Jorge Hugo Marín, Testigo de nuestra época

Es uno de los dramaturgos y directores que están renovando la escena teatral nacional. Sus obras abordan las relaciones humanas con una visión cruda y directa, y se apropian de espacios cotidianos donde el público puede llegar a reflejarse en un espejo cruel.  
Jorge Hugo Marín, Testigo de nuestra época

A Jorge Hugo Marín le rondan en su cabeza algunos asuntos de familia. Quizás se le cuelan historias que vio en su casa y las mezcla con otras que conoció en Medellín, durante su infancia y adolescencia. Podría decirse que le obsesionan, pero no alcanzan a ser eso sino más bien una visión muy particular de la sociedad. Por eso las escenas que piensa, los diálogos que escribe y las situaciones que plantea en sus obras de teatro son como salidas de la sala de una casa de cualquier lugar.

Aunque sus tenis gastados y su camiseta de ‘pelao’ lo hacen lucir todavía como un estudiante de la Universidad de Antioquia, de donde se graduó en Arte dramático, este joven director ha alcanzado la experiencia de uno más “adulto”. A los 23 años fue asistente de Jorge Alí Triana en Al diablo la maldita primavera y dos años después repitió el cargo en Hamlet, un montaje de Martín Acosta que lo llevó al Festival Iberoamericano de Teatro, el Festival Cervantino y Teatro Stage Fest en Nueva York.

Nada despreciable para un joven que hoy, a sus 30 años, ya escribió cinco obras, dos de las cuales fueron estrenadas en los dos últimos años: El autor intelectual (2009) y Los autores materiales (2010), que son parte de una trilogía llamada Sobre algunos asuntos de familia, y que completará con su próximo estreno: Cómo quieres que te quiera. Las otras dos todavía están en el papel.

“No me proponía ser director. Actuando descubrí que podía dirigir, y dirigiendo, que podía escribir”, dice a manera de conclusión cuando habla de su carrera un tanto vertiginosa para su edad. Tampoco se proponía tener tan rápido su compañía y con algo de ironía la bautizó La maldita vanidad, para que fuera un laboratorio de artistas jóvenes y “un alter ego para no cometer ese gran pecado del teatro”.

Como no tenía sede propia (aún no la tiene), convirtió la sala de su apartamento en el escenario de El autor intelectual, un drama familiar que marca su estilo y que Jorge Hugo describe como “hiperrealista en escenarios reales”. Allí, el público se sentaba en un pequeño patio a mirar la historia a través de la ventana. De esta manera fue presentada en Berlín, donde comprobó que su obra era tan universal que no importaba en qué casa transcurría.

“He descubierto que el espacio permite cosas infinitas y el actor potencializa el espacio”. Una visión que revela también cierta obsesión por los personajes, por poner en escena situaciones en las que pretende que los actores no piensen en cómo actuar sino en cómo relacionarse.

Para Los autores materiales se inspiró en La soga, de Alfred Hitchcock, y metió la acción a una cocina real, para mostrar la vida de tres universitarios y su empleada del servicio. Así ha consolidado un lenguaje que responde a la esencia de su trabajo: “Pensé en el público. Si quería transmitir algo, la manera más directa de hacerlo era hablar y relacionarnos de la forma en que somos. No tengo el gran monólogo sino diálogos cortos, es una coreografía que sale natural”.

En su nuevo trabajo, Cómo quieres que te quiera, ensayo para pasar de niña a mujer, Marín regresa a la neurosis familiar, a cierta esquizofrenia que explota en medio de la cotidianidad. Esta vez, en la Casa del Teatro, recreará la fiesta de quince años de una familia emergente que hace todo lo posible para que quede muy bien grabada en video para mostrársela al papá, que no puede asistir. Al final el público puede celebrar con la quinceañera.

El montaje partió en gran parte de sus vivencias en la Medellín de los años 90, donde fue testigo del estilo narco, de la problemática social y de cómo cada persona terminó atravesada por los mafiosos. A través de ocho personajes, se acerca a una realidad en la que se aprobó, se evitó o no se quiso reconocer un fenómeno que después marcó la historia del país. Unos asuntos que Jorge Hugo Marín, por ahora, quiere que se queden en familia.  

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