¿La última cena?

Fat Duck, el segundo mejor restaurante del mundo, cerró temporalmente sus puertas debido a 40 casos de intoxicación. muchos aseguran que la suerte de su dueño, Heston Blumenthal, un alquimista de la cocina, podría estar sentenciada.
¿La última cena?

Avena de serpientes, tostadas con sorbete de sardinas y helado de mostaza son sólo algunos de los platos que se pueden degustar en este restaurante ubicado en el sur de Inglaterra desde 1995. Catalogado como “el mejor lugar del mundo para comer” por la revista especializada Restaurant, Fat Duck se da el lujo de dejar por fuera más de 400 reservaciones a la semana.

Pero la suerte parece estar echada desde que el pasado 27 de febrero varios clientes llamaron a notificar que después de degustar tan excéntrico menú, presentaron síntomas similares a los de la gripa, pero con vómito y diarrea. Su dueño, el inglés Heston Blumenthal, quien ha revolucionado la gastronomía con lo que él mismo ha denominado “cocina científica”, donde lo que cuenta no es la combinación de ingredientes sino la composición química de los mismos, decidió asumir el escándalo y cerrar temporalmente el servicio. “Después de 14 años de trabajo tener que cerrar el restaurante es decepcionante, espero que la próxima semana todo se haya resuelto”, dijo Blumenthal.

Pero no es tan fácil. Su cálculo está cada vez está más alejado de la realidad ya que en lugar de respuestas y soluciones, han aparecido decenas de hipótesis en su contra. Después de detallados estudios por parte del Departamento de Salud y de expertos que hacen parte del equipo de seguridad del chef (un obsesionado con la limpieza), donde se buscaron bacterias, residuos tóxicos o cualquier indicio de mala higiene, se descartó la posibilidad de un sabotaje. En uno de los tres restaurantes del Reino Unido que posee tres estrellas Michelin, calificación que lo ubica dentro de los máximos estándares de calidad con un menú creativo e ingenioso, resulta un poco inquietante que esa no haya sido la causa de esta bochornosa situación.

Más aún si se recuerda que en 2004 Heston Blumenthal tuvo que defenderse de acusaciones sobre carne mal cocinada en algunos de sus platos. Esa vez logró explicar la situación argumentando una nueva forma de preparación en que la cocción es regulada no sólo por calor sino por componentes químicos propios de los alimentos. En esta oportunidad, sin embargo, no ha habido estilo de preparación que valga. Ya son 40 los clientes que han resultado enfermos, y son 100 los que han cancelado sus reservaciones en los últimos tres días, por lo que su dueño ha llegado al punto de prometer comidas gratis para los afectados y reservas dobles para aquellos en lista de espera: “Más allá de las pérdidas económicas, nuestra mayor preocupación son nuestros clientes. Mi meta al abrir Fat Duck fue brindarles una experiencia inolvidable con platos que no pensaba posibles”, le aseguró al diario The Independent. Y de veras que ha resultado inolvidable.

Mientras se evalúa la posibilidad de que sea un virus y no una bacteria en la comida, su credibilidad está en la cuerda floja. Anque ninguno de los casos ha pasado a mayores ni ha aumentado el número de enfermos, sí ha disminuido el número de clientes que hace apenas algunos días hacían fila para degustar un menú fuera de lo común.

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