Alexandra Pumarejo, se toma el tiempo de escuchar

*Financista de profesión pero sicóloga por vocación, esta amante de la moda se ha dedicado a aconsejar quienes la siguen en su sección de día  a día de Caracol. *
Alexandra Pumarejo, se toma el tiempo de escuchar

No es sicóloga, pero parece. O, al menos, eso es lo que creen los más de 2.000 seguidores que tiene en Twitter; los cientos de televidentes que día a día siguen su sección, De tu lado con Alex, en el programa de la mañana del Canal Caracol, y los lectores que han hecho de su libro –que lleva el mismo título–, uno de los más vendidos del país.

No es sicóloga (ella misma lo deja claro cuando advierte que habla desde su experiencia), pero es lo que quisiera haber sido y lo que ahora, de alguna forma, hace todos los días. Que no sea experta es algo que tiene sin cuidado a esa enorme cantidad de gente que la busca para contarle sus problemas. Como aquella vez en que estuvo cruzándose cartas con una prostituta que le preguntaba, angustiada, si ella creía que algún día podría dejar esa vida; o esa otra cuando una niña le escribió contándole que había sido violada, que estaba embarazada, y que no sabía qué hacer.

A ellas –como a todas–, Alexandra les da ánimos. Trata de hacerles ver que todo tiene un lado bueno y que, por terribles que sean las circunstancias, es posible salir adelante. “Siempre está buscando la manera de salvar el mundo”, dice su compañero de set, Agmeth Escaf. Lo que busca, en últimas, es que la gente viva mejor; que sea más feliz. Por eso en su libro hay consejos para todo: desde cómo llevar las relaciones de pareja, cuidar la salud y la apariencia personal, hasta trucos para manejar el divorcio y conocer los riesgos de automedicarse.

Consejos que, dice, la hacen feliz. “No soy infalible –cuenta–. Tengo mil defectos, pero cuando me acuesto y sé que hice lo mejor que pude con nobleza y bondad, me siento tranquila”. Y la mejor recompensa que recibe, sin duda, es la gratitud de quienes la buscan.

Alexandra vive en un exclusivo sector de Bogotá, lejos de los problemas con que a diario se topa en su sección. Su apartamento tiene dos pisos, dos salas, una chimenea, dos terrazas (una arriba y otra abajo) y, en el segundo nivel, un clóset inmenso lleno de ropa y zapatos. La moda es una de sus grandes pasiones. “Me ha encantado desde siempre; toda la vida me han gustado las revistas, ver lo que se impone”.

Con la seguridad que le brinda conocer el tema de arriba abajo (tanto le gusta que tiene una línea de ropa con su nombre), explica que la moda no consiste en seguir ciegamente las tendencias sino en conocer muy bien el propio cuerpo para, así, poder escoger la ropa que mejor se ajuste a él. “La moda es una extensión de la personalidad, dice mucho de alguien y por eso es clave ser muy auténtico –cuenta–. Uno tiene que conocerse muy bien; todo el mundo tiene defectos y virtudes y lo ideal es saber cuáles son los primeros para disimularlos, y los segundos para resaltarlos”.

Define su estilo como “clásico con un poquito de veneno” y asegura que, más allá de convertirse en esclavas de la moda, las mujeres deben buscar un estilo propio que les ayude a resaltar su personalidad. Quizás por eso su clóset –amplio, con cajones que van desde el piso hasta el techo– está lleno de ropa, blusas, faldas, pantalones y zapatos: para combinar, como ella misma lo dice, las últimas tendencias con prendas que siempre serán clásicas.

Es curioso que alguien que estudió Finanzas y Relaciones internacionales en el Externado haya terminado, años después, frente a un programa de televisión con un amplio sentido social. Pero es que en la vida de Alexandra muchas cosas han sido así, al revés: como cuando terminó su bachillerato en Estados Unidos –país en el que vivió desde que tenía tres años–, y decidió venirse a vivir a Colombia (cuando muchos jóvenes todavía desean hacer precisamente lo contrario); o como cuando saltó de ser asesora en banca de inversión a presentadora de televisión.

¿Qué la llevó a eso? Quizás ese interés tan suyo de poder ayudar a los demás. Ese que la impulsa a leer con pasión los libros de autoayuda, de los que es fanática, y a aplicar todas sus enseñanzas en los consejos que suele dar a su audiencia (lee en inglés, dice, porque es una costumbre que le quedó de infancia). Quizás ahí radica el secreto de su éxito: Alexandra se toma el tiempo de escuchar en una época en la que la mayoría está más interesada en hablar. Y entonces, cuando alguien por fin les abre la puerta, la gente aprovecha para sacar sus frustraciones. “Hay personas que me mandan cartas larguísimas y no te imaginas el detalle con que cuentan las cosas –confiesa–. Yo creo que uno tiene que estar muy solo para contarle sus intimidades a alguien que nunca ha visto”.

Alexandra lo sabe: las personas tienen una necesidad enorme de ser escuchadas; por eso, sin importar que no sea sicóloga profesional, acuden a ella: porque sienten que finalmente alguien los oye sin juzgarlos. De ahí las cientos de cartas, los montones de mensajes en Twitter, los dos perfiles de Facebook que maneja. Lo cierto es que, al final, Alexandra es una persona corriente, quizás más conservadora de lo que muchos creerían. “Creo en Dios, en el amor, en la fidelidad y en la monogamia –revela–. Soy bastante chapada a la antigua: creo en la familia, en todos esos valores que son como de los abuelos. Creo mucho en el poder de la mente, no hay nada más poderoso que eso: uno puede ser totalmente autodestructivo o, por el contrario, convencerse de lo que quiera”.

Tan segura está de eso que todas las mañanas se levanta lista a dar nuevos consejos. Y luego se acuesta con la satisfacción del deber cumplido.