Un gigoló desvergonzado

Lo llaman el James Bond suizo por sus encantos y elegantes maneras. Helb Sgarbi, un licenciado del ejército suizo, conserva a sus 43 años una apariencia juvenil e indefensa con la que atrajo a algunas de las mujeres más ricas de Europa con el propósito de chantajearlas.
Un gigoló desvergonzado
Lo increíble es la historia detrás de los chantajes. Sgarbi era seguidor de Ernano Barretta, un mecánico charlatán que fundó una secta en la pequeña ciudad italiana de Pescosansonesco. Barreta afirmaba que podía caminar sobre el agua y que era un representante de Dios en la tierra. Sus seguidores tenían que darle dinero y satisfacer sus caprichos sexuales. Cuando Sgarbi se quedó sin más dinero para darle a Barretto, ambos idearon un calculado plan que consistía en seducir mujeres ricas para después extorsionarlas con videos en donde salían manteniendo relaciones sexuales con el encantador gigoló. La última víctima fue Susanne Klatten, la mujer más rica de Alemania, heredera y mayor accionista de BMW, poseedora de una fortuna de US$13.000 millones según Forbes, casada y con tres hijos. El hombre la abordó mientras pasaba unas vacaciones en Innsbruck (Austria), y por ocho semanas sostuvieron un apasionado romance que los llevó de paseo por Montecarlo, Francia y algunos lujosos balnearios europeos. Sin embargo, la mayor parte del amorío tuvo lugar en la modesta habitación 629 del hotel Holiday Inn. El estafador tenía reservada la habitación contigua, en donde Barretta se escondía para filmar a la pareja. La cinta la usarían después para tratar de chantajearla. Antes de enviarle el video, Sgarbi consiguió que la incauta Susanne le entregara primero 7.5 millones de euros. Según el suizo, en un accidente de tránsito en Estados Unidos había atropellado al hijo de un mafioso que amenazaba con matarlo si no le entregaba ese dinero. Susanne después afirmaría que el hombre le inspiraba tristeza y deseos de ayudarlo. En noviembre la heredera decidió terminar el romance, y Sgarbi y Barretto encontraron el momento perfecto para la estafa. A través de una carta firmada “Tu tierno guerrero”, Sgarbi le confesó la existencia de las filmaciones. Para no publicarlas, le exigía 49 millones de euros. La pareja acordó encontrarse para la entrega del dinero y en el momento de la transacción la policía alemana lo capturó. Susanne había preferido el escarnio a la estafa. El escándalo se hizo público cuando el caso fue a juicio y los detalles salieron a flote. Sgarbi se había convertido en peón de Barretta cuando este vio que con los encantos de su seguidor podía estafar a millonarias infelices. Hace algunos años una viuda heredera con título nobiliario que le llevaba casi 40 años lo había denunciado por fraude, pero finalmente retiró los cargos. La dupla de estafadores logró extorsionar al menos a otras tres millonarias, Elfriede R., Marie H. Lusi y Mónica Sandler, que pagaron cada una cerca de cuatro millones de dólares a cambio del silencio del suizo. Curiosamente el único que disfrutaba de los millones acumulados era Barreta, que llevaba una vida de lujos junto a su esposa y dos hijos en un hotel que había construido en la región de Abruzos (Italia). Tenía 10 carros de marcas de lujo como Lamborghini, Rolls-Royce, Ferrari y Porsche. En el allanamiento la policía italiana decomisó 1.7 millones de euros y se cree que todavía debe tener muchos más escondidos. Sgarbie, por su parte, vivía en una modesta casa con apenas lo necesario. Por ahora Barretto espera que comience su juicio, Sgarbi empieza a cumplir una condena de seis años de prisión, y Susannne se recupera del bochornoso escándalo para continuar su acostumbrada vida lejos del lente de la prensa. Todas las víctimas coinciden en que Sgarbi poseía un encanto irresistible y que las hacía sentir como unas princesas por su cortesía y modales impecables.
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