permitirles que tomen sus propias decisiones. Es mejor advertirles acerca de los riesgos que correrán si se meten en una situación dañina, que tratar de impedirla o acudir siempre en su rescate. Tampoco es bueno tener un control excesivo sobre ellos porque tarde o temprano se rebelarán o harán a escondidas lo que constantemente se les prohíbe.

En lo posible, hay que evitar convertirse en un padre posesivo (los hijos no deben tratarse como pertenencias) o excesivamente condescendiente. Y algo muy importante: no dejar que las emociones reemplacen al sentido común. Es la única manera de ayudar a los hijos a transformarse en adultos capaces.

Algunos consejos:

Deposite confianza en sus hijos y actúe con firmeza cuando se equivoquen. Crea en ellos.

Apóyelos y respételos. Permita que ellos confíen en usted.

Enséñeles que los errores son oportunidades para crecer.

Póngase en el lugar de sus hijos.

Permítales expresar sus sentimientos.

Deje que tengan experiencias y luego evalúenlas juntos.

Mi papá es una madre

La muerte de la mamá puede ser una tragedia pero no el fin del mundo para la familia. El papá deberá asumir un nuevo rol y también ser el líder del hogar con la complicidad de sus hijos. Tips para hacer más llevadero el cambio de papeles.

Toda familia, en un momento determinado, ha pensado qué pasaría si mamá no está. Y pasa que ninguna está preparada para responder la pregunta. Pero esto puede ser una realidad y la ausencia definitiva de la madre, además de trágica y traumática en el hogar, convierte al papá en mamá. Todo un reto para el hombre de la casa que debe afrontar su nuevo rol con total fortaleza, como amigo y aliado de sus hijos, administrador de la casa y líder de la familia.

Para los especialistas, este hecho no debe ser visto como el fin del mundo sino como un cambio que genera una nueva estructura familiar en la que siempre estará presente la imagen de la madre. Estas son algunas recomendaciones para que el papá aprenda a ser también mamá.

Debe aceptar que al comienzo la situación no sólo será dolorosa sino difícil.

Mantener vivo el recuerdo de la madre, pues esto reconforta a toda la familia. Las anécdotas e historias también les recuerdan a los hijos que nacieron en un hogar lleno de amor, sobre todo los más pequeños que pasaron menos tiempo con la mamá.

Hay que hacer el proceso de duelo: aceptar que es algo que no se puede cambiar. Puede servir la ayuda de un psicólogo para aceptar el cambio.

Concientizarse de las responsabilidades como padre-madre, pues tendrá que aprender y asumir nuevos compromisos en la casa.

El papá debe asumir un liderazgo en la familia pero sin imponer. No importa el problema, el diálogo debe ser tranquilo y abierto, más en etapas como la adolescencia o con hijos rebeldes.

Hay que delegar responsabilidades, sobre todo cuando hay hijos mayores que pueden encargarse de ciertas funciones y atender las necesidades de los hijos más pequeños.

Establezca alianzas con los hijos basadas en la comunicación, pues ya no está la mediadora tradicional de cualquier conflicto familiar.

Tenga siempre confianza en los hijos y espere siempre resultados positivos. Muchas veces el shock emocional de la pérdida produce cambios favorables en el comportamiento de los hijos.

El nuevo papá-mamá debe ser siempre sincero con sus hijos en caso de una adversidad que afecte el clima familiar.

Nunca reparta a los hijos en diferentes casas mientras asume su nuevo rol de padre-madre, pues es un tiempo de crecer y compartir. Muchas veces esto pasa de temporal a definitivo y perjudica las relaciones fraternales.

Pida ayuda a la familia pero sólo en casos necesarios. No puede convertir en obligación las funciones que una madre siempre organiza de manera adecuada. La clave es organizarse.

El nuevo papá debe aprender a ser más intuitivo, observador y estar atento de las inquietudes, aficiones y emociones de los hijos, pues ellos entenderán que pueden recurrir a él, como lo harían con la madre, para pedir consejo o simplemente para hablar de sus vivencias.

El papá no se debe cohibir ante temas femeninos, cuando tiene sólo hijas. Debe asumirlos con naturalidad y generar una confianza mutua. Cada familia manejará sus propios códigos.

El papá no debe olvidar sus propias necesidades. Debe mantener ciertas actividades con amigos o familiares.

Tendrá que ser muy respetuoso si decide tener una nueva pareja, para que los hijos no sientan que están reemplazando a su mamá. Este debe ser un proceso cuidadoso para que ellos entiendan que es una necesidad afectiva del padre.

*Con asesoría de la psicóloga Beatriz Collantes.