La pesadilla de Michael Jackson

Desde que Michael Jackson pisó por última vez las cortes judiciales por abuso sexual infantil no ha podido levantar cabeza. Al menos eso parecen indicar las últimas publicaciones acerca de sus problemas de salud.  

Los rumores se recrudecieron el año pasado, fecha en que el Rey del Pop cumplió 50 años y conmemoró 25 de Thriller, el éxito que lo catapultó a la fama mundial. En un año que parecía de celebraciones, grandes giras y su renacer como estrella, el cantante fue visto en silla de ruedas, en pijama y pantuflas visitando clínicas en diferentes ciudades europeas y norteamericanas.

A finales de diciembre pasado, el periódico británico Sunday Express publicó un artículo en el que Ian Halperin, su biógrafo, afirmó que la estrella padecía una deficiencia pulmonar, pérdida del habla y del 95% de la visión de su ojo izquierdo, y que incluso necesitaba un trasplante para salvar su vida.

Según lo afirma su biógrafo, Michael padece una rara deficiencia llamada Alfa 1-antitripsina (proteína producida por el hígado), una condición de tipo genético que ataca los pulmones en el proceso de respiración. El autor afirmó que tiene este mal hace años pero que su estado cada día es más lamentable porque sufre de enfisema y una hemorragia intestinal crónica que agrava mucho más su situación.

Los trastornos de Jackson no son recientes. Desde la década del noventa, cuando comenzó a transformar su apariencia física con múltiples cirugías de rostro y sorprendentes cambios de look, surgieron interrogantes. En sus apariciones en público se le iba notando cada vez más el blanqueamiento progresivo de la piel junto a las marcas evidentes del bisturí.

El cantante declaró que sufría de vitiligo, una enfermedad de despigmentación que va aclarando la piel de forma irregular y que esa era la razón para acudir al maquillaje, primero cubriendo de tonos oscuros las manchas aclaradas y luego a la inversa, maquillando todo el rostro con bases blancas. Y aseguró que en toda su vida solamente se había practicado dos cirugías menores para corregir una disfunción respiratoria.

Sin embargo los cambios continuaron durante todos estos años haciendo que su apariencia física se le convirtiera en un verdadero suplicio. Dicen los expertos que su obsesión por el quirófano tiene sus orígenes en sus traumas de infancia, que comenzaron con el maltrato físico y emocional de un padre que lo llamó siempre ‘narizón'.

La última pesadilla de Jackson se conoció hace unas semanas, cuando el diario inglés The Sun publicó unas fotos suyas ingresando a un centro médico en Beverly Hills con un gorro quirúrgico en su pelo y un tapabocas en su rostro que dejaba ver una severa inflamación con manchas rojas en mejillas y manos.

Los médicos explicaron que el cantante sufría de una agresiva infección en la piel causada por estafilococos, que resisten la mayoría de antibióticos y que podría estar devorándole los tejidos epidérmicos. Se rumora que la culpable de esta nueva enfermedad fue la última cirugía estética que la estrella se practicó recientemente para reconstruir su ya casi inexistente nariz. Los médicos tratan de contrarrestar el avance del gusano, con un tratamiento de antibióticos vía intravenosa varias veces a la semana.

El diagnóstico no es nada alentador. Algunas fuentes afirman que la infección ya se le expandió hacia otras partes del cuerpo y que, de no ser controlada a tiempo, los daños podrían ser devastadores.

Ahora que todos los excesos con su figura le están pasando factura, algunos expertos coinciden en afirmar que tal vez mucho más que un médico, Jackson necesita un siquiatra porque es evidente que a pesar de haber tenido el mundo a sus pies, él es el único culpable de toda su destrucción, que esta vez parece hundirlo en un abismo sin retorno.

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